Pd. Gracias a Arantza por su amable y reconfortante comentario. Que Dios le bendiga.
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jueves, 23 de agosto de 2018
Los Misterios nos hablan del camino hacia Dios
Pd. Gracias a Arantza por su amable y reconfortante comentario. Que Dios le bendiga.
domingo, 18 de enero de 2015
El remedio muerde, pero quita la infección. San Ambrosio
domingo, 10 de junio de 2012
La humildad en la vida cotidiana
domingo, 8 de abril de 2012
¡Cristo ha resucitado! Feliz y Santa Pascua 2012
Que la creación entera se estremezca
con un latido más de vida y esperanza.
Que los creyentes todos resplandezcan
con vestido nuevo, perfumado en el Ungido.
Y vosotros, los pobres, los dolientes,
los pequeños, que pasáis inadvertidos,
abríos a la esperanza y a la dicha,
que va a estallar el sol en vuestras vidas.
Que nadie en esta noche
sufra de pesimismo o de tristeza.
Que se alejen los espíritus malignos,
los que amargan la vida de los hombres,
porque han sido definitivamente derrotados.
Esta es la noche
que ha sido iluminada
por un sol nacido del sepulcro.
Esta es la noche victoriosa,
en la que la muerte, hecha cautiva,
en huida sus guardias y soldados,
se puso al servicio de la vida.
Esta es la noche tan dichosa
en la que Cristo, el amor más grande,
floreció en espiga y amapolas,
y volvió a reunirse con los suyos.
Verdaderamente la cruz fue necesaria
para que el Amor triunfara de la muerte.
Que Judas no se desespere,
que Pilato no se lave más las manos,
que los soldados no tengan pesadillas,
que Pedro ya no llore,
porque el daño se ha trocado en beneficio.
Ahora es el tiempo del juego y de la risa,
de la fe reconquistada y la esperanza cierta;
ahora es el tiempo del amor hasta la muerte.
Magdalena jugará con Jesús al escondite,
los de Emaus jugarán a los disfraces,
Tomás al veo-veo, Juan a adivinanzas,
y para Pedro llegó la hora del examen,
brillantemente superado.
Es la hora del reencuentro,
de la presencia y la amistad gozadas,
del pan partido y compartido,
de promesas y dones generosos.
A partir de esta noche
todo estará más claro y florecido:
la Pasión del mundo continúa,
pero ya ninguna cruz será maldita,
y en todos los surcos de la muerte
se siembra la esperanza.
Un mensaje de alegría para todos
hombres de toda religión y raza:
la vida ha salido victoriosa,
la justicia triunfará, sin duda,
porque Cristo resucitado está en el centro
de la historia:
Él es la Pascua,
el sol que dinamiza nuestro mundo.
domingo, 4 de marzo de 2012
Limosna, ayuno y oración, están unidas a la reconciliación.
jueves, 19 de mayo de 2011
¡Ya estamos en la segunda mitad de mayo!
sábado, 12 de marzo de 2011
Ayuno y Limosna
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Ensalcemos juntos su nombre
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Nadie puede servir a dos señores
jueves, 9 de septiembre de 2010
Renovación carismática

jueves, 31 de diciembre de 2009
Agua que limpia y salva

Señor, ha pasado un año, con su cortejo de actividades, de trabajos, de idas y venidas.
Te lo ofrecemos tal como lo hemos vivido y como Tú lo has visto. Míralo con amor y archívalo en los pliegues de tu misericordia.
Te damos gracias, Señor, por los beneficios que hemos recibido a lo largo de este año. Gracias por las noches tranquilas y por las horas inquietas.
Gracias por la salud y la enfermedad. Gracias por la sonrisa amable y por la mano amiga...
Queremos confiarte ahora nuestros deseos de gozo y de paz para el año nuevo que va a comenzar. Señor, bendícenos y concédenos caminar por sendas de paz y de justicia.
También queremos pedirte, Señor, por todos los que han muerto y han ido a tu encuentro en este año que termina, por los que se sienten solos y vacíos en medio del ruido y de las luces de esta Nochevieja, por los enfermos y moribundos, y por todos los que sufren en su cuerpo o en su espíritu...
Haz que todos seamos iluminados con tu Verdad y fortalecidos con tu Vida, y que sepamos descubrir, en lo efímero del tiempo, la esperanza gozosa de tu Eternidad.
Te pedimos, Señor, paz y felicidad en el nuevo año. Que seamos felices, Señor, en esta tierra nuestra: Ella nos sustenta y rige.
Que seamos felices, Señor, con el perdón: Nada más poderoso para desterrar los odios y establecer la paz.
Que seamos felices, Señor, con la justicia: Sin ella no hay humanidad.
Que seamos felices, Señor, con la ternura: Es el único sol necesario para alumbrar días y noches.
Que seamos felices, Señor, en este nuevo año de 2010
Lo necesitamos. Es deseo y don tuyo. Amén.
Feliz y santo 2010
viernes, 30 de octubre de 2009
Símbolo Apostólico

sábado, 27 de junio de 2009
Mensaje y Misterio. Dos caras de la misma moneda.
En el universo, los paradigmas que actúan a manera de cemento sobre los que se sostiene la realidad. Las leyes universales se desdoblan en infinidad leyes particulares que actúan de forma similar, aunque lo hagan sobre naturalezas diferentes. Por nuestra parte, los seres humanos entendemos el universo como cosmos (Orden) gracias que somos capaces de reconocer y utilizar estos paradigmas, ya sea de forma consciente o intuitiva.Me propongo introducirme en uno de estos paradigmas universales que se particulariza dentro de nuestra religión en binomio inseparable: mensaje y misterio. Estos dos elementos permiten reconocer una estructura externa sólida que permite guardar un contenido de gran valor, aislándolo del exterior. Parte interna o contenido, considerados por separado, carecen de sentido. Esto sucede de manera similar a un vaso, cuya estructura externa es la que permite definir una cavidad vacía. El vacío que deja la externalidad del vaso es lo que permite contener un líquido. El sentido del vaso es contener y por ello se reconoce como tal y se diferencia de otros recipientes. Un vaso destinado a permanecer vacío carece de sentido. De igual forma carece de sentido que vertamos vino sobre la mesa sin nada que lo pueda retener y permitirnos beber.
De manera análoga, el mensaje cristiano permite sostener el misterio inherente. Si nos olvidamos del misterio, el mensaje deja de tener sentido. Si nos olvidamos del mensaje, el misterio se perdería ante su incapacidad de proyectarse en la realidad.
Decía San Ambrosio de Milán en su Tratado de Misterios:
Abrid, pues, vuestros oídos y percibid el buen olor de vida eterna que exhalan en vosotros los sacramentos. Esto es lo que significábamos cuando, al celebrar el rito de la apertura, decíamos: «Effetá», esto es: «Ábrete», para que, al llegar el momento del bautismo, entendierais lo que se os preguntaba y la obligación de recordar lo que habíais respondido. Este mismo rito empleó Cristo, como leemos en el Evangelio, al curar al sordomudo. (…) Después de esto, se te abrieron las puertas del Santo de los Santos, entraste en el lugar destinado a la regeneración. (San Ambrosio de Milán, Tratado de Misterios I,3-5)
Detrás del mensaje está el misterio, siendo el misterio el que da consistencia y coherencia a la estructura mensaje. El misterio da validez eterna al mensaje y permite que sea entendido por cada generación de forma similar a la anterior.
Hoy en día, los cristianos en general, estamos muy preocupados por el mensaje y su acción sobre la realidad. Nos preocupamos por dar propiciar que el Reino de Dios se manifieste. Pero el Reino de Dios nos es solo la acción del mensaje cristiano sobre la realidad; es la presencia misteriosa de Dios entre nosotros obrando y transformando el mundo:
Los fariseos le preguntaron cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: "El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: "Está aquí" o "Está allí". Porque el Reino de Dios está entre vosotros". (Lc 17, 20-21)
Pero ¿Quién o qué está entre nosotros? El propio Jesús está entre nosotros cuando dos o más nos unimos en su nombre (Mt 18,20).
¿Qué pasa si el mensaje toma protagonismo tal que se olvida o desprecia el misterio? Las obras que hagamos de forma individual o colectiva será únicamente obra humana… pronta a corromperse y destruirse. El mensaje puede ser trucado, robado o pervertido con tal facilidad que se vuelve contra nosotros mismos en forma de críticas e insidias destructivas. Entonces se derrumban las acciones y proyectos que creíamos sólidos como la roca. ¿Por qué? Porque nos hemos olvidado que Dios es quien cohesiona y sustenta con la sacralidad las obras que provienen de la misma. Cuando vemos derrumbarse las obras nos cuestionamos si el mensaje es realmente válido y si no es posible actuar de manera más efectiva fuera de la propia Iglesia. En resumen, el desánimo y dudas se apoderan de nosotros.
¿Qué pasa si el individuo toma el protagonismo tal, que se desprecia la comunidad? De nuevo se destruye el vínculo sagrado que define Cristo sin lugar a dudas: “… donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Sin comunidad y sin acción comunitaria perdemos rápidamente la brújula y empezamos a ser nosotros los protagonistas de la película. Ya no nos hace falta la comunidad de creyentes para llevar adelante nuestro proyecto. Pero no somos eternos y somos volubles. Lo que hoy es nuestro objetivo vital, mañana no lo es… y entonces lo construido de cae en pedazos.
Hoy en día tendemos a despreciar el Misterio y a desvalorizar la comunidad. Vemos en ambos ataduras y restricciones inadmisibles, por lo que nos sentimos más cómodos solos actuando con pragmatismo. Tal vez tengamos que reflexionar sobre el asunto y volver sobre nuestros pasos al momento en que rompimos el vínculo sagrado que nos une a Dios.
sábado, 13 de junio de 2009
Corpus Christi
Por estas fechas se celebra en España y en el mundo la fiesta del Cuerpo del Señor, la fiesta de la Eucaristía.La palabra eucaristía proviene del griego y significa “acción de gracias”. Al hecho de participar en la eucaristía le llamamos comunión, ya que entendemos que este sacramento no une con Dios por medio de Cristo y además nos une entre si como Iglesia. El eucaristía una conmemoración y un sacrificio. Jesús no pidió que utilizáramos este sacramento para conmemorar su sacrificio y además nos dejó claro el significado y el simbolismo este acto.
He decidido traer un par de breves reseñas que San Agustín sobre el tema. El primero es quizás donde más claramente nos explica como el interpretaba el sacramento eucarístico:
"Tal vez surja en alguno esta idea: ¿cómo puede ser que este pan sea su cuerpo y este vino su sangre? Estas cosas, hermanos míos, llámanse sacramentos, porque una cosa dicen a los ojos y otra a la inteligencia. Lo que ven los ojos tiene apariencias corporales, pero encierra una gracia espiritual. Si queréis entender lo que es el cuerpo de Cristo, escuchad al apóstol. Ved lo que les dice a los fieles: vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros (1 Co 12,27). Si, pues, vosotros sois el cuerpo y los miembros de Cristo, lo que está sobre la santa mesa es un símbolo de vosotros mismos, y lo que recibís es vuestro mismo misterio ("mysterium vestrum in mensa dominica positum est, mysterium vestrum accipitis"). Vosotros mismos lo refrendáis así al responder: amén. Se os dice: he aquí el cuerpo de Cristo. Y vosotros contestáis: amén, así es. Sed, pues, miembros de Cristo para responder con verdad: amén... Sed lo que veis y recibid lo que sois ("estote quod videtis et accipite quod estis"). Tal es el modelo que nos ha dado N.S.J.Cristo. Así es como quiso unimos a su persona y consagró sobre su mesa el misterio simbólico de la paz y de la unión que debe reinar entre nosotros ("mysterium pacis et unitatis nostrae in sua mensa consecravit") (San Agustín. Sermón 272: cf. Solano, II, 210-211).
Quizás alguno pueda pensar que San Agustín interpretaba la presencia de Cristo como nosotros interpretamos lo simbólico hoy en día. No es así y esto se puede leer este otro texto:
"Ese pan que veis en el altar, santificado por la palabra de Dios, es el cuerpo de Cristo ("sanctificatus per verbum Dei, corpus est Christi"). Ese cáliz, o más bien, lo que contiene ese cáliz, santificado por la palabra de Dios, es la sangre de Cristo. En esta forma quiso N.S. Jesucristo dejarnos su cuerpo y su sangre, que derramó por nosotros, en remisión de nuestros pecados" (San Agustín. Sermón 227: cf. Solano, II, 204).
Para San Agustín el sentido de lo simbólico era diferente a lo que nosotros interpretamos cotidianamente. El sacramento tiene un significado y este significado nos lo dice Jesús claramente con el sentido imperativo de sus palabras: “Haced esto en conmemoración mía”. El significado es el recuerdo de su sacrificio y el sentido que tuvo para nosotros. Revivir el sacrificio es actualizarlo continuamente y hacerlo nuestro.
El simbolismo lo podemos encontrar claramente en las propias palabras de la consagración. Nótese que consagración significa hacer sagrado, crear unión con Dios por medio de la liturgia en su conjunto. Cristo dijo que le pan era su cuerpo y que el vino era su sangre. Tras de decirlo compartió cada especie con los apóstoles. Se compartió, se dono, se interiorizó a si mismo en los presentes. Podríamos decir que se hizo sacrificio antes de padecerlo realmente. Es importante el hecho temporal y su superposición de todo el sentido de la fiesta pascual judía.
Pero el sentido simbólico no se agota en una representación cognitiva de un hecho. El acto va más allá de que reconozcamos un signo sagrado que se nos presente, más allá de que comprendamos que este signo nos una con el sacrificio de cristo. El simbolismo rompe las barreras del tiempo y el espacio profanos para actualizar realmente el sacrificio de Cristo en cada eucaristía de manera sagrada. El pan deja de ser pan para ser el cuerpo de Cristo y el vino deja de ser vino para ser la sangre de Cristo. Igual que Cristo se dio a sus apóstoles, se nos dona a nosotros para conformar la Iglesia como cuerpo místico en al tierra.
Tendríamos que saltar a San Ambrosio de Milán para entender como el significado y simbolismo de los sacramentos se ajusta y superpone a las escrituras. Tendríamos que leer todo el breve tratado sobre los Sacramentos para darnos cuenta de la profundidad del simbolismo sacramental. De todas formas intentaremos entresacar algunos párrafos espacialmente interesantes:
Quizá digas: «Yo veo otra cosa: ¿cómo afirmas que recibo el Cuerpo de Cristo?». Esto es lo que nos falta aún por probar. ¡Cuántos, en verdad, son los ejemplos que utilizamos para probar que esto no es lo que la naturaleza ha producido, sino lo que la bendición ha consagrado; y que mayor es la fuerza de la bendición que la de la naturaleza, pues por la bendición se cambia la misma naturaleza!. (San Ambrosio. Tratado sobre los Misterios 50)
Lo afirma el mismo Señor Jesús: Esto es mi cuerpo (Mt 26,26). Antes de la bendición con las palabras celestiales se le llama con otro nombre; después de la consagración significa Cuerpo. El mismo Jesús dice que es su sangre. Antes de la consagración se llama otra cosa; después de la consagración se denomina Sangre. Y tú dices: «Amén», es decir, «Es verdad». Lo que habla la boca, reconózcalo la mente en su interior; lo que la palabra pronuncia, que lo reafirme el corazón. (San Ambrosio. Tratado sobre los Misterios 54)
Con estos sacramentos, pues, alimenta Cristo a su Iglesia; con ellos se corrobora la sustancia del alma y, con razón, viendo el progreso de la gracia que contiene, … Con ello significa que en ti debe permanecer sellado el misterio, que no sea violado por las obras de una vida mala, ni la castidad por el adulterio, ni que se divulgue entre aquellos a quienes no conviene, ni se esparza con gárrula locuacidad entre los pérfidos. Buena debe ser, pues, la custodia de tu fe, a fin de que permanezca incólume la integridad de la vida y del silencio. (San Ambrosio. Tratado sobre los Misterios 55)
Poco más podemos decir sobre el asunto después que al elocuencia de San Ambrosio nos indicara tan sabiamente qué es la Eucaristía.
domingo, 7 de junio de 2009
Sacramentos laicos
Este viernes pasado leí un artículo de opinión publicado en el diario español “El Mundo”: Laicos sacramentos, que pueden leerlo pulsando sobre le título antes referido .El autor reclama la institución de sacramentos laicos a la imagen de los cristianos para ser celebrados por quienes no tienen fe. Así mismo, pide que la Iglesia abra sus templos para celebrar estos sacramentos laicos porque “Ellos tienen el marco incomparable y la liturgia: alfombras, cirios, ropones, músicas apropiadas y la epístola de San Pablo”. Adicionalmente indica que estas celebraciones litúrgicas sacramentales laicas son una conquista de los laicos.
Leyendo el artículo me dí cuenta del la tremenda ignorancia que acumula nuestra sociedad, que se dice de raíces cristianas.
Para describir qué es un sacramento utilizaré como referencia el libro “Los sacramentos, símbolos del espíritu” escrito por Josep M Rovira Belloso.
Podemos empezar por su propio nombre. Sacramento proviene de la unión de la palabra sacrum al sufijo –mentum. Este sufijo significa medio, instrumento. Por lo tanto nos daría que un sacramento es un medio o instrumento sagrado. Si sabemos que la sacralidad es el camino que nos comunica con Dios, los sacramentos serían los medios o instrumentos que ejecutan o posibilitan esta unión.
Para los primeros Padres de la Iglesia, los sacramentos se denominaban “Mysteriom”, misterios en el sentido de lo que excede nuestra capacidad de compresión. Todavía los denominan de esta forma nuestros hermanos ortodoxos. Decía Orígenes que “Todo lo que nos llega (por parte de Dios), nos llega como misterio” [1]. Misterio que se revela como signo, que nos da noticia del símbolo implícito que une la realidad cotidiana con la divinidad, con Dios.
Orígenes nos dice que “La ley del “Mysterion” es la del descenso de lo invisible a lo visible, de lo eterno a lo contingente, como si el Logos eterno se hiciese sensible a través de la voz que resuena: ‘A través de la misma voz se entregan al alma dos cosas a la vez: la letra y el espíritu’.
En el tratado sobre los Sacramentos de San Ambrosio de Milán podemos ver como constantemente une las escrituras con la liturgia de los sacramentos; como si una fuera reflejo de la otra y viceversa. Para el, las acciones y signos que se muestran en la liturgia sacramental son símbolos de la palabra de Dios encarnada y revelada por medio de las escrituras. Sacramento y escritura forman una unidad indisoluble que sacraliza y consagra a quienes participan conscientemente.
Para San Ireneo de Lyon los sacramentos cristianos provienen del designio divino de salvación. Los sacramentos son la divina dispensación -oikoiomia- en la cual el don invisible de Dios desciende, se hace presente y se manifiesta comunicándose a los seres humanos mediante signos visibles.
Entonces ¿Qué sentido tiene un sacramento laico? Después de lo explicado este invento de la “progresía contemporánea” es absurdo desde todo punto de vista.
¿Qué sentido tiene que la Iglesia permita que en sus templos se desarrollen ceremonias pseudosacramentales laicas, como el autor del artículo pide? No tiene ningún sentido, ya que para quienes puedan asistir a estos actos el simbolismo y sacralidad del templo es un simple decorado que da prestancia a un acto sin sentido.
En resumen: vacuidad. Las apariencias aparecen como fines y por eso es necesario que existan independientemente de que estén justificadas o no. Búsqueda de lo que nos falta sin aceptar el compromiso que viene adjunto. Incultura e ignorancia reclamadas como derechos y defendidas como conquistas.
Que Dios nos ayude a enderezar esta sociedad.
[1] Corpus Berolinense, 6-314.
[2] In Psalmum 76, 19
sábado, 23 de mayo de 2009
Las definiciones que se dan de Dios son inadecuadas. Sacramentos.
Dice Juan el apóstol, refiriéndose al invisible e inexpresable seno de Dios: «A Dios nadie le vio jamás, pero el Dios unigénito, el que está en el seno del Padre, éste lo explicó» (Jn 1, 18ss).Por eso algunos lo llamaron abismo, pues aunque abarca y contiene en su seno todas las cosas, es ininvestigable e interminable. Que Dios es sumamente difícil de aprehender se muestra en el discurso siguiente: Si la causa primera de cualquier cosa es difícil de descubrir, la causa absoluta y suprema y más originaria, siendo la causa de la generación y de la continuada existencia de todas las demás cosas, será muy difícil de describir. Porque ¿cómo podrá ser expresable lo que no es ni género, ni diferencia, ni especie, ni individuo, ni número, así como tampoco accidente o sujeto de accidentes? No se le puede llamar adecuadamente «el Todo», porque el todo se aplica a lo extenso, y él es más bien el Padre del todo. Ni se puede decir que tenga partes, porque lo Uno es indivisible, y por ello es también infinito, no en el sentido de que sea ininvestigable al pensamiento, sino en el de que no tiene extensión o limites. Como consecuencia, no tiene forma ni nombre. Y aunque a veces le demos nombres, éstos no se aplican en sentido estricto: cuando le llamemos Uno, Bien, Inteligencia, Ser en sí, Padre, Dios, Creador, Señor, no le damos propiamente un nombre, sino que, no pudiendo otra cosa, hemos de usar estas apelaciones honoríficas a fin de que nuestra mente pueda fijarse en algo que no ande errante en cualquier cosa.
Cada una de estas denominaciones no es capaz de designar a Dios, aunque tomadas todas ellas en su conjunto muestran la potencia del Omnipotente. Las descripciones de una cosa se dicen con referencia a las cualidades de la misma, o a las relaciones de ésta con otras: pero nada de esto puede aplicarse a Dios. Dios no puede ser aprehendido por ciencia demostrativa, porque ésta se basa en verdades previas y ya conocidas, pero nada es previo al que es inengendrado. Sólo resta que el Desconocido llegue a conocerse por gracia divina y por la Palabra que de él procede. Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, recuerda que Pablo habló de este modo: «Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: "Al Dios desconocido". Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar» (Hch 17, 22-23). (Clemente de Alejandría, Stromata, 5, 81,2-82,4)
Dios solo puede ser conocido por medio de la Gracia Divina y de la Palabra que de Él procede. Esta afirmación de Clemente define sin duda que todo intento de acceder a Dios por nosotros mismos está condenado al fracaso. Solo Dios puede revelarse a nosotros.
Dios excluye cualquier demostración o definición que provenga de nosotros. Pero Dios se manifiesta en la creación y esa manifestación nos permite conocerle. La naturaleza forma parte del domino sagrado cuando nos da noticia de Dios. Dios también se manifiesta por medio de la Palabra, de Jesús, por lo que podemos también obtener noticia de Dios gracias a todo lo que Jesús nos legó. Las escrituras se muestran como parte importante de lo sagrado.
¿Dónde más podemos buscar a Dios? Lo podemos buscar en la Gracia que nos dona a cada uno de nosotros. Esta gracia constituye en si misma una impresionante teofanía, una manifestación de Dios. La gracia se recibe de muchas formas pero es mediante los sacramentos como más fácilmente anida en nosotros:
Recuerda, pues, que has recibido el signo espiritual, el Espíritu de sabiduría e inteligencia, el Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu de conocimiento y de piedad, el Espíritu de temor santo, y guarda lo que has recibido. Dios Padre te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón la prenda del Espíritu (San Ambrosio de Milán, Los Misterios. 7,42)
Por medio de esa gracia conocemos personalmente a Dios y nos unimos a El… unir y conformar una unidad trascendente es la principal característica que define al símbolo sagrado, por lo tanto los sacramentos son símbolos sustanciales de Dios. Además, si ampliamos el símbolo hasta nosotros mismos, nos hacemos también símbolos de Dios.
Quizás sea San Ireneo de Lyon el Padre de la Iglesia que más ha profundizado en el sentido de comunicación y unión con Dios que contienen los sacramentos:
Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina.
Dios, que "habita una luz inaccesible" (1 Tm 6,16) quiere comunicar su propia vida divina a los hombres libremente creados por él, para hacer de ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos (cf. Ef 1,4-5). Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas.
El designio divino de la revelación se realiza a la vez "mediante acciones y palabras", íntimamente ligadas entre sí y que se esclarecen mutuamente. Este designio comporta una "pedagogía divina" particular: Dios se comunica gradualmente al hombre, lo prepara por etapas para acoger la Revelación sobrenatural que hace de sí mismo y que culminará en la Persona y la misión del Verbo encarnado, Jesucristo. (Sobre San Ireneo de Lyón, tomado de la web: http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=5105 )
Por esta razón la confesión y la eucaristía han sido la columna de apoyo de gran cantidad de santos y virtuosos en la historia de la Iglesia. Y por la misma razón, estos sacramentos deberían ser columna de apoyo para cada uno de nosotros.






