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sábado, 20 de febrero de 2016

Libertad y lo sagrado


¿Somos realmente libres? Para ser libre necesitamos de dos características que no abundan en la mayoría de los seres humanos: conocimiento y voluntad. La ignorancia y la apatía, nos conducen directamente a la esclavitud del pecado. ¿Por qué?

San Gregorio de Niza nos habla del pecado original en unos términos que son muy claros e iluminadores. Nos dice que antes de pecar, el ser humano tenía tres privilegios frente a los demás seres irracionales: la inmortalidad, una voluntad única, unida a la Voluntad de de Dios y el conocimiento del rostro de Dios. Adán y Eva escuchan el llamado de Dios y ellos respondían. El diálogo entre creador y criatura daba sentido a cada instante de la vida de nuestros primeros padres. El pecado se sustancia a través de la desconfianza y la envidia que la serpiente cultiva en el corazón de Adán y Eva. Cuando comen del fruto prohibido se cumple el vaticinio de la serpiente, son como dioses, es decir independientes, pero se dan cuenta del gran engaño. Nadie pone a un niño de 3 meses a dirigir una gran empresa. ¿Por qué? 

Porque desconoce todo lo que le rodea y su voluntad sucumbe a sus pasiones. Una vez se rompe el diálogo con Dios, sus decisiones no necesitan del conocimiento de la Verdad y su voluntad deja de verse fortalecida por la Voluntad de Dios. Lo que compraron como una "ascenso" al infinito, fue simplemente una terrible trampa. Estaban solos a merced de las leyes de su naturaleza animal y no tenían conocimiento ni voluntad para obrar el bien. Eran presa fácil de la serpiente, pero Dios tuvo misericordia y les regaló algo maravilloso: la sacralidad. Lo sagrado es el vehículo de comunicación que tenemos para acercarnos a Dios y recibir conocimiento y voluntad a través de la Gracia de Dios. Esta es la razón por la que los signos sagrados nos enlazan, religan, reconectan con Dios. Pero ¿Que sucede cuando nuestra religión olvida lo sagrado y se queda únicamente en lo inmanente?

El creyente medio actual, no es capaz de entender la importancia de lo sagrado. Las razones son diversas, pero habría que empezar por indicar que no se puede entender y dar valor a aquello que no nos han enseñado y de lo cual no tenemos vivencia alguna. Hoy en día la formación y la práctica religiosa, están siendo sustituidas por el activismo socio-cultural y por diversas formas de asociacionismo intraeclesial. Los creyentes siguen creyendo en Dios, pero no son capaces de comunicarse con Él, lo que les hace pensar que Dios está demasiado lejos y delega todo en la misma ignorancia e indiferencia que tenemos en nosotros mismos. Esto permite la aparición de muchos segundos salvadores que ofrecen versiones actualizadas de la religión y la vida espiritual. Formas que parten de transformar la religión para que se adapte a la voluntad creyente y no a propiciar la conversión que hace que el creyente se adapte a la Voluntad de Dios.

Los signos sagrados parecen destinados a guardarse en museos y rellenar tratados que pueblen las bibliotecas. Sólo tenemos que ver cualquier visita del Papa a un país y nos daremos cuenta que los momentos más importantes son los lúdico-emotivo-sociales. Los momentos en que los estadios se llenan y las bandas modernas comparten escenarios con testimonios de marketing emotivo, destinados a emocionar a quien los vea. No se intenta enseñar a comprender ni tampoco se busca ayudarnos a unir nuestra voluntad a la Voluntad de Dios. Incluso los actos litúrgicos tienen como escenarios las plazas, estadios o aeropuertos, olvidando que los espacios sagrados son los más adecuados. La Liturgia a veces deja mucho que desear, llegado a producirse abusos litúrgicos con facilidad.

Es fácil darse cuenta que separados de Dios somos más fácilmente esclavizados por estos segundos salvadores y sus ayudantes. Separados de la Belleza, la Bondad y la Verdad no podremos ir demasiado lejos en nuestro camino cotidiano. Al final alguna persona nos dirá que nos dejemos de tontería y nos dediquemos a ayudar a las demás personas. Si les preguntamos por la forma en que le tenemos que ayudar nos leerán una lista de acciones y actividades, pero en ellas seguro que Dios no aparece ni por asomo. Si nos atrevemos a decir que para comunicar amor a nuestros hermanos, primero tenemos que estar unidos a Dios, nos mirarán como quien ve a un salvaje prehistórico, tras lo que nos calificará como rigoristas o fundamentalistas.

Cristo nos dijo que la Verdad nos haría libres, no nos dijo que la libertad se consiguiese llenado el día de acciones, planificaciones y actividades diversas. Cristo es la Camino, Verdad y Vida. Sólo es posible llegar al Padre a través de Él. ¿A qué esperamos?

miércoles, 22 de junio de 2011

Palanca de Arquímedes y la Conversión

Aquel que desea unirse con alguien debe, por supuesto, adoptar su manera de ser, imitándolo. Es pues una necesidad para el alma que desea convertirse en esposa de Cristo, hacerse conforme a la belleza de Cristo, por medio de la virtud, según el poder del Espíritu. Porque no es posible que se una a la luz aquel que no brilla con el reflejo de esta luz. Y he aprendido del Apóstol Juan: Cualquiera que tiene esta esperanza se santifica, como Cristo mismo es santo (1 Jn 3,3). El Apóstol Pablo escribe también: Sean mis imitadores como yo lo soy de Cristo (1 Co 11,1).

El alma que quiere levantar vuelo hacia lo divino y adherirse fuertemente a Cristo, debe pues alejar de sí toda falta; las que se cumplen visiblemente con las acciones: quiero decir, el robo, la rapiña, el adulterio, la avaricia, la fornicación, el vicio de la lengua, en resumen, todos los géneros de faltas visibles; y también los males que se introducen subrepticiamente en las almas, y que permaneciendo escondidos para la gente del exterior, devoran al hombre de una manera cruel: es decir, la envidia, la incredulidad, la malignidad, el fraude, el deseo de lo que no conviene, el odio, el fingimiento, la vanagloria, y todo el enjambre engañador de estos vicios que la Escritura odia, que rechaza con disgusto al igual que los pecados visibles, como si fueran de la misma ralea y generados del mismo mal. (San Gregorio de Nisa, La Meta Divina y la Vida Conforme a la Verdad Cap 1, fragmento)

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En mi comentario resaltaría la frase “hacerse conforme a la belleza de Cristo, por medio de la virtud, según el poder del Espíritu” presente en este texto de San Gregorio. Pero ¿Cómo podemos hacernos conformes a la belleza de Cristo?

Lo primero sería recordar que ya somos imagen de Dios, puesto que fuimos creados a su imagen y semejanza (Gn 1:26-27) Pero esta definición no implica que seamos copia ni iguales a Dios. Además, tras el pecado original, la imagen y semejanza ha sido drásticamente emborronada por el pecado.

Tal como dice San Gregorio, tenemos que rechazar toda falta e intentar reflejar la Luz de Dios, que es Cristo mismo (Jn 1,9) Tenemos que convertirnos. "El alma que quiere levantar vuelo hacia lo divino y adherirse fuertemente a Cristo, debe pues alejar de sí toda falta." ¿Podemos transformar nuestra naturaleza agrietada por nosotros mismos? ¿Difícil? Más bien imposible si contamos con sólo con nuestras fuerzas. ¿Cómo hacerlo entonces?  Pero: Cualquiera que tiene esta esperanza se santifica, como Cristo mismo es santo (1 Jn 3,3).

Pongamos un símil: ¿Cómo elevar un pesado fardo que excede nuestras fuerzas? Seguramente piensen en una palanca como la opción adecuada. También podemos utilizar una máquina hidráulica basada en le principio de Pascal. De todas maneras, aunque los elementos analógicos cambien, el símil es el mismo.


¿De qué partes consta una palanca? Tenemos un brazo, plancha o tablón suficientemente largo e indeformable y un sólido punto de apoyo. Colocamos la palanca de forma que la longitud entre el punto de apoyo y el peso sea menor que entre el mismo punto de apoyo de nosotros. Nuestra escasa fuerza se ejerce sobre el extremo contrario al que colocamos el fardo y... ¡Vaya! El pesado fardo sube de manera milagrosa. ¿Cómo es posible? Nuestra fuerza es la misma, pero hemos conseguido lo imposible. 


La razón del aparente "milagro" operado con la palanca es un principio universal que se estudia en física y sobre el que no voy a extenderme. Lo interesante es determinar las analogías y aprender de ellas.

“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo” decía Arquímedes. ¿Qué mejor punto de apoyo que Dios Padre? El es referencia universal y causa de todas las causas. Cristo oraba al Padre y pedía que su voluntad fuese la que viniera a nosotros. La oración al Padre es fundamento de nuestra conversión.

¿Qué será la plancha o tablón? ¿Qué representa la tenacidad, templaza y sostén de todo cristiano? El Espíritu Santo. Los dones que Dios nos ofrece por medio del Espíritu son la tabla rígida y sólida que necesitamos. ¿Pedimos a Dios los dones del Espíritu? Sin ellos poco podemos transformar en nosotros.

¿Ya está? No. Falta algo. La palanca tiene un elemento adicional que no siempre se considera: la proporción. Las distancias que existen entre fardo, punto de apoyo y el punto de aplicación de la fuerza dan lugar a dos segmentos diferentes, que sumados dan la longitud total de la plancha. No cualquier proporción de estos segmentos da lugar un resultado positivo en la labor de elevar el fardo. ¿Quién es la proporción universal que revela a Dios en el mundo? ¿Quién es la Piedra Angular de toda obra humana y divina? Cristo. ¿Dónde está Cristo? En los sacramentos, en la Palabra de Dios y en medio de nosotros cada vez que nos reunimos en Su Nombre. La frase de San Gregorio: hacerse conforme a la belleza de Cristo, toma ahora un especial significado. Imitar a Cristo es asimilar en nosotros la proporción necesaria para nuestra conversión. Sean mis imitadores como yo lo soy de Cristo (1 Co 11,1).

Bueno, alguno se preguntará ¿En dónde participamos nosotros en este símil? Participamos por medio de nuestra voluntad que es la  escasa y frágil fuerza a de la que disponemos. Irrisoria, mínima, pero imprescindible.

Hay una reflexión adicional que no se nos debe escapar ¿Podemos considerar a Dios como una herramienta a nuestro servicio? Si leemos este símil podríamos entender que la palanca está dispuesta para hacer nuestra voluntad por medio de Dios. Pero esto no es así. Dios no está para lo que queramos. Dios está presente en universo  y se hace evidente por medio de su voluntad. La voluntad de Dios es el motor inmóvil, causa primera de toda transformación.


¿Cuál es la voluntad de Dios hacia nosotros? Nuestra conversión. Nuestra transformación en herramientas perfectas. Herramientas con las que El trabaja y transforma el mundo en su Reino.


Ya nos dijo Cristo: Yo os digo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.  ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!» (LC 11, 9-13)

viernes, 17 de junio de 2011

¿Qué tiene que ver un aparato de radio con la voluntad de Dios?

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rm 12,2)

En este breve párrafo de la Epístola a los romanos, San Pablo introduce en concepto de importancia: la voluntad de Dios. Esta voluntad es la que pedimos que se cumpla en la tierra como en el cielo, cada vez que oramos con el Padre Nuestro. ¿Qué significa para nosotros esta voluntad? San Gregorio de Nisa nos ayuda en la comprensión:.

Lo que el Apóstol entiende por "la voluntad perfecta" es que el alma tome la forma de la piedad, en la medida que la gracia del Espíritu la hace florecer hasta la belleza suprema, trabajando con el hombre que sufre en su transformación.
El crecimiento del cuerpo no depende de nosotros, porque no es según el juicio del hombre ni según su agrado que la naturaleza mide su estatura: ella sigue su propia tendencia y necesidad. Por el contrario, en el orden del nuevo nacimiento, la medida y la belleza del alma - dadas por la gracia del Espíritu, que pasa por el celo de aquel que la recibe - crecen según nuestra disposición. Mientras más extiendas tu combate en favor de la piedad, también más se extenderá la estatura de tu alma, por medio de estas luchas y estos trabajos a los cuales nuestro Señor nos invita diciendo: Luchen por entrar por la puerta estrecha (Lc 13,24; ver Mt 7,13), y también: ¡Háganse violencia! Son los violentos quienes arrebatan el Reino de los Cielos (ver Mt 11,12). Y también: Aquel que persevere hasta el fin, ése se salvará (Mt 10,22). Y: Por su perseverancia tomarán posesión de sus almas (Mc 13,12). A su vez dice el Apóstol: Por la paciencia, corramos la carrera que se nos propone (Hb 12,1), y también: Corran de manera que ganen el premio (1 Co 9,24), y de nuevo: Como servidores de Dios por medio de una paciencia incansable (2 Co 6,4), etc.
Nos invita pues a correr, y a dirigir todo nuestro esfuerzo a estos combates, puesto que el don de la gracia está proporcionado a los esfuerzos de aquel que la recibe.
Porque es la gracia del Espíritu la que concede la vida eterna y la alegría inefable en los cielos; y es el amor el que por la fe acompañada de las obras, gana el premio, atrae los dones y hace gozar de la gracia. La gracia del Espíritu Santo y la obra buena concurrente al mismo fin colman con esta vida bienaventurada el alma en la que ellas se reúnen.
Al contrario, separadas, no procurarían al alma ningún beneficio. Porque la gracia de Dios es de tal naturaleza que no puede visitar a las almas que rehúsan la salvación; y el poder de la virtud humana no basta por sí solo para elevar hasta la forma de la vida celestial a las almas que no participan de la gracia. Si el Señor no edifica la casa ni guarda la ciudad, dice la Escritura, en vano vigila el guardián y trabaja el que construye (Sal 126,1). Y también: No son sus espadas las que conquistaron la tierra, no son sus brazos los que los salvaron - aun si los brazos y las espadas han servido en el combate - sino tu mano y tu brazo (oh Señor), y la luz de tu rostro (Sal 43,4).
¿Qué quiere decir esto? Que desde arriba el Señor lucha con los que luchan - y que la corona no depende solamente del trabajo de los hombres ni tampoco de sus esfuerzos -. Las esperanzas descansan finalmente sobre la voluntad de Dios.
Es necesario, pues, saber en primer lugar cuál es la voluntad de Dios; mirarla dirigiendo hacia ella todos nuestros esfuerzos; y, tendidos hacia la vida bienaventurada por el deseo, disponer en vista a esta vida nuestra propia existencia.
La "voluntad perfecta" de Dios consiste en purificar el alma de toda mancha por la gracia, elevarla por encima de los placeres del cuerpo, y que se ofrezca a Dios, pura, tendida por el deseo, y hecha capaz de ver la luz inteligible e inefable.
Entonces el Señor declara al hombre "bienaventurado": Bienaventurados los corazones puros, porque verán a Dios (Mt 5,8). Y en otra parte ordena: Sean perfectos como su Padre del cielo es perfecto (Mt 5,48).
El Apóstol exhorta a correr hacia esta perfección cuando dice: Para llevar a todos los hombres hasta la perfección en Cristo, me fatigo luchando (Col 1,28). (San Gregorio de Nisa, La Meta Divina y la Vida Conforme a la Verdad Cap 1, fragmento)
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El tema de la voluntad de Dios nos sobrepasa en cuanto a que no podemos ser conscientes de todo el plan divino. Pero si podemos acercarnos hacia la voluntad de Dios sobre nosotros.

San Gregorio habla de la transformación que nos lleva a la belleza suprema y a la visión inteligible e inefable. Pero no es con nuestra fuerza y nuestra voluntad como podemos llegar a la limpieza de corazón necesaria para ver a Dios. Nos dice que la corona no depende solamente del trabajo de los hombres ni tampoco de sus esfuerzos -. Las esperanzas descansan finalmente sobre la voluntad de Dios.

¿Podemos confiar en nuestras fuerzas y nuestra voluntad? Definitivamente no podemos hacerlo, aunque fuerza personal y voluntad sean necesarias para abrir las puertas a la Gracia de Dios. Voluntad humana y voluntad divina deben sintonizarse para que el efecto resonante produzca la transformación de nuestra naturaleza.

Comparto con usted un ejemplo real y cotidiano que espero sea ilustrativo para penetrar en este tema. Si queremos oír una emisora de radio, debemos sintonizar el aparato con la frecuencia de la emisora. Si no sintonizamos la emisora adecuada, escucharemos aquello que buscamos. ¿Qué es sintonizar una emisora? Sintonizar es simplemente transformar la naturaleza del filtro de sintonía para que “resuene” en la misma frecuencia que la emisora que deseamos escuchar. No entro en la física y electrónica interna del aparato, aunque les puedo indicar que muestran analogías muy interesantes.

Volvamos a la radio. Una vez colocada la frecuencia de resonancia del filtro en la misma frecuencia de transmisión de la emisora, como por arte de magia, aparece el sonido que buscamos y no otro. Esta analogía se ajusta perfectamente a lo que nos dice Cristo por medio de san Mateo: Sean perfectos como su Padre del cielo es perfecto (Mt 5,48). Si la sintonía es la adecuada, Dios se manifestará por medio nuestra.

Cada aparato de radio podrá sintonizar la emisora que estime importante oír. Incluso hay aparatos que solo captan ruido de fondo y niegan la existencia de emisora alguna. Nuestra voluntad es lo que nos permite estar en sintonía con Dios, como es obvio y evidente. Si estamos correctamente sintonizados, la gracia de Dios podrá transformarnos y llegar a quienes nos rodean, por medio de nuestro testimonio.

sábado, 4 de junio de 2011

Sana Traditio y Legítima Progressio

Comienzo solicitando perdón al estimado lector, por la longitud de esta entrada de blog. Sé que lo ideal es que sean cortas y evidentes, pero a veces es necesario profundizar y esto alarga el discurso. En este caso, creo que vale la pena leer el texto que traigo de San Gregorio de Niza. Si les quedan fuerzas y son benevolentes, pueden leen al final mi humilde reflexión.

Porque, hermanos míos, el santo bautismo es grande: suficientemente grande para procurar a aquellos que lo reciben con temor la posesión de las realidades inteligibles. El Espíritu es rico y no es envidioso de sus dones: se vierte siempre como un torrente en aquellos que reciben la gracia; y los Apóstoles colmados de esta gracia, han manifestado a las Iglesias de Cristo los frutos de su plenitud. En aquellos que reciben ese don con toda rectitud, el Espíritu permanece; según la medida de la fe de cada uno, él es su huésped; él opera con ellos y construye en cada uno el bien, según la proporción del celo del alma en las obras de la fe.

El Señor lo dijo a propósito de la mina: la gracia del Espíritu Santo se da a cada uno en vista a su trabajo, es decir, para el progreso y crecimiento de aquel que lo recibe. Porque es necesario que el alma regenerada sea alimentada por el poder de Dios hasta la medida de la edad del conocimiento en el Espíritu; está, pues, irrigada con generosidad por la savia de la virtud y el enriquecimiento de la gracia (ver Lc 19,23).

El alma que ha sido regenerada por la potencia de Dios debe nutrirse del Espíritu hasta el límite de la edad intelectual, irrigada continuamente por el sudor de la virtud y por la abundancia de la gracia.

El cuerpo del niño recién nacido no permanece mucho tiempo en la edad más tierna, sino que es fortificado por los alimentos corporales, crece según la ley de la naturaleza, hasta la medida que le es dada. Algo parecido se produce en el alma que recién renació: su participación en el Espíritu anula la enfermedad que había entrado con la desobediencia, y renueva la belleza primitiva de la naturaleza. El alma así renacida no permanece siempre niña, incapaz, inmóvil, dormida en el estado en el cual estaba en su nacimiento; sino que se nutre con los alimentos que le son propios, y hace crecer su estatura por medio de diversos ejercicios y virtudes, según las exigencias de su naturaleza. Por el poder del Espíritu y mediante su propia virtud, se volverá inexpugnable para los ladrones invisibles que lanzan contra las almas sus innumerables invenciones.

Es necesario pues, progresar siempre hacia el "hombre perfecto", según estas palabras del Apóstol: Hasta que alcancemos todos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al "hombre perfecto", a la medida de la edad de la plenitud de Cristo; a fin de que no seamos más niños, sacudidos y llevados por cualquier viento de doctrina según los artífices del error; sino viviendo según la verdad, crezcamos en todas las cosas hacia Aquel que es la cabeza, Cristo (Ef 4,13-15). Y en otro lugar el mismo Apóstol dice: No se conformen al mundo presente, sino transfórmense renovando su mente, a fin de discernir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto (Rm 12,2). (San Gregorio de Nisa, La Meta Divina y la Vida Conforme a la Verdad Cap 1, fragmento)

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Es hermoso el símil que utiliza San Gregorio para referirse al alma. No tiene desperdicio todo lo que indica. Permítanme quedarme con el leitmotiv de todo el párrafo: el bautismo como inicio del crecimiento-progreso del alma hacia un hombre nuevo.

¿Progreso? Seguramente alguno se santiguará al encontrarse con esta palabra. Ciertamente es una palabra que ha sido utilizada de manera inadecuada para el engaño de muchos de nosotros. San Gregorio nos advierte precisamente de este hecho al hablar de “los ladrones invisibles que lanzan contra las almas sus innumerables invenciones.”

Progresar se suele entender hoy en día como sinónimo de ruptura relativista. Parece que nada que tenga cimiento en la tradición pueda conllevar progreso. No teman, avanzar-progresar para San Gregorio no es sinónimo ruptura sino de conversión. Dice san Gregorio: “Es necesario pues, progresar siempre hacia el "hombre perfecto"  Este es el verdadero progreso, renovación e innovación que tenemos oportunidad de vivir en el día a día.

¿A qué conversión se refiere? Nos dice San Gregorio:”Hasta que alcancemos todos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al "hombre perfecto", a la medida de la edad de la plenitud de Cristo”. 

¿Cómo se produce la conversión? Por medio de ”la gracia del Espíritu Santo se da a cada uno en vista a su trabajo, es decir, para el progreso y crecimiento de aquel que lo recibe”.

Es evidente que la conversión conlleva un progreso que no se manifiesta como ruptura de nuestra naturaleza. Todo lo contrario. Se manifiesta como integración, unidad y plenitud de nuestra naturaleza, por medio de la Gracia de Dios.

Creo que todos somos conscientes del entendimiento del progreso como ruptura que asume la periferia eclesial.  Esta ambivalencia de significados nos causa muchos problemas de comunicación que se sustancian en desunión. 

Sin un concepto adecuado con el que transmitir la acción renovadora de la conversión interna, tendemos a quedarnos en un peligroso tipo de quietismo que nos atenaza y nos impide entender que el Espíritu Santo es capaz de manifestarse de múltiples y nuevas formas. Formas que no reducen, dispersan, destruyen y rompen, sino que integran, unen, renuevan y dan plenitud al ser humano y a la Iglesia.

Si no utilizamos las palabras progreso, renovación o innovación ¿Cómo denominar a la evidencia externa de la conversión que lleva al hombre nuevo? Desde mi humilde punto de vista, tenemos un serio problema de comunicación que aparece cada vez que se habla de progreso dentro de la Iglesia.

Les pongo un ejemplo con la frase “sana traditio y legítima progressio” que reseñó el Santo Padre en la carta leída con ocasión de las celebraciones del centenario de fundación del Pontificio Instituto de Música Sacra.

Dice el Santo Padre: “la liturgia, y en consecuencia la música sacra "vive de una relación correcta y constante entre sana traditio y legítima progressio”, teniendo bien presente que estos dos conceptos se integran mutuamente porque “la tradición es una realidad viva, que por ello incluye en sí misma el principio del desarrollo, del progreso”.

¿Podemos entender este progreso del que nos habla el Santo Padre sin pensar en nada que rompa, desuna y destruya? Creo que es imprescindible. Además debemos cuidar no entender la frase desde las dos posturas extremas que tanto daño nos causan:

  • Un cheque en blanco para la destrucción de la tradición. El progreso que destruye no parte de la conversión, sino de la corrupción.
  • Entender que al Espíritu Santo lo tenemos encerrado en urnas inmóviles externas a nosotros. La tradición que inmoviliza nuestro espíritu no es verdadera Tradición, sino quietismo camuflado.
Donde está el equilibrio y la divina proporción está la belleza. Dónde la belleza está presente, podemos intuir a Dios. 

No se conformen al mundo presente, sino transfórmense renovando su mente, a fin de discernir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto (Rm 12,2).

viernes, 27 de mayo de 2011

El principio de la vida cristiana: fe y bautismo

Vuelvo hoy al texto de San Gregorio de Niza, ya que tiene muchos elementos sobre los reflexionar y  encontrarnos con Cristo y la Iglesia:

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Sabemos muy bien que entre ustedes la regla de la piedad está establecida en la recta doctrina. Ustedes creen firmemente que hay un solo Dios en bienaventurada y eterna Trinidad. Este Dios no sufre absolutamente ningún cambio, sino que debe ser pensado y adorado en una sola esencia, una sola gloria y una voluntad idéntica en sus tres hipóstasis. Hemos recibido esta confesión de muchos testigos, y la proclamamos nosotros también, para gloria del Espíritu que nos lavó en la fuente del sacramento.

Sabemos que esta profesión de fe, piadosa y sin error, firmemente establecida en el fondo del alma, la tenemos en común con ustedes; y conocemos el impulso de ustedes y la ascensión de sus actos hacia el bien y la beatitud; por eso nos limitaremos a escribirles algunos breves principios de instrucción. Los elegimos entre los escritos que nos dio el Espíritu, y en muchos lugares mencionamos las mismas palabras de la Escritura, para apoyar lo que decimos sobre su autoridad y para manifestar que le estamos subordinados. Así no tendremos la impresión de abandonar la gracia de arriba para producir nosotros mismos las elucubraciones ilegítimas de un pensamiento bajo y sin valor, ni de forzar con las filosofías del exterior nuestros ejemplos de piedad, para introducirlos subrepticiamente en la Escritura después de haberlos hecho brotar de una vana presunción.(San Gregorio de Nisa, La Meta Divina y la Vida Conforme a la Verdad Cap 2, fragmento)

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La humildad de San Gregorio de Niza (330-400) nos indica cómo hemos de cuidar y venerar la Tradición de la Iglesia. Esta Tradición se recibe y se guarda como un tesoro, ya que es a través de ella, cómo podemos entender con certeza la Palabra de Dios y a la Iglesia.

Hoy en día tenemos la tendencia a creernos mejores que los propios Apóstoles e incluso que Cristo mismo. Nos arrojamos la capacidad de re-interpretar todo el legado cristiano para re-crear con libertad absoluta nuestra religión. 

Así aparecen con tanta facilidad "cristos personales" e "iglesias personales" creados a la medida de cada cual. Lo malo no es que aparezcan, sino que cada cual decide defender su "cristo personal" y su "iglesia personal" como el verdadero Cristo y la verdadera Iglesia.

El Reino de Dios solo puede venir a nosotros si estamos unidos y formamos una verdadera y única comunidad. Pensar que Dios quiere de nosotros es que cada cual piense y entienda lo que quiera, es impedirnos a nosotros mismos actuar sobre el mundo con coherencia.

Muchas veces me han preguntado por lo extraña "oración llamada Credo". En ella no se piden nada, ni se alaba, ni se ofrece nada a Dios. Es triste que tantas personas católicas, incluso practicantes y comprometidas, no sepan que el Credo no es una oración. El Credo es la profesión de nuestra Fe. Es decir, una manifestación pública y comunitaria de todo lo que nos une y fundamenta el Reino de Dios.

sábado, 21 de mayo de 2011

La Meta Divina

Si alguien aleja un poco del cuerpo la facultad de conocer, si se libera de la servidumbre de sus impresiones irracionales, y mira su alma desde arriba por medio de una reflexión sincera y pura, ése verá claramente en su misma naturaleza la caridad de Dios para con nosotros, y la voluntad del Creador hacia nosotros. En efecto, por medio de esta reflexión encontrará que existe en el hombre el impulso connatural e innato de un deseo que lo lleva hacia lo bello y lo excelente; y que existe en su naturaleza el amor impasible y feliz de esta "Imagen" inteligible y bienaventurada cuya imitación es el hombre.

Pero si el alma está despreocupada y no se mantiene en guardia contra sus distracciones, una carrera errante, de una a otra de las cosas visibles y efímeras va a seducirla y a encantarla. Con una pasión descabellada y un amargo placer la arrastrará hacia un mal temible, que nace de las voluptuosidades de la vida, y que engendra la muerte para cualquiera que se prenda de ellas.

Ahora bien, la gracia de nuestro Salvador concede, a aquellos que la reciben con un ardiente deseo, un remedio salvífico para sus almas: el conocimiento de la verdad. Por ella, la carrera errante que encantaba al hombre termina; el sentido menospreciable de la carne se apaga; el alma es conducida hacia lo divino y hacia su propia salvación por medio de la luz de la verdad: recibe la revelación del conocimiento.

Con magnanimidad, ustedes se decidieron a recibir este conocimiento. Con generosidad, ustedes dan riendas sueltas al amor de Dios, según la misma naturaleza que Dios quiso atribuir al alma. En sus actos ustedes cumplen en común lo que es propio a la "vida apostólica." Desean de nosotros una palabra que les guíe y les conduzca sin rodeos en el viaje de la vida, mostrándoles con precisión cuál es la meta de esta vida para aquellos que participan de ella — cuál es la voluntad de Dios, buena, favorable y perfecta -; cuál es el camino hacia esta meta, y cómo deben comportarse los unos hacia los otros que la recorren — cómo los superiores deben dirigir el "coro filosófico" -; y que trabajos deben asumir aquellos que quieren alcanzar la cumbre de la virtud y preparar dignamente su alma para la venida del Espíritu. (San Gregorio de Nisa, La Meta Divina y la Vida Conforme a la Verdad Cap 1, fragmento)

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San Gregorio nos habla en esta introducción de su obra “la Meta Divina” de dos elementos: la tendencia natural del ser humano hacia lo bello que es reflejo de Dios y  la Gracia, que nos lleva hacia el conocimiento de la Verdad que es Dios mismo.

San Gregorio habla a aquellos que han pedido conocer qué es el cristianismo y que deben prepararse durante un buen tiempo para poder ser bautizados y recibir la Eucaristía. ¿Hemos sido también nosotros llamados? ¿Hemos decidido recibir este conocimiento? ¿Hemos dado rienda suelta al amor de Dios? ¿Deseamos la palabra que nos guía a conocer por precisión la meta de la vida?

Quizás hoy en día damos por sentado demasiadas cosas y nos parecen irrelevantes tantos misterios que se guardan dentro de la Iglesia. ¿Qué nos ha pasado?

Tal vez nos falte oración, reflexión profunda sobre nuestra vida, capacidad de escucharnos a nosotros mismos. Vivimos por caminos trazados y con objetivos marcados de antemano por políticos, sociólogos y expertos en marketing. ¿Dónde podemos encontrarnos con estas preguntas?

Nunca es tarde para plantearnos estas reflexiones. 

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Señor, danos sed de beber el agua de la vida eterna
y que sólo Tu nos puedes ofrecer.
Danos necesidad de conocer más
de Ti y profundizar en tu Palabra
Amén.

sábado, 17 de abril de 2010

Sobre las Herejias II

Volviendo a las herejías, es interesante entrelazar este asunto con las edades espirituales del ser humano. 

Hace unos días escuché al Padre Jose María Iraburu, en el programa Tiempo de Espiritualidad (Radio María), tratar de estas edades  espirituales que, a su vez, traté en este humilde blog hace unos meses: (La vid y los sarmientos)

En cada edad se interpretan y cumplen las leyes de la Iglesia de forma diferente. El niño cristiano necesita reglas claras y costumbres cíclicas para ir aprendiendo a llevar a la práctica su Fe,… aunque no comprenda realmente las razones para ello. El cristiano joven, va conociendo algunas razones cercanas o evidentes de la ley… pero continua cumpliendo otras leyes sin tener claridad total de sus razones. El cristiano adulto cumple si obligación, porque conoce las razones las ha integrado en su propia vida.

Pero el asunto de la edades espirituales da para mucho más, por lo cual es interesante leer este fragmento de San Gregorio de Niza:

«La gnosis religiosa es al comienzo luz, cuando empieza a aparecer. Pero cuanto más llega a comprender el espíritu en su caminar hacia adelante, por una aplicación cada vez más grande y perfecta, qué cosa sea el conocimiento de las realidades, y cuanto más se acerca a la contemplación, tanto más comprende que la naturaleza divina es invisible. Habiendo dejado todas las apariencias, no sólo lo que perciben los sentidos, sino lo que la inteligencia cree ver, se dirige cada vez más hacia el interior, hasta que por el esfuerzo del espíritu penetra hasta el Invisible y el Incognoscible, y allí ve a Dios. En efecto, el verdadero conocimiento de Aquel a quien está buscando y su verdadera visión consiste en no ver, porque Aquel a quien busca transciende todo conocimiento, rodeado por todas partes por su incomprensibilidad como por una tiniebla» San Gregorio de Niza

San Gregorio nos habla de un proceso de maduración de la Fe que va desde los primeros pasos hasta la plenitud. Pasa de saber sin conocer, a conocer con fundamento y después… y solo después… iniciar el camino de la contemplación que lleva más allá de todo conocimiento. Hay quienes pasan a buscar el conocimiento de lo inefable sin estar sustentados por el conocimiento de la revelación natural y sobrenatural. Esta actitud no es condenable, pero si es peligrosa… ya que si aparecen supuestas revelaciones personales que contradicen la naturaleza y la propia revelación sobrenatural, no se es capaz de discernir y separar el trigo de la paja. Llegan a parecer iluminados que dicen tener revelación directa de Dios y que esta revelación es la verdadera, aunque contradiga las demás revelaciones. 

Para ampliar la excelente clasificación del P José María, creo interesante apoyarme en la clasificación de John Fowles sobre la evolución y maduración de la Fe. Esta clasificación, tal cual la expone el autor, tiene un sesgo marcadamente sincretista y despectivo de la Fe cristiana… pero la secuencia permite determinar aspectos correctos e incorrectos de cada etapa:

> Fe primaria o indiferenciada (de 0 a 2 años aprox.): Se caracteriza por el aprendizaje acerca del bienestar en el entorno inmediato. Se desarrolla por medio de la confianza. Los padres son los principales inductores de la Fe en esta etapa.

> Fe intuitiva proyectiva (de 3 a 7 años aprox.): Padres, comunidad y catequistas entran a ser necesarios para enseñar las normas y referencias actitudinales necesarias. En esta etapa se aprende la normativa básica que nos permite ser comunidad.

> Fe mítica literal (8 a 12 años aprox.): A esta edad se tiende a entender a Dios como un ser similar a nosotros… lo que puede llevar a la disfuncionalidad de entenderlo como un compañero divertido. La opción positiva es que se comienza a entender que Dios no es algo lejano y desafectado, ya que nos acompaña y nos da las principales nociones de lo correcto y lo incorrecto por amor.

> Fe sintética convencional (desde la adolescencia aprox.): En cuanto a las disfunciones, podríamos evidenciar que se tiende a poner por encima la red social de amistades a la Fe en si misma. Se vive un cristianismo ajustado a lo que el grupo piensa y/o practica y en el caso de que el grupo se aparte de la religión o espiritualidad … se sigue al grupo por el miedo a sentirse aislado. Se empieza a ponderar el todo vale ¿Por qué no? Esto se debe a que no se disponen de referencias vivenciales y cognitivas de lo que significa la Fe. La opción correcta sería la deseable integración en un grupo juvenil cristiano que sepa apoyarse entre si para progresar en la Fe. Se empieza a preguntar por las razones de que el cristianismo sea como es y la necesidad de comprenderlo para poderlo vivir. Sería ideal que la red social en la que el joven se integra, sea comprometida y activa, ya que así podría empezar a realizar actividades caritativas y/o de apoyo pastoral-litúrgico.

> Fe individual y reflexiva (desde los 20' aprox.): Se tiene a una Fe crítica, subjetiva y personal, donde se producen pugnas entre lo relativo y lo absoluto, y se toma responsabilidad de las creencias personales. La principal disfunción es la perdida de referencias colectivas. El grupo pierde poder y la comunidad eclesial ha quedado demasiado lejos. Si no se puede vivir como se piensa se piensa como se vive. Se es contestatario y se da igual valor a todas las opciones posibles… eligiendo, como es lógico, la que más se ajusta a las necesidades de la persona. En la opción correcta, se detectan los problemas y las incoherencias entre la Fe personal, la Fe comunitaria y la Fe tradicional. Se empieza a buscar conocimiento para interpretar estas incoherencias y se es crítico con todo lo que se presente como parcialidad. Se hace necesario un proceso de formación para ir comprendiendo poco a poco que significa tener Fe.

> Fe conjuntiva: Se superan paradojas y relativismos, se trascienden los símbolos heredados de la cultura de origen. En este caso, la disfuncionalidad hace que se pierda el sentido simbólico de la Fe y con ello se pongan en cuestión la necesidad de sustentar los signos, ya que se interpretan como meras apariencias culturales. La religiosidad y la espiritualidad se ajustan a las posibilidades y deseos del momento… o desaparecen por completo. La opción correcta conlleva la capacidad de separar cultura de Revelación y entender el núcleo de la Fe. Se es capaz de contrastar las diferencias entre los distintos credos, iglesias y carismas para reconocer que la Fe es única pero claramente delimitada. Se empieza a dar valor a los signos como forma de reconocerse como perteneciente a una comunidad.

> Fe Universal: En este caso Fowler indica el sesgo disfuncional en su descripción: “Trascendente de culturas y credos. Socialmente proactivo y propositivo de ideas que rompen con lo establecido. Iluminados”. En la opción disfuncional, se termina generalizando todo y rompiendo con todo. En este estadio aparecen los “iluminados” que se creen receptores de la revelación divina, que intentan imponer su especial comprensión como la verdad universal. La opción correcta pasaría por la comprensión de los fundamentos de la Fe y la capacidad de defender sus principios ante cualquier tipo de relativismo. Se es líder por si mismo y sin la necesidad de imponerse.  

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Muchos católicos se quedan estancados en una etapa o en la transición de una a otra. Si provienen de creencias alternativas aceptadas en la juventud… intentan integrar sincréticamente estas creencias dentro de una apariencia cristiana que les permite sentirse cómodos.

Las herejías suelen adaptarse al esquema de evolución de la Fe, ya que permiten quedarse estancado en una etapa, rechazando la necesidad de evolucionar y madurar en nuestra Fe.

Se evidencia que necesitamos avanzar en el conocimiento de nuestra Fe durante toda nuestra vida y no quedarnos nunca parados en un lugar cómodo y desafectado. Este es uno de los mayores retos que tiene la Iglesia Católica en la actualidad… ayudar a madurar en la Fe a todos sus hijos y así poder superar las dificultades de la inmadurez de la Fe de tantas personas.

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Señor, líbranos de todo mal y permítenos entender tu voz que aparece en todo lo que nos rodea. Ayúdanos a tener la vela siempre encendida y el aceite para la lámpara siempre dispuesto. Sabemos que nos llamarás en cualquier momento y no podemos quedarnos dormidos.

Amén
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