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jueves, 23 de agosto de 2018

Los Misterios nos hablan del camino hacia Dios



San Ambrosio de Milán tiene una breve obra llamada "Los Misterios". Es un resumen de las catequesis mistagógicas que se recogen una obra más extensa, llamada "Los Sacramentos". Hoy en día nos parece innecesario andar con "misterios", ya que nos parece que lo conocemos todo. ¿Qué son los Misterios? Podríamos decir que son la profundidad de la Revelación de Dios. Una profundidad que pasa desapercibida para la mayoría de los católicos. Leamos lo que San Ambrosio nos dice:

1. Cada día hemos tenido una instrucción moral cuando se hizo lectura de los hechos de los Patriarcas o de las máximas de los Proverbios, a fin de que instruidos y educados con ellos os acostumbréis a entrar en las vías de nuestros antepasados, a seguir su camino y a obedecer los oráculos divinos, y, así, renovados por el bautismo, viváis como corresponde a los que han sido purificados.

2. Ahora el tiempo nos invita a hablar acerca de los Misterios y a daros la explicación misma de los sacramentos. Si hubiésemos pensado insinuároslo antes del bautismo, cuando aún no estabais iniciados, se hubiera considerado esto como traición de nuestra parte, más que como tradición. Además, la Luz de los Misterios penetra mejor en aquellos que no se lo esperan, que si se lo hiciera preceder de alguna disertación.

3. Abrid, pues, los oídos, y aspirad el buen olor de la vida eterna que os ha sido derramado mediante el don de los sacramentos. Es lo que os hicimos notar cuando dijimos, al celebrar el misterio de la “apertura”: “¡Effeta!, es decir, ábrete" , para que todos los que iban a venir a la gracia supieran lo que se les preguntaría y se acordaran de lo que debían responder.

4. Cristo celebró este Misterio en el Evangelio -como leemos- cuando curó al sordomudo. Pero El tocó la boca porque curaba no sólo a uno que era mudo, sino también a uno que era varón: por una parte, porque quería abrirle la boca para el sonido de la voz que en ella infundía, y, por la otra, porque este tacto que convenía a un varón, no hubiera sido conveniente hacerlo a una mujer  (Los Misterios. I, 1-4)

¿Por qué los Misterios? Porque Dios desea soplar sobre nuestros oídos y tocar nuestra lengua. De esa forma, entenderemos lo que nos Revela y sabremos señalar a otros el mismo camino que estamos andando nosotros. Desgraciadamente, hoy en día entendemos la fe de forma únicamente emotiva y vivencial. Nos han hecho creer que en los primeros tiempos todo era emoción y nada era entendimiento. Por eso la Liturgia actual se ha convertido en algo que casi nadie llega a entender. Por eso la fe ya no es algo sólido y sustancial. Hoy cada cual cree lo que le gusta o siente y lo que es peor, nadie se atreve a buscar los verdaderos fundamentos de lo que creemos, esperamos y realizamos.

¿Para qué los Misterios? Para que la Gracia de Dios nos permita abrir el corazón a Cristo y nos sentemos a escuchar al Logos.

Pd. Gracias a Arantza por su amable y reconfortante comentario. Que Dios le bendiga.

domingo, 18 de enero de 2015

El remedio muerde, pero quita la infección. San Ambrosio


Hace unos días escribía sobre la cadena del pecado y sus consecuencias en el atentado de Charlie Hebdo, pero la cadena del pecado no sólo produce grandes asesinatos y crímenes. La cadena del pecado es tan cotidiana como nuestra propia vida. Nos lleva a dañar a los demás con la escusa de que, a su vez, nosotros hemos sido heridos anteriormente. Dentro de la Iglesia, esta cadena produce muchos sufrimientos, ya que evidencia que los fieles no somos tan pecadores como cualquier otro. La diferencia es que sabemos quien puede curar el dolor y ayudarnos a romper la cadena: Cristo. San Ambrosio de Milán nos habla de cómo la Gracia de Dios transforma el hombre viejo en el hombre nuevo. El ser humano herido y desesperado se transforma en el ser humano sano y esperanzado. Para ello nos comenta la conversión de San Pablo:

Ya no me comporto como un publicano, decía; ya no soy el viejo Leví; me he despojado de Leví revistiéndome de Cristo. Huyó de mi vida primera; sólo quiero seguirte a ti, Señor Jesús, que curas mis heridas. ¿Quién me separará del amor de Dios que hay en ti? ¿La tribulación? ¿La angustia? ¿El hambre? (Rm 8,35). Estoy unido a ti por la fe como si fuera con clavos, me has sujetado con las buenas trabas del amor. Todos tus mandatos serán como un apósito que llevaré aplicado sobre mi herida; el remedio muerde, pero quita la infección de la úlcera. Corta, Señor, con tu espada poderosa la podredumbre de mis pecados; ven pronto a cortar las pasiones escondidas, secretas, variadas. Purifica cualquier infección con el baño nuevo." (Seguir leyendo)

domingo, 10 de junio de 2012

La humildad en la vida cotidiana

¡Estate atento al misterio de Cristo! Nació del seno de la Virgen a la vez Siervo y Señor; Siervo para obrar, Señor para mandar a fin de enraizar en el corazón de los hombres un Reino para Dios. Tiene un doble origen pero es un solo ser. No es distinto el que viene del Padre al que viene de la Virgen. Nacido del Padre antes de todos los siglos, es el mismo que tomó carne en el transcurso del tiempo. Por eso es llamado Siervo y Señor: por nuestra causa, Siervo, pero a causa de la unidad de la sustancia divina, Dios de Dios, Principio del Principio, Hijo en todo igual al Padre, su igual. En efecto, el Padre no engendra un Hijo extraño a Él mismo, este Hijo del cual declara: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3,17)...

El Siervo conserva en todo los títulos de su dignidad. Dios es grande, y es grande el Siervo; al venir en la carne, no pierde esta «grandeza que no tiene límites» (sl 144,3)...  El cual, «siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de Siervo» (Flp 2,6-7)... Es, pues, igual a Dios como Hijo de Dios; tomó la condición de Siervo al encarnarse; «gustó la muerte» (Hb 2,9), él, cuya «grandeza no tiene límites»...

¡Cuán buena es esta condición de Siervo que nos ha hecho libres! ¡Sí, cuán buena es! Le ha valido «el nombre que está por encima de todo nombre»! ¡Cuán buena es esta humildad! Ha obtenido que «al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre» (Flp 2, 10-11). (San Ambrosio, Sermón sobre el salmo 35, 4-5)

Cuán buena es esta humildad. ¿Somos nosotros realmente humildes como lo es el Señor? Dijo es Señor que el que quisiera ser el primero, sirviera a todos los demás. ¿Somos conscientes de ello?

En nuestra vida cotidiana quisiéramos ser reconocidos, relevantes de forma personal, poderosos, etc. ¿Nos damos cuenta de todo el peso que nos echamos a la espalda queriendo todas estas cosas? ¿No es mucho mejor ser humilde y no aspirar a nada por nosotros mismos?

Sólo desde la humildad podemos reconocer que Jesús es Señor para gloria de Dios Padre. Por eso nos cuesta tanto doblar las rodillas en la consagración y arrodillarnos frente al altar. Somos soberbios y entendemos este lengua de humildad como una humillación personal insoportable?

Hasta nos decimos que la bondad y misericordia de Dios todo lo acepta. Lo que no pensamos es que el problema no está en Dios sino en nosotros. Si no somos verdaderamente humildes, somos nosotros quienes sufrimos nuestra propia actitud. Si en algo somos relevantes o tenemos autoridad, que esto sea para mayor gloria del Señor. Nunca para gloria de nosotros mismos.

Decía el Padre Pio: “¿Ha observado usted un campo de trigo en sazón? Unas espigas se mantienen erguidas, mientras otras se inclinan hacia la tierra. Pongamos a pruebe a los mas altivos, descubriremos que están vacíos, en tanto los que se inclinan, los humildes, están cargados de granos

La humildad pesa y nos hace inclinarnos ante el Señor. Igual que las espigas con más granos, quien se humilla es quien puede dar más de si a los demás. El que se comporta de forma soberbia, solo es capaz de imponer su presencia por la fuerza. Quien es humilde llena la estancia sin hacer evidencia de quién es y qué busca.

Ya dijo el Señor: “Así los últimos serán los primeros, y el primero será el último: pues muchos serán llamados, pero pocos serán elegidos” (Mt 20,16) ¿Por qué serán pocos los elegidos? Porque Dios elige a los humildes y son pocos los que han respondido a la llamada del Señor con humildad.

Que el Señor nos ayude a encontrar al humildad en nosotros mismos.

domingo, 8 de abril de 2012

¡Cristo ha resucitado! Feliz y Santa Pascua 2012


Alegría para todos.
Que la creación entera se estremezca
con un latido más de vida y esperanza.
Que los creyentes todos resplandezcan
con vestido nuevo, perfumado en el Ungido.
Y vosotros, los pobres, los dolientes,
los pequeños, que pasáis inadvertidos,
abríos a la esperanza y a la dicha,
que va a estallar el sol en vuestras vidas.

Que nadie en esta noche
sufra de pesimismo o de tristeza.
Que se alejen los espíritus malignos,
los que amargan la vida de los hombres,
porque han sido definitivamente derrotados.

Esta es la noche
que ha sido iluminada
por un sol nacido del sepulcro.

Esta es la noche victoriosa,
en la que la muerte, hecha cautiva,
en huida sus guardias y soldados,
se puso al servicio de la vida.

Esta es la noche tan dichosa
en la que Cristo, el amor más grande,
floreció en espiga y amapolas,
y volvió a reunirse con los suyos.

Verdaderamente la cruz fue necesaria
para que el Amor triunfara de la muerte.

Que Judas no se desespere,
que Pilato no se lave más las manos,
que los soldados no tengan pesadillas,
que Pedro ya no llore,
porque el daño se ha trocado en beneficio.

Ahora es el tiempo del juego y de la risa,
de la fe reconquistada y la esperanza cierta;
ahora es el tiempo del amor hasta la muerte.

Magdalena jugará con Jesús al escondite,
los de Emaus jugarán a los disfraces,
Tomás al veo-veo, Juan a adivinanzas,
y para Pedro llegó la hora del examen,
brillantemente superado.

Es la hora del reencuentro,
de la presencia y la amistad gozadas,
del pan partido y compartido,
de promesas y dones generosos.

A partir de esta noche
todo estará más claro y florecido:
la Pasión del mundo continúa,
pero ya ninguna cruz será maldita,
y en todos los surcos de la muerte
se siembra la esperanza.

Un mensaje de alegría para todos
hombres de toda religión y raza:
la vida ha salido victoriosa,
la justicia triunfará, sin duda,
porque Cristo resucitado está en el centro
de la historia:
Él es la Pascua,
el sol que dinamiza nuestro mundo.
(Oración-Himno atribuido a San Ambrosio de Milán)

¿Podemos estar más alegres? Cristo es nuestra Pascual y el Sol que dinamiza nuestro mundo. Verdaderamente la cruz fue necesaria para que el Amor triunfara de la muerte. Ya las cruces no están malditas, ya que en el surco, que es nuestro sufrimiento diario, florece con lirios y rosas de esperanza. Ahora tenemos razón para compartir y compartirnos en una comunidad nueva, llena de vida y con un sentido que nos trasciende a cada uno de nosotros.

Nos damos cuenta de lo importante que es la Cruz, ya que nos señala el eje que es nuestro objetivo y alrededor del cual nuestra vida tiene que girar. El centro es Cristo. Cuando Moisés habló del árbol de la vida, plantado en el Paraíso, expresó simbólicamente la inteligencia gratuita de las cosas divinas...

Ese Paraíso puede ser también el cosmos, donde va creciendo todo lo que trae su origen de la obra de la creación. En este paraíso del mundo floreció también el Logos y dio su fruto, cuando se hizo carne y dio vida a los que gustan de su bondad. Porque no nos comunicó la visión de la inteligencia sin el madero; nuestra vida estuvo suspendida del madero para que creyéramos en Él (Clemente de Alejandría, Strom. V, 72)

El Misterio de la Vigilia Pascual es un misterio unido a la regeneración, el Agua Viva, el Orden (Cosmos) que se abre paso en el caos, el eje que se nos muestra en la Cruz. Cruz que hoy florece y cuyas flores llenan el aire de perfume. Perfume que nos recuerda nuestro bautismo y confirmación, ya que el óleo, con el que fuimos marcados, recoge ese aroma. Aroma que debe penetrar en nosotros para transformarnos y así poder contagiar a otros con nuestra inmensa alegría.

--o--

¿Qué hacemos mirando su tumba vacía?
¡Despertemos¡
¡Cristo vive! ¡Ha resucitado!
¡Verdaderamente ha resucitado!
Alegría, loor y gloria en los Cielos y la Tierra.
Dios ha elevado al Sol de Justicia
por encima de quienes injustamente lo condenaron.
Ahora ilumina al mundo y a todo aquel que lo acoge en su corazón.
Amén 

Felices Pascuas

domingo, 4 de marzo de 2012

Limosna, ayuno y oración, están unidas a la reconciliación.

“Cristo dio la vida por ti, ¿y tú continúas aborreciendo al que es un servidor como tú? ¿Cómo puedes acercarte a la mesa de la paz? Tu Maestro no dudo en soportar por ti todos los sufrimientos, ¿y tú, rechazas incluso renunciar a tu cólera?... «¡Fulano me ha ofendido gravemente, dices tú, ha sido tantas veces injusto conmigo, e incluso me ha amenazado de muerte!» ¿Qué es esto? Todavía no te ha crucificado tal como sus enemigos crucificaron al Señor.

Si no perdonas las ofensas recibidas de tu prójimo, tampoco tu Padre que está en los cielos te perdonará tus faltas (Mt 6,15). ¿Qué es lo que dice tu conciencia cuando pronuncias estas palabras: «Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre» y lo que sigue? Cristo no ha hecho diferencias: derramó su sangre también para los que derramaron la suya. ¿Podrás tú hacer algo semejante? Cuando no quieres perdonar a tu enemigo, te haces daño a ti mismo, no a él...; lo que estás preparando es un castigo para ti mismo el día del juicio...

Escucha lo que dice el Señor: «Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda»... Porque el Hijo del hombre ha venido al mundo para reconciliar a la humanidad con su Padre. Es así como lo dice san Pablo: «Ahora Dios ha reconciliado consigo todas las cosas» (Col, 1,22); «mediante su cruz, en su persona, dio muerte al odio» (Ef  2,16).” (San Juan Crisóstomo. Homilía sobre la traición de Judas, 2, 6)

La cuaresma es una camino que los peregrinos andamos paso a paso hasta la Pascual. El ayuno, la oración y la limosna nos recuerdan tres aspectos importantes de todo peregrinar: la escasez de  alimentos, la actualización del objetivo que nos conduce y la caridad con quienes nos acompañan en el camino. ¿Podemos estar enemistados con nuestros compañeros de viaje? Como todo camino cristiano, la reconciliación es imprescindible.

Una vez que lleguemos al final del peregrinaje ¿Cómo vamos a poner sobre el altar nuestros rencores y resentimientos? ¿Los aceptará Dios como ofrenda? En el altar deberíamos de depositar las joyas que hubiéramos recogido durante nuestro viaje.

Tal como el mismo Dios me lo inspiró, os he aconsejado siempre que al llegar las fiestas... os acerquéis al altar del Señor vestidos con la luz de la pureza, resplandecientes con las limosnas, adornados con las oraciones, vigilias y ayunos, como con valiosas joyas celestiales y espirituales, en paz no sólo con vuestros amigos, sino también con vuestros enemigos, en una palabra, que os lleguéis al altar con la conciencia libre y tranquila, y podáis recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, no para vuestro juicio, sino para vuestro remedio. (San Ambrosio de Milán, Sobre la Cuaresma. Sermón IX)

Vivir siempre es encuentro y desencuentro. No es raro que en nuestra Cuaresma aparezcan disgustos, rencillas o hasta peleas. La Pascua es el momento culmen de año Litúrgico y tal como San Ambrosio nos indica, el Señor espera que lleguemos al altar con la conciencia libre y tranquila, y podáis recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, no para vuestro juicio, sino para vuestro remedio.

¿Es la Pascua un remedio para nosotros o es un juicio? Pasará la Pascua y lamentaremos haberla desaprovechado o nos sentiremos gozosos de haber llegado mejor que el año pasado. La pureza es un don de Dios, que hemos de solicitar con la oración y que debemos trabajar con limosna y ayuno.

Quiera el Señor que lleguemos a la Pascual vestidos de luz y resplandecientes.

jueves, 19 de mayo de 2011

¡Ya estamos en la segunda mitad de mayo!

Estamos en la segunda mitad de Mayo y no he tenido cabeza ni tranquilidad para escribir algo de Nuestra Señora la Virgen María, en su mes. Voy a solucionarlo.

Gracias al P Javier por incluir este estupendo video en su blog Corazón eucarístico de Jesús.

Comparto con ustedes este breve pasaje de San Ambrosio de Milán:

Que en todos resida el alma de María para glorificar al Señor; que en todos esté el espíritu de María para alegrarse en Dios. Porque si corporalmente no hay más que una madre de Cristo, en cambio, por la fe, Cristo es el fruto de todos; pues toda alma recibe la Palabra de Dios, a condición de que, sin mancha y preservada de los vicios, guarde la castidad con una pureza intachable.

Toda alma, pues, que llega a tal estado proclama la grandeza del Señor, igual que el alma de María la ha proclamado, y su espíritu se ha alegrado en Dios Salvador.

El Señor, en efecto, es engrandecido, según puede leerse en otro lugar: Proclamad conmigo la grandeza del Señor. No porque con la palabra humana pueda añadirse algo a Dios, sino porque él queda engrandecido en nosotros. Pues Cristo es la imagen de Dios y, por esto, el alma que obra justa y religiosamente engrandece esa imagen de Dios, a cuya semejanza ha sido creada, y, al engrandecerla, también la misma alma queda engrandecida por una mayor participación de la grandeza divina. (San Ambrosio de Milán, tratado sobre Evangelio de San Lucas)

Proclamar la grandeza de la más perfecta criatura creada por Dios, es al mismo tiempo proclamar la misericordia, amor y cercanía que el Señor nos dona todos los días. Por medio de María somos más conscientes de Cristo. Gloria al Señor.

-oOo-

Regina caeli, laetare, alleluia.
Quia quem meruisti portare, alleluia.
Resurrexit, sicut dixit, alleluia.
Ora pro nobis Deum, alleluia.
Gaude et laetare, Virgo Maria, alleluia.
Quia surrexit Dominus vere, alleluia.

sábado, 12 de marzo de 2011

Ayuno y Limosna

Ayunar es un remedio de males y una fuente de premios, mas no ayunar en Cuaresma es un pecado. El que ayuna en otro tiempo, recibirá indulgencia; pero el que no lo hace durante la Cuaresma, será castigado". El que no pueda ayunar por enfermedad, coma sencillamente y sin ostentación "Y ya que no puede ayunar, debe ser más caritativo para con los pobres, a fin de redimir con sus limosnas los pecados que no puede curar ayunando. Hermanos, es muy bueno ayunar pero mejor aún dar limosna; mas si se puede practicar lo uno y lo otro, son dos grandes bienes. El que puede dar limosna y no ayunar, entienda que la limosna le basta sin el ayuno. Mas no basta el ayuno sin la limosna El ayuno sin la limosna no es obra buena, a no ser que el que ayuna sea tan pobre, que no tenga nada que dar. Así, pues, en este caso, bástele la buena voluntad". 

Mas ¿quién podrá excusarse de dar limosna, cuando el Señor recompensa un vaso de agua fría? "Además, el Señor, por medio del profeta Isaías, de tal manera exhorta y aconseja la práctica de la limosna, que ningún pobre que se considere, puede excusarse. Pues se expresa de este modo: ¿Sabéis que ayuno quiero yo?... Partir su pan con el hambriento, albergar al pobre sin abrigo (Is. 58,ó-7)". Partir el pan, porque, "aun cuando tu pobreza sea tan grande que no tengas más que uno solo sin embargo, pártelo y da de él al pobre. También dice: Introduce en tu casa a los pobres que no tengan alberque, lo cual equivale a afirmar: Si hay alguno tan pobre que no tiene comida que dar al hambriento, prepárele un lecho en uno de los rincones de su casa. 

¿Qué respuesta daremos, hermanos, qué excusa alegaremos nosotros, que, poseyendo anchas y espaciosas mansiones, apenas nos dignamos alguna vez recibir en ellas a un peregrino? Y eso que no ignoramos, sino que continuamente estamos confesando que en los peregrinos recibimos a Cristo, como El mismo dijo: Peregriné y me acogisteis... Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis (Mt. 25,35.40). Nos resulta enojoso recibir en nuestra casa a Cristo en la persona de los pobres y yo me temo que él haga lo mismo con nosotros en el cielo, y que no nos reciba en su gloria. Lo despreciamos en el mundo y yo me temo que él a su vez nos desprecie en el cielo, según aquella sentencia: Tuve hambre y no me disteis de comer... (Mt. 25,42). Fijémonos, carísimos hermanos, en estas palabras; no las oigamos de manera indiferente ni sólo con los oídos del cuerpo, sino que escuchándolas con fidelidad, hagamos de palabra y con el ejemplo que otros también las oigan y las cumplan También nos dice el Señor por boca del profeta Isaías que hemos de vestir al desnudo (ibid.). Precepto riguroso y muy digno de temerse. Yo, sin embargo, no juzgo a nadie. Acuda cada uno y pregunte a su conciencia . (San Ambrosio de Milán - Fragmento Sermón 25)

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Ensalcemos juntos su nombre

Que en todos resida el alma de María para glorificar al Señor; que en todos esté el espíritu de María para alegrarse en Dios. Porque si corporalmente no hay más que una madre de Cristo, en cambio, por la fe, Cristo es el fruto de todos; pues toda alma recibe la Palabra de Dios, a condición de que, sin mancha y preservada de los vicios, guarde la castidad con una pureza intachable.

Toda alma, pues, que llega a tal estado proclama la grandeza del Señor, igual que el alma de María la ha proclamado, y su espíritu se ha alegrado en Dios Salvador.

El Señor, en efecto, es engrandecido, según puede leerse en otro lugar: Proclamad conmigo la grandeza del Señor. No porque con la palabra humana pueda añadirse algo a Dios, sino porque él queda engrandecido en nosotros. Pues Cristo es la imagen de Dios y, por esto, el alma que obra justa y religiosamente engrandece esa imagen de Dios, a cuya semejanza ha sido creada, y, al engrandecerla, también la misma alma queda engrandecida por una mayor participación de la grandeza divina. (San Ambrosio de Milán, tratado sobre Evangelio de San Lucas)

--oOo--

Proclama mi alma la grandeza del Señor
Se alegra mi espíritu
en Dios mi salvador
Porque ha mirado la humillación
de su esclava
Desde ahora me felicitarán
todas las generaciones
Porque el Poderoso
ha hecho obras grandes por mí
Su nombre es santo
Y su misericordia llega a sus fieles
De generación en generación
Amén

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Nadie puede servir a dos señores

No porque él tenga dos: no hay más que un Señor. Porque aunque haya personas que sirven al dinero, éste, de suyo, no posee ningún derecho a ser señor; son ellos mismos los que se cargan con el yugo de la esclavitud. En efecto, no se trata de un justo poder, sino de una injusta esclavitud. Por eso dice: “Haceos amigos con el dinero mal ganado” para que, a través de nuestra generosidad para con los pobres, alcancemos el favor de los ángeles y de los demás santos.

No se critica al intendente: con ello aprendemos que no somos amos sino intendentes de las riquezas de otros. Aunque haya hecho una falta, es alabado porque, contando con los otros en nombre de su amo, se gana adictos. Y Jesús ha hablado muy bien del “dinero engañoso” porque la avaricia, a través de las variadas seducciones que ofrecen las riquezas, tienta nuestras inclinaciones hasta el punto que queremos ser esclavos de los bienes. Por eso dice: “Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro?” Las riquezas nos son extrañas porque están fuera de nuestra naturaleza; no nacen con nosotros, y no nos siguen en la muerte. Cristo, por el contrario, es nuestro porque él es la vida… No seamos, pues, esclavos de los bienes exteriores, porque no debemos reconocer a otro como Señor sino sólo a Cristo. (San Ambrosio de Milán, Sobre el Evangelio de Lucas, 7, 244 )

-oOo-

En un día, como el de hoy, en el que tenemos convocada una huelga general... viene bien leer la reflexión que nos hace San Ambrosio sobre el servicio al dinero o a Dios. No se puede servir a Cristo y dejarnos utilizar por quienes buscan poder y  dinero a nuestra costa.

Solo Cristo es Señor.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Renovación carismática


"Así pues, cuando el Espíritu se movía, la creación no tenía gracia alguna. Pero después que también la creación de este mundo recibió la actividad del Espíritu, mereció toda esta belleza de gracia con la que el mundo resplandeció. Y que sin el Espíritu Santo no puede permanecer la gracia del universo, lo declara el profeta diciendo: 'Les quitas su Espíritu y expiran y se convierten en el polvo que eran. Envías tu Espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra' (Salm 103,20-30). No sólo, pues. Enseñó que sin el Espíritu no puede mantenerse en pie la creación, sino también (enseñó) que el Espíritu es creador de toda la creación.... Por tanto, el parto de la Virgen es obra del Espíritu, el fruto del vientre es obra del Espíritu, según lo que está escrito: 'Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre (Lc 1,42).



La flor de la raíz es obra del Espíritu. Me refiero a aquella flor de la que bien se profetizó: 'Brotará un retoño de la raíz de Jesé y una flor surgirá de su raíz' (Is 11,1). La raíz de Jesé son los patriarcas de los judíos, el retoño María, la flor de María Cristo que habiendo de esparcir por todo el mundo el buen olor de la fe germinó del seno virginal,... la flor aun cortada conserva su olor, y machacada lo aumenta y ni arrancada lo pierde. Así también el Señor Jesús en aquel patíbulo de la cruz ni estando contrito se marchitó, ni arrancado se perdió (su perfume), y herido con aquella punción de la lanza refloreció más hermoso con el color sagrado de su sangre derramada, sin saber en qué consiste el morir y exhalando para los muertos el don de la vida eterna. En esta flor de retoño descansó el Espíritu Santo". (S. Ambrosio de Milán, Tratado sobre el Espíritu Santo II,33.38-39)

--oOo--

De pequeño viví los inicios del movimiento carismático dentro de la Iglesia Católica. Allá por 1972-73, una vecina (evangélica) nos invitó a sus oficios y a un grupo de oración pentecostal. Dentro de esa comunidad tuvimos el primer contacto con las manifestaciones del Espíritu Santo. Mi madre, que era una católica convencida, le pareció interesante todo lo que esas gentes vivían y se informó sobre la existencia de ese movimiento dentro de la Iglesia.

En una iglesia cercana a nuestro domicilio, concretamente en San Francisco de Dos Ríos (Costa Rica) asistimos durante un tiempo a las reuniones del grupo carismático, recién formado. El movimiento carismático católico nació en el Estados unidos tan solo 5 años antes. Recuerdo como yo asistía, con sorpresa, a las reuniones. Con 7 años, eso de hablar en lenguas, trances, curaciones y otras manifestaciones, me parecían algo mágico y alejado de la normalidad eclesial. El tiempo pasó y con diez años cumplidos, vine a vivir a España y dejamos de tener contacto con la renovación carismática.

Los años han pasado y de vez en cuando retomo mis recuerdos de lo vivido en aquellos años. Me pregunto principalmente por qué la maravillosa renovación carismática no ha llegado a integrarse de la vida de la Iglesia. Si el Espíritu Santo actúa en ella, ¿qué sucede?

Según lo que he ido preguntando e indagando por los mundos virtuales… la renovación carismática está presente en muchas parroquias, pero es minoritaria con frecuencia. Por ejemplo, en ninguna de las parroquias en las que he vivido (3) he encontrado a estos grupos.

Me pregunto por qué se esconde el Espíritu Santo en determinados reductos.

Retomando el texto de San Ambrosio, podemos hacer una breve descripción de cómo actúa el Espíritu. El Espíritu Santo es creador y vivificador. No se detiene ante las murallas ni se deja recluir en espacios cerrados. La creación es bella por naturaleza y capaz de conmover profundamente. El Espíritu es “flor que surge de la raíz”… es decir, toma como base la Tradición para dar vigor hasta a la rama más seca. Los frutos del Espíritu no se marchitan y se difunden a través de sus obras.

¿Entonces? Me parece que algo falla. No logro entender qué sucede.

Buscando sobre el tema, localicé una página web de una comunidad de oración en Argentina, que me pareció especialmente interesante, ya que trataban este tema y daban la posibilidad de descargar un libro que analiza qué sucede dentro de la renovación carismática. La comunidad es la "Escuela de Oración y Crecimiento Espiritual Contempladores del Sagrado Corazón de Jesús" y el libro se titula “Renovar la renovación carismática católica” de Juan Franco Benedetto.

Allí encontré la siguiente reflexión:



Por lo tanto resulta muy evidente que la dificultad que hoy subsiste en la Renovación Carismática para avanzar más en la búsqueda de la santidad tiene su raíz en el divorcio que existe entra la “nueva” experiencia carismática y el gran tesoro tradicional de la Iglesia, en cuanto a la “vieja” teología mística y todo lo que ella enseña respecto al camino de la perfección cristiana.

Sin embargo, este alejamiento de la R.C.C. de considerar el “viejo” camino tradicional de la vida espiritual, básicamente por un desconocimiento y falta de interés en el mismo, no es privativo de la Renovación, sino que es algo inherente a gran parte de los diversos estamentos y realidades que conforman nuestra Iglesia Católica contemporánea. (J.F. Bendetto, Renovar la renovación carismática católica)


En resumidas cuentas, la experiencia de la Renovación carismática católica y de otros grupos y corrientes, demuestra que el Espíritu Santo está dispuesto a manifestarse en quienes con Fe y sinceridad le llaman. Pero no logramos llamarlo más allá de el plano vivencia y emotivo. Las dimensiones cognitivas y de compromiso también necesitan de la labor de Espíritu y no nos sentimos capaces de llamarlo y aceptarlo. Encima no nos desarrollamos como cristianos plenos y nuestra Fe se queda enquistada en dimensiones determinadas.

¿Se puede llamar al Espíritu cantando gregoriano? ¿Se puede llamar al Espíritu para escribir sobre la Tradición? ¿Se puede llamar al Espíritu para ayudar comprometidamente a quienes sufren? ¿Podremos alabar a Dios en todo lo que hacemos y en todo momento? ¿Qué nos impide colaborar con esta nueva renovación? ¿A qué esperamos?

--oOo--

Veni, Sancte Spiritus,
Veni, nostri cordium,
Et emitte caelitus
Lucis tuae radium.
Veni, pater pauperum,
Veni, dator munerum,
Veni, lumen cordium.
Consolator optime,
Dulcis hospes animae,
Dulce refrigerium.
In labore requies,
In aestu temperies,
In fletu solatium.
O lux beatissima,
Reple cordis intima
Tuorum fidelium.
Sine tuo numine
Nihil est in homine,
Nihil est innoxium.
Lava quod est sordidum,
Riga quod est aridum,
Sana quod est saucium.
Flecte quod est rigidum,
Fove quod est frigidum,
Rege quod est devium.
Da tuis fidelibus
In te confidentibus
Sacrum septenarium.
Da virtutis meritum,
Da salutis exitum,
Da perenne gaudium.
Amen. Alleluia.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Agua que limpia y salva

Dijimos que en el altar se coloca el cáliz y el pan. ¿Qué se pone en el cáliz? Vino. ¿Y que otra cosa? Agua. Pero me dices: «¿Cómo, pues, Melquisedec ofreció pan y vino? ¿Qué significa la mezcla del agua?» He aquí la razón.

Antes que nada, ¿qué contiene la figura que precedió en tiempo de Moisés? Como el pueblo tenía sed y murmuraba, porque no podía encontrar agua, Dios ordenó a Moisés que tocara la piedra con la vara. Tocó la piedra y la piedra dejó brotar de ella agua en abundancia (Ex 17, 1-6). Como dice el apóstol: Bebían de la piedra que les seguía; ahora bien, la piedra era Cristo (1Col 10,4). No era una piedra inmóvil la que seguía al pueblo. Bebe tú también, para que Cristo te siga. ¡Mira el misterio! «Moisés», es decir, un profeta; la «vara», es decir, la palabra de Dios: el obispo, con la palabra de Dios, toca la piedra y fluye el agua, y bebe el pueblo de Dios. Así, pues, el obispo toca el cáliz, el agua borbotea del cáliz, salta hasta la vida eterna (Jn 4, 14) y bebe el pueblo de Dios, que ha conseguido la gracia. (San Ambrosio de Milán, tratado sobre los Sacramentos)

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Señor, ha pasado un año, con su cortejo de actividades, de trabajos, de idas y venidas.
Te lo ofrecemos tal como lo hemos vivido y como Tú lo has visto. Míralo con amor y archívalo en los pliegues de tu misericordia.

Te damos gracias, Señor, por los beneficios que hemos recibido a lo largo de este año. Gracias por las noches tranquilas y por las horas inquietas.
Gracias por la salud y la enfermedad. Gracias por la sonrisa amable y por la mano amiga...

Queremos confiarte ahora nuestros deseos de gozo y de paz para el año nuevo que va a comenzar. Señor, bendícenos y concédenos caminar por sendas de paz y de justicia.

También queremos pedirte, Señor, por todos los que han muerto y han ido a tu encuentro en este año que termina, por los que se sienten solos y vacíos en medio del ruido y de las luces de esta Nochevieja, por los enfermos y moribundos, y por todos los que sufren en su cuerpo o en su espíritu...

Haz que todos seamos iluminados con tu Verdad y fortalecidos con tu Vida, y que sepamos descubrir, en lo efímero del tiempo, la esperanza gozosa de tu Eternidad.

Te pedimos, Señor, paz y felicidad en el nuevo año. Que seamos felices, Señor, en esta tierra nuestra: Ella nos sustenta y rige.

Que seamos felices, Señor, con el perdón: Nada más poderoso para desterrar los odios y establecer la paz.

Que seamos felices, Señor, con la justicia: Sin ella no hay humanidad.

Que seamos felices, Señor, con la ternura: Es el único sol necesario para alumbrar días y noches.

Que seamos felices, Señor, en este nuevo año de 2010

Lo necesitamos. Es deseo y don tuyo. Amén.

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Que mejor forma de entrar en el nuevo año que contemplando el agua que limpia y da vida eterna. Que Dios os bendiga y os ayude en este nuevo año. Sea Su voluntad...

Feliz y santo 2010

viernes, 30 de octubre de 2009

Símbolo Apostólico

Con este nombre se conocía en la antigüedad lo que ahora conocemos como el Credo. ¿Por qué lo llamaban así? Le llamaba símbolo porque cuando se expresaba unía en la Fe a quienes lo profesaban. San Ambrosio de Milán, en su breve tratado sobre el Símbolo apostólico no indica que también se entiende así por ser una especie de contrato que cada fiel (y el conjunto de al comunidad), realiza y renueva con Dios cada domingo.

Durante los primeros siglos, el Símbolo solo podía ser conocido por quienes hubieran sido bautizados y además no podía ser escrito. Debía ser aprendido de memoria para así retenerlo escrito en el alma. Los profanos no podía conocerlo para que así no pudieran profanarlo al exponerlo sin realmente tenerlo escrito en alma. Pero los tiempos cambiaron y al aceptarse el cristianismo como religión oficial del imperio… allá por el siglo VI… el carácter sagrado del Símbolo apostólico pasó a ser historia.

Pero que no se (re)conozca el carácter sagrado del Símbolo, no lo despoja de ser instrumento necesario para nuestra unión con Dios. Se tiene constancia indirecta de la confección del canon del Símbolo en los tiempos apostólicos, por lo que es más que probable que los propios apóstoles lo configuraran y lo donaran a las comunidades como parte del patrimonio entregado por Cristo en forma de revelación. Su carácter secreto así lo atestigua.

Es evidente que profesar el Símbolo unidos en comunidad nos hace constituir y renovar el vínculo sagrado existente entre nosotros y Dios. Sería deseable que a la profesión del Símbolo se le diera toda la solemnidad que requiere el acto que realizamos y no se lo recitáramos como perseguidos por el diablo… que de hecho es lo que sucede cuando desdeñamos los aspectos simbólicos de la Liturgia.

En el símbolo repasamos el conjunto de pilares sobre los cuales se apoya nuestra Fe y unidad. Recordemos que dentro del Símbolo, profesamos nuestra Fe en una Iglesia única, universal, santa y apostólica. No son palabras vanas o una mera referencia a pertenecer una tradición determinada. Se trata de reconocer y proyectar nuestra comunidad dentro de la Iglesia universal, aceptando su carácter único y santo. Se trata de reconocer que la Iglesia es más que el conjunto de particularidades, instituciones y reglamentos. Se trata de ver en la Iglesia como un ideal a construir cada día entre nosotros.

El Símbolo apostólico une a cada fiel con la comunidad y a su vez une a la comunidad con al Iglesia universal. Así mismo, une a la Iglesia actual con la Iglesia primitiva dentro de una continuidad que lejos de ser profana es evidencia sagrada.

Notas adicionales: por si a alguien le sorprende el uso del secreto en la Iglesia primitiva, le recomiendo leer en la enciclopedia católica sobre la disciplina del secreto: pulsar
También es interesantísimo leer sobre el credo en las obras de San Ambrosio de Milán: Explicación del símbolo y de San Cirilo de Jerusalén: Catequesis V,12: La confesión de la fe en el Símbolo. Pulsar

sábado, 27 de junio de 2009

Mensaje y Misterio. Dos caras de la misma moneda.

En el universo, los paradigmas que actúan a manera de cemento sobre los que se sostiene la realidad. Las leyes universales se desdoblan en infinidad leyes particulares que actúan de forma similar, aunque lo hagan sobre naturalezas diferentes. Por nuestra parte, los seres humanos entendemos el universo como cosmos (Orden) gracias que somos capaces de reconocer y utilizar estos paradigmas, ya sea de forma consciente o intuitiva.

Me propongo introducirme en uno de estos paradigmas universales que se particulariza dentro de nuestra religión en binomio inseparable: mensaje y misterio. Estos dos elementos permiten reconocer una estructura externa sólida que permite guardar un contenido de gran valor, aislándolo del exterior. Parte interna o contenido, considerados por separado, carecen de sentido. Esto sucede de manera similar a un vaso, cuya estructura externa es la que permite definir una cavidad vacía. El vacío que deja la externalidad del vaso es lo que permite contener un líquido. El sentido del vaso es contener y por ello se reconoce como tal y se diferencia de otros recipientes. Un vaso destinado a permanecer vacío carece de sentido. De igual forma carece de sentido que vertamos vino sobre la mesa sin nada que lo pueda retener y permitirnos beber.

De manera análoga, el mensaje cristiano permite sostener el misterio inherente. Si nos olvidamos del misterio, el mensaje deja de tener sentido. Si nos olvidamos del mensaje, el misterio se perdería ante su incapacidad de proyectarse en la realidad.

Decía San Ambrosio de Milán en su Tratado de Misterios:

Abrid, pues, vuestros oídos y percibid el buen olor de vida eterna que exhalan en vosotros los sacramentos. Esto es lo que significábamos cuando, al celebrar el rito de la apertura, decíamos: «Effetá», esto es: «Ábrete», para que, al llegar el momento del bautismo, entendierais lo que se os preguntaba y la obligación de recordar lo que habíais respondido. Este mismo rito empleó Cristo, como leemos en el Evangelio, al curar al sordomudo. (…) Después de esto, se te abrieron las puertas del Santo de los Santos, entraste en el lugar destinado a la regeneración. (San Ambrosio de Milán, Tratado de Misterios I,3-5)

Detrás del mensaje está el misterio, siendo el misterio el que da consistencia y coherencia a la estructura mensaje. El misterio da validez eterna al mensaje y permite que sea entendido por cada generación de forma similar a la anterior.

Hoy en día, los cristianos en general, estamos muy preocupados por el mensaje y su acción sobre la realidad. Nos preocupamos por dar propiciar que el Reino de Dios se manifieste. Pero el Reino de Dios nos es solo la acción del mensaje cristiano sobre la realidad; es la presencia misteriosa de Dios entre nosotros obrando y transformando el mundo:

Los fariseos le preguntaron cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: "El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: "Está aquí" o "Está allí". Porque el Reino de Dios está entre vosotros". (Lc 17, 20-21)
Pero ¿Quién o qué está entre nosotros? El propio Jesús está entre nosotros cuando dos o más nos unimos en su nombre (Mt 18,20).


¿Qué pasa si el mensaje toma protagonismo tal que se olvida o desprecia el misterio? Las obras que hagamos de forma individual o colectiva será únicamente obra humana… pronta a corromperse y destruirse. El mensaje puede ser trucado, robado o pervertido con tal facilidad que se vuelve contra nosotros mismos en forma de críticas e insidias destructivas. Entonces se derrumban las acciones y proyectos que creíamos sólidos como la roca. ¿Por qué? Porque nos hemos olvidado que Dios es quien cohesiona y sustenta con la sacralidad las obras que provienen de la misma. Cuando vemos derrumbarse las obras nos cuestionamos si el mensaje es realmente válido y si no es posible actuar de manera más efectiva fuera de la propia Iglesia. En resumen, el desánimo y dudas se apoderan de nosotros.

¿Qué pasa si el individuo toma el protagonismo tal, que se desprecia la comunidad? De nuevo se destruye el vínculo sagrado que define Cristo sin lugar a dudas: “… donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Sin comunidad y sin acción comunitaria perdemos rápidamente la brújula y empezamos a ser nosotros los protagonistas de la película. Ya no nos hace falta la comunidad de creyentes para llevar adelante nuestro proyecto. Pero no somos eternos y somos volubles. Lo que hoy es nuestro objetivo vital, mañana no lo es… y entonces lo construido de cae en pedazos.

Hoy en día tendemos a despreciar el Misterio y a desvalorizar la comunidad. Vemos en ambos ataduras y restricciones inadmisibles, por lo que nos sentimos más cómodos solos actuando con pragmatismo. Tal vez tengamos que reflexionar sobre el asunto y volver sobre nuestros pasos al momento en que rompimos el vínculo sagrado que nos une a Dios.

sábado, 13 de junio de 2009

Corpus Christi

Por estas fechas se celebra en España y en el mundo la fiesta del Cuerpo del Señor, la fiesta de la Eucaristía.

La palabra eucaristía proviene del griego y significa “acción de gracias”. Al hecho de participar en la eucaristía le llamamos comunión, ya que entendemos que este sacramento no une con Dios por medio de Cristo y además nos une entre si como Iglesia. El eucaristía una conmemoración y un sacrificio. Jesús no pidió que utilizáramos este sacramento para conmemorar su sacrificio y además nos dejó claro el significado y el simbolismo este acto.

He decidido traer un par de breves reseñas que San Agustín sobre el tema. El primero es quizás donde más claramente nos explica como el interpretaba el sacramento eucarístico:

"Tal vez surja en alguno esta idea: ¿cómo puede ser que este pan sea su cuerpo y este vino su sangre? Estas cosas, hermanos míos, llámanse sacramentos, porque una cosa dicen a los ojos y otra a la inteligencia. Lo que ven los ojos tiene apariencias corporales, pero encierra una gracia espiritual. Si queréis entender lo que es el cuerpo de Cristo, escuchad al apóstol. Ved lo que les dice a los fieles: vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros (1 Co 12,27). Si, pues, vosotros sois el cuerpo y los miembros de Cristo, lo que está sobre la santa mesa es un símbolo de vosotros mismos, y lo que recibís es vuestro mismo misterio ("mysterium vestrum in mensa dominica positum est, mysterium vestrum accipitis"). Vosotros mismos lo refrendáis así al responder: amén. Se os dice: he aquí el cuerpo de Cristo. Y vosotros contestáis: amén, así es. Sed, pues, miembros de Cristo para responder con verdad: amén... Sed lo que veis y recibid lo que sois ("estote quod videtis et accipite quod estis"). Tal es el modelo que nos ha dado N.S.J.Cristo. Así es como quiso unimos a su persona y consagró sobre su mesa el misterio simbólico de la paz y de la unión que debe reinar entre nosotros ("mysterium pacis et unitatis nostrae in sua mensa consecravit") (San Agustín. Sermón 272: cf. Solano, II, 210-211).

Quizás alguno pueda pensar que San Agustín interpretaba la presencia de Cristo como nosotros interpretamos lo simbólico hoy en día. No es así y esto se puede leer este otro texto:

"Ese pan que veis en el altar, santificado por la palabra de Dios, es el cuerpo de Cristo ("sanctificatus per verbum Dei, corpus est Christi"). Ese cáliz, o más bien, lo que contiene ese cáliz, santificado por la palabra de Dios, es la sangre de Cristo. En esta forma quiso N.S. Jesucristo dejarnos su cuerpo y su sangre, que derramó por nosotros, en remisión de nuestros pecados" (San Agustín. Sermón 227: cf. Solano, II, 204).
Para San Agustín el sentido de lo simbólico era diferente a lo que nosotros interpretamos cotidianamente. El sacramento tiene un significado y este significado nos lo dice Jesús claramente con el sentido imperativo de sus palabras: “Haced esto en conmemoración mía”. El significado es el recuerdo de su sacrificio y el sentido que tuvo para nosotros. Revivir el sacrificio es actualizarlo continuamente y hacerlo nuestro.

El simbolismo lo podemos encontrar claramente en las propias palabras de la consagración. Nótese que consagración significa hacer sagrado, crear unión con Dios por medio de la liturgia en su conjunto. Cristo dijo que le pan era su cuerpo y que el vino era su sangre. Tras de decirlo compartió cada especie con los apóstoles. Se compartió, se dono, se interiorizó a si mismo en los presentes. Podríamos decir que se hizo sacrificio antes de padecerlo realmente. Es importante el hecho temporal y su superposición de todo el sentido de la fiesta pascual judía.

Pero el sentido simbólico no se agota en una representación cognitiva de un hecho. El acto va más allá de que reconozcamos un signo sagrado que se nos presente, más allá de que comprendamos que este signo nos una con el sacrificio de cristo. El simbolismo rompe las barreras del tiempo y el espacio profanos para actualizar realmente el sacrificio de Cristo en cada eucaristía de manera sagrada. El pan deja de ser pan para ser el cuerpo de Cristo y el vino deja de ser vino para ser la sangre de Cristo. Igual que Cristo se dio a sus apóstoles, se nos dona a nosotros para conformar la Iglesia como cuerpo místico en al tierra.

Tendríamos que saltar a San Ambrosio de Milán para entender como el significado y simbolismo de los sacramentos se ajusta y superpone a las escrituras. Tendríamos que leer todo el breve tratado sobre los Sacramentos para darnos cuenta de la profundidad del simbolismo sacramental. De todas formas intentaremos entresacar algunos párrafos espacialmente interesantes:

Quizá digas: «Yo veo otra cosa: ¿cómo afirmas que recibo el Cuerpo de Cristo?». Esto es lo que nos falta aún por probar. ¡Cuántos, en verdad, son los ejemplos que utilizamos para probar que esto no es lo que la naturaleza ha producido, sino lo que la bendición ha consagrado; y que mayor es la fuerza de la bendición que la de la naturaleza, pues por la bendición se cambia la misma naturaleza!. (San Ambrosio. Tratado sobre los Misterios 50)

Lo afirma el mismo Señor Jesús: Esto es mi cuerpo (Mt 26,26). Antes de la bendición con las palabras celestiales se le llama con otro nombre; después de la consagración significa Cuerpo. El mismo Jesús dice que es su sangre. Antes de la consagración se llama otra cosa; después de la consagración se denomina Sangre. Y tú dices: «Amén», es decir, «Es verdad». Lo que habla la boca, reconózcalo la mente en su interior; lo que la palabra pronuncia, que lo reafirme el corazón. (San Ambrosio. Tratado sobre los Misterios 54)

Con estos sacramentos, pues, alimenta Cristo a su Iglesia; con ellos se corrobora la sustancia del alma y, con razón, viendo el progreso de la gracia que contiene, … Con ello significa que en ti debe permanecer sellado el misterio, que no sea violado por las obras de una vida mala, ni la castidad por el adulterio, ni que se divulgue entre aquellos a quienes no conviene, ni se esparza con gárrula locuacidad entre los pérfidos. Buena debe ser, pues, la custodia de tu fe, a fin de que permanezca incólume la integridad de la vida y del silencio. (San Ambrosio. Tratado sobre los Misterios 55)

Poco más podemos decir sobre el asunto después que al elocuencia de San Ambrosio nos indicara tan sabiamente qué es la Eucaristía.

domingo, 7 de junio de 2009

Sacramentos laicos

Este viernes pasado leí un artículo de opinión publicado en el diario español “El Mundo”: Laicos sacramentos, que pueden leerlo pulsando sobre le título antes referido .

El autor reclama la institución de sacramentos laicos a la imagen de los cristianos para ser celebrados por quienes no tienen fe. Así mismo, pide que la Iglesia abra sus templos para celebrar estos sacramentos laicos porque “Ellos tienen el marco incomparable y la liturgia: alfombras, cirios, ropones, músicas apropiadas y la epístola de San Pablo”. Adicionalmente indica que estas celebraciones litúrgicas sacramentales laicas son una conquista de los laicos.

Leyendo el artículo me dí cuenta del la tremenda ignorancia que acumula nuestra sociedad, que se dice de raíces cristianas.

Para describir qué es un sacramento utilizaré como referencia el libro “Los sacramentos, símbolos del espíritu” escrito por Josep M Rovira Belloso.

Podemos empezar por su propio nombre. Sacramento proviene de la unión de la palabra sacrum al sufijo –mentum. Este sufijo significa medio, instrumento. Por lo tanto nos daría que un sacramento es un medio o instrumento sagrado. Si sabemos que la sacralidad es el camino que nos comunica con Dios, los sacramentos serían los medios o instrumentos que ejecutan o posibilitan esta unión.

Para los primeros Padres de la Iglesia, los sacramentos se denominaban “Mysteriom”, misterios en el sentido de lo que excede nuestra capacidad de compresión. Todavía los denominan de esta forma nuestros hermanos ortodoxos. Decía Orígenes que “Todo lo que nos llega (por parte de Dios), nos llega como misterio” [1]. Misterio que se revela como signo, que nos da noticia del símbolo implícito que une la realidad cotidiana con la divinidad, con Dios.

Orígenes nos dice que “La ley del “Mysterion” es la del descenso de lo invisible a lo visible, de lo eterno a lo contingente, como si el Logos eterno se hiciese sensible a través de la voz que resuena: ‘A través de la misma voz se entregan al alma dos cosas a la vez: la letra y el espíritu’.

En el tratado sobre los Sacramentos de San Ambrosio de Milán podemos ver como constantemente une las escrituras con la liturgia de los sacramentos; como si una fuera reflejo de la otra y viceversa. Para el, las acciones y signos que se muestran en la liturgia sacramental son símbolos de la palabra de Dios encarnada y revelada por medio de las escrituras. Sacramento y escritura forman una unidad indisoluble que sacraliza y consagra a quienes participan conscientemente.

Para San Ireneo de Lyon los sacramentos cristianos provienen del designio divino de salvación. Los sacramentos son la divina dispensación -oikoiomia- en la cual el don invisible de Dios desciende, se hace presente y se manifiesta comunicándose a los seres humanos mediante signos visibles.

Entonces ¿Qué sentido tiene un sacramento laico? Después de lo explicado este invento de la “progresía contemporánea” es absurdo desde todo punto de vista.
¿Qué sentido tiene que la Iglesia permita que en sus templos se desarrollen ceremonias pseudosacramentales laicas, como el autor del artículo pide? No tiene ningún sentido, ya que para quienes puedan asistir a estos actos el simbolismo y sacralidad del templo es un simple decorado que da prestancia a un acto sin sentido.

En resumen: vacuidad. Las apariencias aparecen como fines y por eso es necesario que existan independientemente de que estén justificadas o no. Búsqueda de lo que nos falta sin aceptar el compromiso que viene adjunto. Incultura e ignorancia reclamadas como derechos y defendidas como conquistas.

Que Dios nos ayude a enderezar esta sociedad.

[1] Corpus Berolinense, 6-314.
[2] In Psalmum 76, 19

sábado, 23 de mayo de 2009

Las definiciones que se dan de Dios son inadecuadas. Sacramentos.

Dice Juan el apóstol, refiriéndose al invisible e inexpresable seno de Dios: «A Dios nadie le vio jamás, pero el Dios unigénito, el que está en el seno del Padre, éste lo explicó» (Jn 1, 18ss).

Por eso algunos lo llamaron abismo, pues aunque abarca y contiene en su seno todas las cosas, es ininvestigable e interminable. Que Dios es sumamente difícil de aprehender se muestra en el discurso siguiente: Si la causa primera de cualquier cosa es difícil de descubrir, la causa absoluta y suprema y más originaria, siendo la causa de la generación y de la continuada existencia de todas las demás cosas, será muy difícil de describir. Porque ¿cómo podrá ser expresable lo que no es ni género, ni diferencia, ni especie, ni individuo, ni número, así como tampoco accidente o sujeto de accidentes? No se le puede llamar adecuadamente «el Todo», porque el todo se aplica a lo extenso, y él es más bien el Padre del todo. Ni se puede decir que tenga partes, porque lo Uno es indivisible, y por ello es también infinito, no en el sentido de que sea ininvestigable al pensamiento, sino en el de que no tiene extensión o limites. Como consecuencia, no tiene forma ni nombre. Y aunque a veces le demos nombres, éstos no se aplican en sentido estricto: cuando le llamemos Uno, Bien, Inteligencia, Ser en sí, Padre, Dios, Creador, Señor, no le damos propiamente un nombre, sino que, no pudiendo otra cosa, hemos de usar estas apelaciones honoríficas a fin de que nuestra mente pueda fijarse en algo que no ande errante en cualquier cosa.

Cada una de estas denominaciones no es capaz de designar a Dios, aunque tomadas todas ellas en su conjunto muestran la potencia del Omnipotente. Las descripciones de una cosa se dicen con referencia a las cualidades de la misma, o a las relaciones de ésta con otras: pero nada de esto puede aplicarse a Dios. Dios no puede ser aprehendido por ciencia demostrativa, porque ésta se basa en verdades previas y ya conocidas, pero nada es previo al que es inengendrado. Sólo resta que el Desconocido llegue a conocerse por gracia divina y por la Palabra que de él procede. Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, recuerda que Pablo habló de este modo: «Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: "Al Dios desconocido". Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar» (Hch 17, 22-23). (
Clemente de Alejandría, Stromata, 5, 81,2-82,4)

Dios solo puede ser conocido por medio de la Gracia Divina y de la Palabra que de Él procede. Esta afirmación de Clemente define sin duda que todo intento de acceder a Dios por nosotros mismos está condenado al fracaso. Solo Dios puede revelarse a nosotros.

Dios excluye cualquier demostración o definición que provenga de nosotros. Pero Dios se manifiesta en la creación y esa manifestación nos permite conocerle. La naturaleza forma parte del domino sagrado cuando nos da noticia de Dios. Dios también se manifiesta por medio de la Palabra, de Jesús, por lo que podemos también obtener noticia de Dios gracias a todo lo que Jesús nos legó. Las escrituras se muestran como parte importante de lo sagrado.

¿Dónde más podemos buscar a Dios? Lo podemos buscar en la Gracia que nos dona a cada uno de nosotros. Esta gracia constituye en si misma una impresionante teofanía, una manifestación de Dios. La gracia se recibe de muchas formas pero es mediante los sacramentos como más fácilmente anida en nosotros:

Recuerda, pues, que has recibido el signo espiritual, el Espíritu de sabiduría e inteligencia, el Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu de conocimiento y de piedad, el Espíritu de temor santo, y guarda lo que has recibido. Dios Padre te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón la prenda del Espíritu (San Ambrosio de Milán, Los Misterios. 7,42)


¿Pero qué es un sacramento y cómo nos comunica con Dios?


La dimensión simbólica es la puerta de acceso a la sacramentalidad cristiana: "El simbolismo sacramental, al menos en su estado rudimentario, se remonta en definitiva a los orígenes de la Iglesia. Su aparición, muy primitiva, explica en gran medida el uso de la palabra mysterion que sirve para designar los ritos cristianos". Estos "ritos cristianos" tienen por finalidad la celebración del misterio de Cristo y, en concreto, el misterio de la muerte y de la resurrección de Jesús, Señor, dentro de la Fe cristiana. Estos ritos consisten en oraciones, lecturas y acciones litúrgicas simbólicas, las cuales sólo llegan a conocer ya comprender los iniciados. (Josep M Rovira Belloso, Los sacramentos, símbolos del espíritu)

Por medio de esa gracia conocemos personalmente a Dios y nos unimos a El… unir y conformar una unidad trascendente es la principal característica que define al símbolo sagrado, por lo tanto los sacramentos son símbolos sustanciales de Dios. Además, si ampliamos el símbolo hasta nosotros mismos, nos hacemos también símbolos de Dios.

Quizás sea San Ireneo de Lyon el Padre de la Iglesia que más ha profundizado en el sentido de comunicación y unión con Dios que contienen los sacramentos:

Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina.

Dios, que "habita una luz inaccesible" (1 Tm 6,16) quiere comunicar su propia vida divina a los hombres libremente creados por él, para hacer de ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos (cf. Ef 1,4-5). Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas.

El designio divino de la revelación se realiza a la vez "mediante acciones y palabras", íntimamente ligadas entre sí y que se esclarecen mutuamente. Este designio comporta una "pedagogía divina" particular: Dios se comunica gradualmente al hombre, lo prepara por etapas para acoger la Revelación sobrenatural que hace de sí mismo y que culminará en la Persona y la misión del Verbo encarnado, Jesucristo
. (
Sobre San Ireneo de Lyón, tomado de la web: http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=5105 )


Aunque para muchos, los sacramentos son solo signos que dan noticia de la presencia de Dios, es necesario ser conscientes de que contienen algo más la información de esta presencia. Mediante los sacramentos podemos “sintonizamos” con Dios y así predisponernos a actuar en sinergia con todo lo que nos rodea, para beneficio del plan de Dios.

Por esta razón la confesión y la eucaristía han sido la columna de apoyo de gran cantidad de santos y virtuosos en la historia de la Iglesia. Y por la misma razón, estos sacramentos deberían ser columna de apoyo para cada uno de nosotros.
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