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sábado, 2 de marzo de 2024

Oremos para ver más allá de nosotros mismos.

Leamos un texto del maravilloso libro, El Iconostasio, de Pavel Florensky:

Lo mismo ocurre con los iconos: son representaciones visibles de espectáculos misteriosos y sobrenaturales», según la definición de san Dionisio Areopagita. El icono es siempre más de lo que él mismo es, cuando es una visión celestial; o menos, si el icono no le abre a una conciencia el mundo suprasensible, en cuyo caso solo se le puede llamar una tabla pintada. 

Es profundamente falsa esa corriente contemporánea según la cual el arte de los iconos se debe entender como un arte antiguo, como pintura. Es falsa sobre todo porque en ese caso se le niega a la pintura su fuerza particular: también la pintura en general es o bien más o bien menos que sí misma. Toda pintura tiene la finalidad de llevar al espectador, más allá del límite de los colores y de la tela perceptibles por los sentidos, a una determinada realidad. Y entonces la obra pictórica tiene en común con todos los símbolos en general su característica ontológica básica: ser aquello que simbolizan. Pero si el pintor no ha conseguido alcanzar sus objetivos, tanto en general como en el caso de un espectador en concreto, y la obra no conduce más allá de si misma a ningún lugar, entonces no se puede ni siquiera hablar de ella como de una obra de arte. En este caso decimos que no son más que garabatos, un fracaso, y cosas por el estilo. 

Ahora bien, el icono tiene como fin conducir la conciencia al mundo espiritual, de mostrar "espectáculos misteriosos y sobrenaturales". Si según la apreciación y, más precisamente, la intuición del espectador este objetivo no se consigue y en él no se despierta ni siquiera una vaga sensación de la realidad de otro mundo, del mismo modo que el olor a yodo con el que las algas impregnan el aire nos avisa de la presencia de mar, en ese caso solo podríamos decir de este icono que no forma parte de las obras de la cultura y que su único valor es material, y en el mejor de los casos, arqueológico. (Pavel Florensky. El Iconostasio. El templo, altar y el iconostasio)


Pavel Florensky fue un sacerdote ortodoxo, que vivió la entrada del comunismo en su país: Rusia. Fue matemático, profesor de universidad y predicador de una fe que casi ha desaparecido en la actualidad. Le propongo que piense en lo que Pavel nos indica, que generalizando su mensaje en toda obra que hagamos para mayor gloria de Dios. Sólo pensemos en un icono sagrado, sino en lo que escribimos, decimos o vivimos. Este mismo blog, aunque sea profundamente humilde y pequeño, intenta señalar la presencia de Dios en todo y todos. Una presencia trascendente que intenta ser imagen de Cristo mismo. Quiera el Señor ayudarnos a reflejar su imagen a los demás, porque esa sería la mejor de todas las evangelizaciones que podemos hacer.

Habla de lo sagrado y de la trascendencia de nuestras humildes obras, es similar a pintar un icono que muestre el Misterio de Dios entre nosotros. No porque quien pinta, escribe o actúa, tenga la Revelación completa y profunda de Dios. Es imposible tenerla, sino porque hacemos presente a Dios, como Misterio profundo, en medio del un mundo cada día más desquiciado y destrozado. Confieso que desde hace meses, me cuesta mucho escribir en este y otros blogs. Me cuesta porque veo que lo que muestro no es capaz de impactar en el mundo, como lo hizo en los primeros días. Es como si un iconógrafo ve que su humilde obra no es capaz de mostrar a Dios a los demás. Ya nadie mira su obra y se arrodilla. Lo mismo pasa con el mejor y más maravilloso icono.

Todo se ha convertido en piezas de museo que se miran y se admiran, sin que impacten profundamente en quienes las ven. Es como un poeta que se da cuenta que la poesía ya no llega a quienes la leen. Nadie comprende el lenguaje que empleamos para mostrar el Lenguaje de Dios con nosotros. Cristo ya no es el Logos, palabra que llena de sentido. Sin duda el enemigo ha trabajado bien en rápido con nuestra sociedad. La ha hecho sorda y ciega a la presencia trascendente de Dios. Nosotros nos hemos dejado cegar y taponar los oidos. Los hemos hecho a cambio de apariencias huecas, simulacros sin sentido y ruido mediático que nos aturde.

Lo más triste de todo esto, es que nos hemos ido alejando unos de otros. Ya casi no nos reconocemos y hasta tememos ser reconocidos. ¿Cómo vamos a amarnos unos a otros como Cristo nos amó? Es imposible porque desconfiamos y recelamos. Nos está sucediendo algo similar a la Torre de Babel, en la que la soberbia de llegar a Dios con nuestras fuerzas humanas, nos destrozó. ¿Qué podemos hacer? Sin dudarlo, trabajar la unidad entre nosotros. ¿Cómo hacer que los iconos sean de nuevo comprendidos? Esto sólo puede hacerlo el Espíritu Santo, como en Pentecostés. Recemos para que vuelva a darnos la gracia de ver más allá de nosotros mismos.


martes, 29 de agosto de 2023

Y vosotros ¿Quién decís que soy Yo?

El pasado domingo se leyó un pasaje del Evangelio de San Mateo que tiene bastantes aspectos interesantes sobre las que reflexionar. Entre estos aspectos hay uno sobre el que podemos reflexionar. Nos encontramos con un "peligro" en el que caemos con mucha facilidad: la subjetivación emotiva de la Verdad. Si releemos el Evangelio veremos que Cristo pregunta primero: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? La gente indica lo que cada uno quiere creer, le gustaría que fuese o lo que es socialmente correcto. Después pregunta directamente a los Apóstoles: ¿Quién decís que soy yo?" Pedro no espera, indica lo que el Espíritu le dicta.

Devolvió el Señor la palabra al apóstol por el testimonio que dio de El: dijo Pedro: "Tú eres el Cristo, Hijo de Dios vivo" y el Señor le dijo: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan". ¿Por qué? "porque no te lo reveló la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos". Reveló el Espíritu Santo lo que no pudo revelar ni la carne ni la sangre. (San Jerónimo, tomado de la Catena Aurea Mt 16, 13-19)

El peligro que antes indicaba valorar la pregunta que hace el Señor desde la subjetividad personal y no sobre la Verdad. Pedro indicó claramente:  "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" y Cristo le dijo que "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan: porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos". Creo que esto nos deja muy claro que Pedro respondió aquello que el Espíritu Santo le reveló directamente. No es lo que Pedro piensa, siente, le parece o intuye. Es la Verdad que se manifiesta en él con el objetivo de revelarse al mundo. Mundo que siempre se siente disgustado con la Verdad y que procura esconderla detrás de cualquier tramoya, simulacro divertido y bien visto.

Es muy frecuente que se indique que "no vale" repetir lo que indicó Pedro, como si la subjetivación fuese más importante que la Verdad. Si una persona se atreve a repetir las palabras que el Espíritu reveló a Pedro, es como si no quisiera "jugar" al aplaudido juego de los simulacros. Juego al que nos encanta jugar en esta era posmoderna. 

Preguntémonos ¿Qué es Cristo para nosotros? Puede ser que nuestra respuesta nos acerque a alguna de las aplaudidas caricaturas que representan al Señor en los tiempos que vivimos. Respuesta que resalta la emocionalidad subjetiva de cada uno de nosotros. Bueno, las caricaturas son justo eso caricaturas, no la Verdad que se hace carne y habita entre nosotros. 

Quizás nos acerquemos a lo que el Espíritu Santo indicó a Pedro. Entonces estaremos algo más cerca de la mano tendida que nos ofrece Cristo. La mano tendida que nos ayuda a salir de la sociedad líquida que nos ahoga. Tendríamos que preguntarnos si somos una moneda con el signo del Cesar o de Cristo. De esto podríamos hacer una nueva pregunta ¿Qué son los sacramentos para nosotros? ¿Son una costumbre o un signo sagrado que nos marca?

En nuestra sociedad posmoderna impera la cultura de la cancelación y esto también repercute en la Iglesia. Si tenemos impreso el signo de Cristo, seguro que somos ignorados por todas las corrientes eclesiales de moda. Nos mirarán de reojo y murmurarán. Seremos invitados a desaparecer porque estorbamos. Nos ignorarán como si no existiéramos. Pero no nos sintamos mal. Si repasamos las Bienaventuranzas nos encontraremos que:

Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de Mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros.

Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mt 5, 11-16)

No desesperemos, aunque nuestro ánimo tenga momentos más o menos oscuros. Las mareas las controla el Señor. Nosotros, debemos esperar su llegada con la lámpara de la Fe encendida. Para ellos, el aceite es imprescindible: Esperanza. Esta es la clave de la espera en los tiempos que vivimos.

domingo, 28 de mayo de 2023

Los templos se convierten en museos. ¿Dónde encontrar un espacio sagrado?

Altar del templo de Nuestra Señora, Torun, Polonia

Seguramente todos hemos visto cómo los templos más antiguos y bellos, se van convirtiendo en museos. Se realizan visitas turísticas guiadas donde lo que se resaltan los aspectos profanos, estéticos e históricos. Se olvida lo más importante, el sentido del espacio sagrado como catalizador o facilitador de nuestra cercanía con Dios. Verdad, Bondad y Belleza se desligan e incluso, se enfrentan. Para el ser humano del siglo XXI son fines inconexos e independientes. Para quien cree en Dios, son caminos que nos elevan y acercan a Dios.

Sin duda, hay personas que se convierten cuando acceden a un bello templo. ¿Por qué? Porque la admiración deja la puerta de su ser abierta. El Espíritu Santo consigue desbloquear el diapasón del espíritu y hacer que vibre a la frecuencia de Dios. Sucede como cuando tenemos una copa que vibra a la frecuencia de un sonido. Pero, los templos son espacios sagrados que los fieles podemos y debemos vivir de forma activa. No creo que haya muchos templos que utilicen la belleza para evangelizar a sus propios fieles. En las catequesis no se muestra el sentido que tienen las proporciones, formas, imágenes colores, música, cantos, ceremonias y hasta los movimientos y posturas que fieles y sacerdotes tomamos o realizamos. Incluso santiguarse frente al altar, tiene un profundísimo significado que nadie nos explica y señala. Si no comprendemos, ignoramos.

Cuando somos conscientes de esto, comprendemos la razón por la que la Liturgia va haciéndose más y más socio-cultural con el tiempo. Cuando no comprendemos las razón y sentido del Tesoro Escondido, lo terminamos usando como pisapapeles. Cuando la Perla valiosa es sólo una bonita bolita, la podemos usar para jugar. Cuando el Aceite de las Vírgenes sensatas se utiliza para freír comida, no tendremos reservas para esperar al Novio. Aquí tienen una bella imagen de un Cristo en la Cruz que tomé hace una semana en la Catedral de Toruń (Polonia). Es una imagen bella, sencilla. Si se fijan, tiene un reclinatorio justo debajo de ella. ¿Por qué?

Cristo crucificado Catedral de Torun (Polonia)

Podemos mirar la belleza de la imagen y pensar en su estilo artístico, formas, colores y antigüedad. Ahora, también podemos tomar una postura diferente a la de un simple turista y acercarnos y arrodillarnos delante de Dios frente a la imagen. Arrodillados podemos mirar la imagen y orar, meditar y sobre todo, abrir nuestro ser al Espíritu Santo. Entonces, quizás, veremos que la bella escultura es imagen y semejanza de la pasión del Señor. En la crucifixión, un sorprendido centurión dijo: ...este era verdaderamente el Hijo de Dios (Mt 27,54). ¿Podríamos decir, sentir y ser conscientes de ello? 

Quizás con la ayuda del Espíritu Santo podamos hacerlo. De rodillas, simbolizamos que humildemente dejamos que Dios nos llene de su Agua Viva y Espíritu. Sólo sin nacemos de nuevo del Agua y del Espíritu podremos entrar en el Reino de Dios (Jn 3,5-7). Pero ¿Qué es el Reino de Dios? Nos dejó claro el Señor que el Reino de Dios no es de este mundo (Jn 18,36). Al Reino de Dios se llega siguiendo el Camino, la Verdad y la Vida, que es Cristo. Cada vez que rezamos el Padre Nuestro pedimos que Reino de Dios venga a nosotros y nos llene de sentido. Frente a una imagen, dentro de un bello templo y con el ser abierto al Señor, veremos la Puerta que es Cristo y cómo invita a entrar: Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos (Jn 10, 9).

Actualmente no es sencillo andar las pisadas del Señor. Nunca lo ha sido. Tenemos miles de placenteras distracciones, aficiones y motivaciones, que nos señalan otras sendas diferentes. Quizás la senda socio-cultural es la que la Iglesia promociona con más fuerza. No es una mala senda, porque ayuda a los demás. Se ayuda por filantropía, por solidaridad, por ser ellos, pero se olvida que nuestros hermanos son imagen y semejanza viva de Dios. Nunca viene mal hacer el bien. Nunca es rechazable atender los aspectos sociales y culturales. Pero hemos sido llamados para elevarnos hacia el Reino de Dios al mismo tiempo que hacemos el bien en la tierra. 

¿Está mal convertir los templos en museos y fomentar las visitas turísticas? Si se hace con respeto, está bien, pero no deja de ser limitado y limitante. Pero quizás debamos recordar que la trascendencia, la sacralidad, nos llena de sentido. ¿Dónde encontrar un espacio sagrado actualmente? Recordemos que cada uno de nosotros somos templos del Espíritu. Quizás este sea el último reducto sagrado al que podremos acceder dentro de poco.




miércoles, 21 de septiembre de 2022

Sacralidad y profundo sentido.

 

Un estupendo video. Habla de muchas cosas más que de masonería, se habla de todo lo que hemos ido olvidando al perder el vínculo sagrado. Disfrútenlo!



jueves, 31 de diciembre de 2020

2021, el año del "Great Reset"

 

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. Vino al mundo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan. Este vino como testigo, para testificar de la luz, a fin de que todos creyeran por medio de Él. Él no era la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz. Existía la luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su Nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios. (Jn 1, 1-13)

El año 2020 ha sido el año de la pandemia de COVID 19. Una pandemia que nos ha llevado a una situación muy especial en todos los órdenes de la sociedad. Cristo, que es el Logos de Dios, ya no es el inspirador de la Vida, ni el Camino ni la Verdad. La Vida es tan sólo un accidente que hay que gestionar mientras dura. No existe camino para los seres humanos, sino una infinita diversidad de senderos. Senderos que cada cual escoge según sus gustos de ideología. ¿Y la Verdad? Pilatos se preguntaba frente a la Verdad, si esta existía. Hoy vivimos inundados en mentiras y falsedades, manipuladas para que la sociedad se ajuste a lo que el sistema socio político desea.

El año 2021 se nos ofrece como el año del "Gran Reinicio" (Great Reset). El año en que todo empezará a cambiar. La sociedad tendrá que cambiar por las circunstancias que desde la OMS nos indican: se producirán más pandemias y tendremos que vivir con normativas que nos impiden acercarnos unos a otros. La virtualización de las relaciones sociales se presenta como una realidad tanto en el mundo del trabajo, como en todo tipo de relaciones humanas. El teletrabajo nos permitirá trabajar desde nuestros domicilios, haciendo que las relaciones sociales se difuminen y las concentraciones urbanas tiendan a reducirse. Mientras, la Iglesia se adhiere a la agenda socio-económica que se propone desde la ONU. sin darse cuenta de lo que conlleva para la vivencia de nuestra Fe.

El Gran Reinicio no es la panacea que nos quieren vender, ya que conlleva control social a todos los niveles. Las enclenques comunidades cristianas actuales, tenderán a difuminarse debido a que las personas nos iremos dispersando y viviendo principalmente a nivel virtual. ¿Estamos preparados para afrontar este reto? Humildemente, pienso que las estructuras eclesiales no están preparadas, sobre todo porque se sostienen en modelos que eran arcaicos en el siglo XIX. En el siglo XXI, las estructuras eclesiales puede ir desapareciendo poco a poco. Ya nos dimos cuenta de esto cuando las vocaciones empezaron a desaparecer, pero pensamos que era sólo algo coyuntural que cambiaría con los años. El Gran Reinicio reducirá más las vocaciones, mientras que los sacerdotes y religiosos serán menos, más ancianos y cada vez más alejados de los laicos. Una de las metas del "Gran Reinicio" es la estandarización de la educación. La educación  confesional en escuelas y colegios desaparecerá lentamente porque no interesa que existan diferencias en la creación de los recursos humanos.

Joseph Ratzinger ya nos indicó que el futuro de la Iglesia sería perder su relevancia social:

Demos un paso más. También en esta ocasión, de la crisis de hoy surgirá mañana una Iglesia que habrá perdido mucho. Se hará pequeña, tendrá que empezar todo desde el principio. Ya no podrá llenar muchos de los edificios construidos en una coyuntura más favorable. Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad. Se presentará, de un modo mucho más intenso que hasta ahora, como la comunidad de la libre voluntad, a la que sólo se puede acceder a través de una decisión. Como pequeña comunidad, reclamará con mucha más fuerza la iniciativa de cada uno de sus miembros. (J. Ratzinger Fe y Futuro)

¿Estamos preparando esta Iglesia irrelevante y al mismo tiempo más fiel a Cristo? Todavía no terminamos de darnos cuenta de este tsunami que tenemos a pocos metros de nosotros. Sin duda, el Espíritu Santo será quien provea de fuerza a quienes tengan que sostener las micro comunidades cristianas que irán emergiendo del caos que producirá el "Gran Reinicio" de la sociedad. En estos momentos los fieles parece que hemos perdido toda motivación religiosa.

La sacralidad tendrá que reconvertirse para permitir que los fieles tengamos acceso a los sacramentos. Quizás no sea tan fácil recibirlos en un futuro cercano. De hecho, la Confesión casi ha desaparecido, la Eucaristía se reduce por la falta de sacerdotes, las parejas ya casi no reciben el sacramento del matrimonio, los niños cada vez se bautizan menos, la unción de enfermos no abunda. Ya vivimos el inicio del "Gran Reinicio" y no terminamos de darnos cuenta de ello. Seguramente el 2021 sea un año en el que tendremos que luchar para generar un cambio de actitud dentro de la Iglesia. 

Que tengan un año 2021 lleno de bendiciones y no olviden que la santidad les espera en cada segundo de su vida.





jueves, 16 de junio de 2016

Culto, cultura y Liturgia

Hablar de Liturgia es hablar de un Misterio al que no es sencillo acercarse. Para una persona normal que se acerca a misa, hay tres esferas o dimensiones que debería considerar dentro de este Misterio:


  • Dios que se manifiesta a los seres humanos a través de los medios que ha dispuesto para ello
  • Los medios que Dios ha dispuesto para hacerse presente en medio de nosotros. Este es el espacio-tiempo de lo sagrado, que une y reúne al ser humano con Dios. De forma muy adecuada podríamos decir que nuestra religión es precisamente esto, la forma en que no re-ligamos con Dios.
  • Nosotros, usted y yo, que en la medida que comprendamos, sintamos y actuemos, podremos acercarnos a Dios a través de estos medios privilegiado.

¿Qué es la Liturgia? Podemos proponer una definición sencilla que nos sirva para introducir el tema, pero que se queda muy corta en todos los aspectos. Ya hemos dicho que es un Misterio, por lo que es imposible de definir plenamente. Liturgia es el conjunto de prácticas y reglas establecidas para la celebración del culto y las ceremonias religiosas. Ahora ¿Qué es el culto?

No crean que es sencillo definir qué es culto, ya que estamos reduciendo a unas pocas palabras una infinidad de dimensiones naturales y sobrenaturales. Culto serían las manifestaciones externas de una religión. El culto es parte importante de cualquier religión, porque es lo que nos permite evidenciar la fe de forma comunitaria. El culto tiene una relación directa con cultura.  Cultura es el conjunto de entendimientos, sentimientos y acciones que dan sentido a un grupo de personas y les permiten comunicarse y vivir, de forma unida, coherente y efectiva. El culto es cosustancial a una cultura que le da sentido.

Como católicos podemos valorar hasta donde todo esto tiene sentido para nosotros o estamos hablando de algo totalmente desconocido. Digo que es desconocido porque actualmente padecemos una serie de enfermedades sociales y espirituales que hacen que todo lo que hemos dicho antes pueda parecer de otro mundo. ¿Qué enfermedades padecemos?


  • Postmodernidad, que relativiza la cultura y nos induce a crear subculturas sin capacidad de comunicación mutua. Preferimos los grupos cerrados, en donde nos sentimos privilegiados y protegidos del “exterior”.
  • Emotivismo, que nos induce a dudar de la razón y a dale a todo un sentido emotivo en contradicción con el entendimiento y la voluntad.
  • Agnosticismo. Incluso dentro de la propia Iglesia. Creemos que Dios está tan lejos y le importamos tan poco, que le da igual todo lo que hagamos. La santidad deja de ser un objetivo y la posición social toma su lugar.


Estas enfermedades inciden en la cultura, en el culto y en la Liturgia. Hoy en día la “cultura común” se interpreta como una amenaza que nos impide ser nosotros mismos. El culto se ha degradado hasta conformar acciones socio-culturales en donde se reafirma la comunidad como una realidad en oposición a “los demás” y autoreferencial. El culto llega a ser una excusa para entablar y desarrollar relaciones sociales. La Liturgia termina por ser un espacio-tiempo creativo, que cada comunidad conforma a su imagen y semejanza. La sacralidad pierde sentido en este esquema antropocéntrico donde lo social es la dimensión relevante. De hecho el sentido de lo sagrado no existe en muchos católicos actuales.

En este momento eclesial la diversidad de culto llega a distorsionar completamente la unidad de la Iglesia. Para muchos la unidad no es más que una realidad “sentimental” que no tiene razón de partir de cultura, culto y Liturgia común. Tenemos Liturgias Tradicionales que conviven con neo liturgias muy diferentes. Tenemos ritos como el mozárabe o el Vetus Ordo que son capaces de atraer grupos más o menos limitados de personas. Tenemos el Novus Ordo, que teóricamente es el que celebramos de forma normal, pero que se celebra con integridad y coherencia pocas veces. En los ritos tradicionales prima el sentido de belleza y sacralidad. En los ritos modernos, lo importante es la componente socio-cultural que da sentido a la comunidad.

Aparte de la evidencia del culto y la Liturgia, dentro de la cultura tenemos una gran cantidad de divergencias doctrinales y de fe, que hacen que dos personas, que se dicen católicos, sean como el agua y el aceite en muchos aspectos eclesiales. Si somos muy estrictos con la definición de religión, podríamos decir que dentro de la Iglesia Católica existen muchas religiones diferentes que no siempre conviven cómodamente. Lo cierto es que la gran diversidad en el culto evidencia que no tenemos la misma cultura y esto conlleva graves problemas de comunión. A veces se dice que esto es “inculturación”, pero lo que realmente estamos haciendo es creando culturas intra-eclesiales diferentes que se cierran en sí mismas.

A todo esto ¿Dónde queda la dimensión sagrada del culto y la Liturgia? Tristemente está prácticamente olvidada. Los grupos que defienden las Liturgias Tradicionales, que guardan la sacralidad con cierta vitalidad, son vistos como peligrosos por los grupos que defienden el carácter socio-cultural de la fe y la religión. La unidad no es un camino sencillo aunque todo sea posible para el poder de Dios. Decía Benedicto XVI, en la Carta Apostólica Summorum Pontificum, “…las dos Formas del uso del Rito romano pueden enriquecerse mutuamente” y no dudo que este fue el deseo del nuestro querido Papa Emérito. Ahora, si los católicos tenemos fe y cultura diferentes, el culto y la Liturgia nunca podrán ser comunes. Dicho esto ¿Quién se atreve a reclamar una misma cultura católica sin que le tachen de dictador y de cosas más feas aún?
En la segunda década del siglo XXI, la unidad eclesial es imposible de conseguir mediante las fuerzas humanas. La unidad ya es una obra que sólo Dios puede llevar a cabo. ¿Qué podemos hacer entonces?

Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas. Es inútil que madruguéis, que veléis hasta muy tarde, que comáis el pan de vuestros sudores: ¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen! (Salmo 126)

Podemos sufrir las consecuencias de la diversidad cultural y ofrecer este sufrimiento por la unidad que tanto ansiamos unos pocos. Podemos asistir a una Liturgia que no nos resulta cómoda y ofrecer este sacrificio por el bien de nuestra amada Iglesia. Podemos hablar de este problema con otras personas, para que sean conscientes de todo lo que nos separa y que no se trata de mala voluntad mutua. Se trata de un fino y eficaz trabajo diabólico. Podemos intentar dialogar dentro de la Iglesia, para que al menos, se comprenda que no todas las personas nos sentimos alineadas con una religiosidad aparente y socio-cultural, basada en hacer de los sacramentos unos entretenidos shows.

En este momento, poco más podemos hacer. Intentar que algo de la misericordia, de la que tanto se habla,  pueda llegar a quienes estamos en una lejana y mal vista periferia existencial.

sábado, 20 de febrero de 2016

Libertad y lo sagrado


¿Somos realmente libres? Para ser libre necesitamos de dos características que no abundan en la mayoría de los seres humanos: conocimiento y voluntad. La ignorancia y la apatía, nos conducen directamente a la esclavitud del pecado. ¿Por qué?

San Gregorio de Niza nos habla del pecado original en unos términos que son muy claros e iluminadores. Nos dice que antes de pecar, el ser humano tenía tres privilegios frente a los demás seres irracionales: la inmortalidad, una voluntad única, unida a la Voluntad de de Dios y el conocimiento del rostro de Dios. Adán y Eva escuchan el llamado de Dios y ellos respondían. El diálogo entre creador y criatura daba sentido a cada instante de la vida de nuestros primeros padres. El pecado se sustancia a través de la desconfianza y la envidia que la serpiente cultiva en el corazón de Adán y Eva. Cuando comen del fruto prohibido se cumple el vaticinio de la serpiente, son como dioses, es decir independientes, pero se dan cuenta del gran engaño. Nadie pone a un niño de 3 meses a dirigir una gran empresa. ¿Por qué? 

Porque desconoce todo lo que le rodea y su voluntad sucumbe a sus pasiones. Una vez se rompe el diálogo con Dios, sus decisiones no necesitan del conocimiento de la Verdad y su voluntad deja de verse fortalecida por la Voluntad de Dios. Lo que compraron como una "ascenso" al infinito, fue simplemente una terrible trampa. Estaban solos a merced de las leyes de su naturaleza animal y no tenían conocimiento ni voluntad para obrar el bien. Eran presa fácil de la serpiente, pero Dios tuvo misericordia y les regaló algo maravilloso: la sacralidad. Lo sagrado es el vehículo de comunicación que tenemos para acercarnos a Dios y recibir conocimiento y voluntad a través de la Gracia de Dios. Esta es la razón por la que los signos sagrados nos enlazan, religan, reconectan con Dios. Pero ¿Que sucede cuando nuestra religión olvida lo sagrado y se queda únicamente en lo inmanente?

El creyente medio actual, no es capaz de entender la importancia de lo sagrado. Las razones son diversas, pero habría que empezar por indicar que no se puede entender y dar valor a aquello que no nos han enseñado y de lo cual no tenemos vivencia alguna. Hoy en día la formación y la práctica religiosa, están siendo sustituidas por el activismo socio-cultural y por diversas formas de asociacionismo intraeclesial. Los creyentes siguen creyendo en Dios, pero no son capaces de comunicarse con Él, lo que les hace pensar que Dios está demasiado lejos y delega todo en la misma ignorancia e indiferencia que tenemos en nosotros mismos. Esto permite la aparición de muchos segundos salvadores que ofrecen versiones actualizadas de la religión y la vida espiritual. Formas que parten de transformar la religión para que se adapte a la voluntad creyente y no a propiciar la conversión que hace que el creyente se adapte a la Voluntad de Dios.

Los signos sagrados parecen destinados a guardarse en museos y rellenar tratados que pueblen las bibliotecas. Sólo tenemos que ver cualquier visita del Papa a un país y nos daremos cuenta que los momentos más importantes son los lúdico-emotivo-sociales. Los momentos en que los estadios se llenan y las bandas modernas comparten escenarios con testimonios de marketing emotivo, destinados a emocionar a quien los vea. No se intenta enseñar a comprender ni tampoco se busca ayudarnos a unir nuestra voluntad a la Voluntad de Dios. Incluso los actos litúrgicos tienen como escenarios las plazas, estadios o aeropuertos, olvidando que los espacios sagrados son los más adecuados. La Liturgia a veces deja mucho que desear, llegado a producirse abusos litúrgicos con facilidad.

Es fácil darse cuenta que separados de Dios somos más fácilmente esclavizados por estos segundos salvadores y sus ayudantes. Separados de la Belleza, la Bondad y la Verdad no podremos ir demasiado lejos en nuestro camino cotidiano. Al final alguna persona nos dirá que nos dejemos de tontería y nos dediquemos a ayudar a las demás personas. Si les preguntamos por la forma en que le tenemos que ayudar nos leerán una lista de acciones y actividades, pero en ellas seguro que Dios no aparece ni por asomo. Si nos atrevemos a decir que para comunicar amor a nuestros hermanos, primero tenemos que estar unidos a Dios, nos mirarán como quien ve a un salvaje prehistórico, tras lo que nos calificará como rigoristas o fundamentalistas.

Cristo nos dijo que la Verdad nos haría libres, no nos dijo que la libertad se consiguiese llenado el día de acciones, planificaciones y actividades diversas. Cristo es la Camino, Verdad y Vida. Sólo es posible llegar al Padre a través de Él. ¿A qué esperamos?

miércoles, 23 de septiembre de 2015

¿Quién puede ver a Dios? ¿Dónde encontrar a Dios?

Hoy en día la fe católica se ve amenazada por una gran diversidad de formas relativizantes de entenderla. Podríamos decir que el creyente medio tiene la fe en la existencia de Dios, pero lo entiende como un dios lejano o un ídolo-herramienta personal. Hemos perdido el vínculo de la sacralidad. El Misterio Cristiano es desconocido o ignorando. Lo sagrado ya no nos permite acercarnos a Dios e intentar que Dios viva en nosotros. Arrinconamos lo sagrado en museos y admiramos únicamente la estética de su realización humana. Nos importa su historia y su valor, que la puerta a la trascendencia que lleva consigo. Ya no somos capaces de ver la cerradura que abre nuestra alma para que la Luz de Dios entre en nosotros.

El hombre por sí mismo no puede ver a Dios; pero Dios, si quiere, puede manifestarse a los hombres: a quien quiera, cuando quiera y como quiera. Dios, que todo lo puede, fue visto en otro tiempo por los profetas en el Espíritu, ahora es visto en el Hijo gracias a la adopción filial y será visto en el Reino de los Cielos como Padre. En efecto, el Espíritu prepara al hombre para recibir al Hijo de Dios, el Hijo lo conduce al Padre, y el Padre en la vida eterna le da la inmortalidad, que es la consecuencia de ver a Dios. Pues del mismo modo que quienes ven la luz están en la luz y perciben su esplendor, así también los que ven a Dios están en Dios y perciben su esplendor. Ahora bien, la claridad divina es vivificante. Por tanto, los que  contemplan a Dios tienen parte en la vida divina. (San Ireneo de Lyon. Contra las Herejías, libro IV, 20, 4- 5)

¿Vemos el esplendor a Dios en nosotros, en quienes nos rodean y en todo lo creado por Él? Más bien no. Hemos reducido a Dios a la imagen que está impresa en nuestro hermano, pero aún así, lo que nos importa es sentirnos útiles y se bien vistos cuando obramos filantrópicamente.

Podemos fijarnos en la próxima misa en las actitudes de quienes estamos allí. ¿Cuántas personas se arrodillan en la Consagración? Pocas, por desgracia. ¿Cuántas personas se arrodillan para recibir la Eucaristía? Nadie, porque rara vez nos permiten hacerlo. Para la mayoría de los sacerdotes, lo importante es terminar la misa rápido.

Somos capaces de ver a Dios en los espacios sagrados? ¿Somos capaces de vivir el tiempo sagrado de la Liturgia, para participar de la vida divinidad? San Ireneo nos invita a vivir el sentido sagrado de nuestra existencia cotidiana, pero ya no somos capaces de entender qué nos quiere decir.

No se trata de desvelar un enigma y ver a Dios como algo escondido: “el Espíritu prepara al hombre para recibir al Hijo de Dios, el Hijo lo conduce al Padre, y el Padre en la vida eterna”. El Misterio no es un enigma, algo secreto a descubrir con nuestras fuerzas e inteligencia. El esoterismo no es compatible con el cristianismo aunque a veces nos vendan que sí lo es. El Misterio Cristiano parte de nosotros mismos que dejamos a Dios actuar en nosotros. Es el Espíritu quien nos prepara y acondiciona para ver a Dios. Nosotros le dejamos actuar, adecuarnos y santificarnos.


El Espíritu es quien nos permite entrar en la Luz, que es el Logos, Cristo. Dios nos permita dejar que el Espíritu nos lleve hasta Cristo y entonces ver su Luz y dejarnos transformar por Ella.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Yo soy la puerta

Y Jesús les dijo otra vez: "En verdad, en verdad os digo que yo soy la puerta de las ovejas. Todos cuantos vinieron, ladrones son y salteadores, y no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta: quien por mí entrare será salvo, y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y para matar y para destruir. Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en más abundancia. (Jn 10,7)

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Realmente se echa de menos el sentido simbólico en la construcción de los templos contemporáneos. El tímpano de muchas portadas románicas y góticas, Cristo aparecía en el centro de las portadas, recordándonos que el El es la puerta y que solo a través suya podemos acceder a la salvación.

Únicamente quienes hubieran sido bautizados podían traspasar la portada. Los catecúmenos y penitentes debían quedarse en el nartex (espacio previo) sin traspasar la portada, hasta el momento en que fuesen bautizados o cumplieran la penitencia. Desde el nartex podían contemplar la portada, reflexionar sobre su significado y escuchar las catequesis preparatorias. Quien traspasaba el nartex, ya era consciente de qué significaba la figura de Cristo como Puerta de nuestra salvación.

Hoy en día traspasamos el nartex de estas antiguas iglesias sin llegar a imaginarnos qué sentido tenía ese maravilloso sinsetido vestido de arte. Las portadas se han convertido en obras admiradas estéticamente y al mismo tiempo, algo sin más sentido que el disfrute estético.

¿Cómo era posible que en la edad media las personas iletradas supieran leer lo que el artista les comunicaba y hoy en día muy pocas personas son capaces de hacerlo?

La respuesta es fácil: la formación. Curiosamente, en el pasado se enseñaba a los fieles a entender el universo simbólico que conforma nuestra religión... mientras que hoy en día parece darnos vergüenza ir más allá de la practicidad caritativa. Caridad que es crucial e importantísima... siempre que se entienda y se viva desde los fundamentos cristianos.

En una sociedad que desprecia el lenguaje simbólico y se atiene a la practicidad como regla de diseño... es lógico entender porque nuestros templos que no son más que estéticas salas de reunión. Nos hemos acostumbrado a celebrar los sacramentos en recintos funcionales desprovistos de elementos sagrados. Tras terminar la celebración, la sala se transforma en lugar de charla y reunión social. Me pregunto si en el futuro podremos transformar estas infraestructuras funcionales en verdaderos lugares sagrados.

Si este verano visitamos algún templo antiguo... esforcémonos por entender el mensaje con que fue escrito. Si hay algo que no entendemos o que nos parece que es pura estética... quiere decir que nos falta la llave para abrir la puerta que da acceso a su mensaje. Busquemos la llave y nos sorprenderemos.

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Gracias Señor por darnos tiempo para buscarte en todo lo que existe
Gracias Señor por darnos la oportunidad de escribir tu Nombre en todo lugar
Amén



sábado, 2 de enero de 2010

Tolerancia, respeto, justicia y justificación

Quizás se deba a mi formación tecnológica que me sienta extrañado por el uso y sentido que se da actualmente a la palabra tolerancia. Cuando estudiaba, la tolerancia era la proporción de desviación máxima de determinada magnitud física. Una resistencia con tolerancia del 10%, era la que podía variar un máximo de un ±10% su valor nominal. Cuanto menor fuera la tolerancia, el elemento estaba mejor fabricado.

De repente este concepto tecnológico apareció en la escena pública con un sentido contrario al que lo comprendíamos los técnicos. Se trataba de ser muy tolerante y aceptar lo que fuese sin poner pegas. Tolerar era aceptar indolentemente para así permitirnos convivir siendo diferentes. Rápidamente la sociedad se dio cuenta que la doctrina de la máxima tolerancia daba lugar al desentendimiento social. La sociedad tendió a la desafección hacia todo lo que le desagradaba y nos encontramos con problemas importantes: violencia domestica, laboral, escolar, suicidios, rupturas matrimoniales, descenso en picado de la natalidad, etc. El sinsentido de esta actitud llego al punto que se comenzó a oír que la tolerancia era una falacia. Ante la alarma se ideó la “tolerancia 0” de manera que determinadas actitudes y acciones se propusieran como indeseables. Pero fíjense que se utilizó el sentido positivo de “tolerancia 0” y no se utilizó la palabra correcta: intolerancia a determinas actitudes y acciones.

Lo cierto es que conforme el concepto de tolerancia fue implantándose en la sociedad, el concepto de respeto fue desapareciendo. Hoy en día el respeto se ve como algo retrógrado y sospechoso de tendencias conservadoras.

Quizás sea interesante reseñar que la tolerancia era un concepto que se aplicaba a las cosas y en todo caso a las acciones y actitudes.... pero por razón del cambio de modelo de hombre y sociedad, la tolerancia empezó a aplicarse a las personas.

Cuando se tolera algo o a alguien, se está ejerciendo implícitamente una actitud de desdeño o de desafección frente a ello/ella. ¿Por qué? Debido a que la tolerancia incide en la externalidad totalmente desafecta del ser de las cosas y las personas. Tolerar a una persona es reducirla a una externalidad distante. Si exigimos tolerancia, estamos reclamando sobre nosotros desafección y lejanía.

En el fondo, al aceptar el modelo de persona que conlleva la tolerancia, lo que estamos haciendo es aceptando un modelo de ser humano que olvida la propia esencia o sustancia que nos hace humanos. Nos consideramos eventualidades valorables por lo que aparentamos o hacemos. El ser desaparece de nuestro modelo cognitivo, situando la contingencia vital como definitoria de lo que somos. Somos lo que hacemos y aparentamos. Esto no es más que otro síntoma adicional de la deriva des-sustanciadora que define nuestra época. Los medios, la educación y hasta nosotros mismos nos definen y nos definimos, por cómo actuamos y aparentamos.

¿Dónde quedó el respeto? Se respeta a las personas por lo que son. El respeto es lo que nos permite danos valor por encima de las circunstancias vitales. Da igual que seas un mendigo o un exitoso profesional… mereces respeto y ese respeto proviene de ser valorado como persona. El problema de la valoración del ser humano no es nada secundario, ya que, o se toma como premisa injustificable e incómoda… o se sustenta en el valor de ser hijos de Dios. La primera opción da lugar a multitud de inconsistencias y el segundo exige ser coherente y responsable,… por lo que nuestra sociedad procura olvidar la necesidad de definir nuestro valor y dignidad.

Otro aspecto del mismo problema. El respeto se ha vuelto algo incómodo para nuestra sociedad. El respeto se enfrenta al concepto de libertad que se ha impuesto. La libertad se entiende hoy en día, como la licitud de manifestación o acción contraria a lo respetable. Si se actúa de manera respetuosa… inmediatamente se señala esta actuación como no libre. Pero aún hay más detrás de esto. Al entenderse la libertad como acción, se la desliga totalmente del ámbito del ser, ya que se entiende que la sustancia de todo lo existente es relativa, inconstante o inexistente. Se nos dice que podemos ser lo que deseemos ser en cada momento y que esto es un derecho defendible. Incluso se dice que somos libres de considerar el ser implícito en todo lo creado como nos parezca más útil. Por ejemplo, podemos decir que tres rayas y tres manchas es arte, referenciando esta consideración por el acto de compra del objeto como arte. Este simple y cotidiano acto es un ejemplo de cómo la acción se reclama como definidora del ser… lo cual es una barbaridad de proporciones considerables.

Ante la pregunta de ¿Qué somos? Nos encontramos con la respuesta de que somos según queramos actuar o aparentar… y que por ello, podemos ser lo que queramos. Esto nos lleva a que ante cualquier apariencia y acción, reclamemos tolerancia y nos contentemos siendo tolerados. Si no se tolera nuestra acción se nos quita nuestra libertad de ser lo que deseemos ser.

En este contexto, la justicia se vuelve maleable y adaptable. Lo justo se legisla por “mayorías” en los parlamentos y se hace buscando la libertad entendida como acción y apariencia. Lo justo se trueca en lo justificable por medio de la acción. Si se justifica algo, esto pasa a ser algo justo y exigible socialmente. Por eso se legisla contra la ley natural y esto se considera como deseable y procurador de progreso. Es evidente que sea así, ya que la libertad tiene que sustanciarse como acción contra lo respetable. Si no fuera así, no se considera libertad.

Ante las protestas de quienes no pensamos de esa manera, se nos señala como intolerantes… entendiendo ser intolerante como algo intolerable. La premisa relativista de “lo único absoluto es que no existen absolutos” se reencarna en la premisa de “lo único intolerable es ser intolerante”.

Que se nos llame intolerantes no es ningún insulto. Todo lo contrario. Ser intolerante significa tener claro qué actuación es lícita cuál no lo es, qué idea es verdadera y cuál no… y dejar claro que no se está conforme con otras definiciones. Ser intolerante no disminuye el respeto, valor y dignidad que tenemos todos por el hecho de ser hijos de Dios… ya que lo que no se toleran son las acciones, actitudes, ideas y apariencias.

¿Qué sucede con los ámbitos ligados a la ley natural y divina? Simplemente no existen para esta sociedad. Sacralidad, simbolismo y revelación divina son conceptos innecesarios… ya que implican consistencia en el ser y libertad de asumir y basar las actitudes vitales en ellas. Así se comprende que se griten consignas por las calles como: “sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios” sin darse cuenta del sinsentido de tales exclamaciones.

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Señor danos fuerza y templanza,
humildad y conocimiento,
para enfrentar la tarea cotidiana de dar
testimonio de Ti.
Amén

jueves, 8 de octubre de 2009

Verdadera comida y verdadera bebida


"Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, así también el que me come, él mismo vivirá en mí. Este es el pan que descendió del cielo. No como el maná que comieron vuestros padres, y murieron. Quien come este pan, vivirá eternamente". Esto dijo en la Sinagoga, enseñando en Cafarnaúm. (Juan 6,55-59)


Verdadera comida y verdadera bebida. Las demás comidas y bebidas no alimentan lo que hay de verdadero y eterno en nosotros. La eucaristía no es un simple acto social comunitario, aunque se celebre comunitariamente y nos conforme como comunidad. En la eucaristía hay sacralidad, hay unión de cada persona con Dios. La eucaristía es un sacramento… aunque hoy en día nos hayamos olvidado de lo que significa todo esto.

lunes, 10 de agosto de 2009

Si los tiempos cambian… ¿Por qué la tradición debe permanecer inmutable?


No es raro escuchar esta pregunta referida a todos y cada uno de los aspectos de la vida cristiana. Los tiempos cambian… ¿Por qué la música no debe cambiar en nuestras iglesias? ¿Por qué las ceremonias deben permanecer inmutables? ¿Por qué el arte sagrado debe seguir siendo igual que hace 15 siglos? ¿Por qué nuestra moral debe ser la misma que hace 30 años?... así hasta el infinito.

Lo primero que se debería hacer es delimitar de lo que estamos hablando. Los tiempos cambian… cierto. Cambian continuamente desde que el ser humano apareció, como tal, sobre la tierra. La sociedad humana se comporta como un fluido hirviendo y en constante movimiento. Pero el universo a nuestro alrededor ha cambiado poco el los últimos 100.000 años. El universo se mueve de forma constante y siguiendo las leyes que le dan sentido. Detrás de cualquier suceso casual existen razones y leyes que hacen que las causas se conviertan en efectos. Pero… ¿De qué tiempo estamos hablando? Del tiempo humano o del tiempo no humano. Al decir que “los tiempos cambian” estamos hablando invariablemente del tiempo profano, del tiempo como una hermenéutica que permite a los seres humanos relacionarse con su cotidianidad. Lo profano cambia y además lo hace cada vez más rápido.

Pero el tiempo sagrado no cambia ya que es inmutable. Fue inmutable para un egipcio del siglo XV antes de Cristo, para un cristiano del siglo II y para un desconcertado habitante del Londres de nuestros días. Para todos ellos resultaba y resulta evidente que el tiempo profano no se ajustaba, ni se ajusta, al tiempo sagrado. El tiempo sagrado siempre ha parecido viejo e incomprensible para quien vive en la superficie del fluido en ebullición que conforma la sociedad.

Siempre las religiones han estado en desventaja a la hora de dar respuestas a lo que acontece minuto a minuto en nuestras vidas. Esto se debe a que las religiones se desarrollan en otro tiempo diferente. Es decir, utilizando una hermenéutica diferente para entender lo que nos rodea. No buscan controlar la realidad ni rehacerla a nuestro antojo. Tampoco necesitan de la inmediatez para explicar la profundidad de lo que somos. Las religiones buscan comprender lo inmutable que se esconde detrás de la apariencia de cambio continuo que nos rodea. La esencia de las religiones es el inmutable sentido que une todo y a todos.

Tomemos por ejemplo la música. No es la primera vez que alguien me dice con la vehemencia que conlleva lo evidente: 

-- ¿Cómo vas a atraer a la Iglesia a un adolescente bailón con el “Veni Creatur Spiritus” gregoriano? ¡"Los tiempos cambian” muchacho!, Debemos emplear cantos a base de ritmos modernos para que estos bailones se sientan en su casa. Los primeros cristianos lo hicieron así y así sucedió en todas la épocas.

Lo que evidencia este razonamiento es que mi interlocutor tiene una seria confusión de conceptos y objetivos.
A ver… tomemos a un despierto y mundano estudiante universitario del siglo XII (goliardillo para más señas). ¿Lo vemos en su salsa dentro de la Iglesia cantado y disfrutando con el “Veni Creator Spiritus”? Seguramente donde si sentiría inspirado sería cantando de taberna en taberna sus profanos y picantes cantos.

Tomemos un campesino que a duras penas entendía una de cada 4 palabras en latín. Tomemos a los primeros mercaderes preocupados por los problemas de cambio de moneda o los soldados que rumiaban una inminente guerra. ¿Cantar el “Veni Creator Spiritus” les divertía? Yo creo que no. Sus preocupaciones, gustos y diversiones estabn en otros sitios.

Si nos vamos a los primeros cantos cristianos, nunca nos encontraremos con canciones de moda preparadas para bailotear en medio de los oficios religiosos. Los cantos mozárabes o ambrosianos son evidentemente sagrados y alejados de los cantos populares con los que la gente se divertía de manera profana. La música sagrada guarda relación con el tiempo y el espacio sagrado donde se desarrolla, no con el factor divertido de su uso.

Nunca la música sagrada ha sido divertida ni ese ha sido su objetivo. La música o canto sagrado llena y da sentido a la liturgia confiriéndole un nivel de belleza superior al de las palabras dichas sin más. La belleza no es divertida, es sagrada, inmutable, paradigmática… llena de significado y penetra en el simbolismo inherente al cristianismo.

¿Qué sentido tiene traer a un adolescente bailón a una Liturgia llena de sacralidad desarrollada en un Templo antiguo, donde se cantan temas gregorianos o ambrosianos? Para mi , mientras el adolescente bailón no lo necesite, no tiene sentido obligarlo a vivir este tipo de vivencias.

¿Qué sentido tiene traer a una persona que busca acercarse a Dios y vivir esta unión sagrada, a una celebración llena de cantos, risas, bailes y aplausos? Tampoco tiene el más mínimo sentido. Cada nivel de vivencia de la Fe necesita de un lugar y un tiempo diferente donde y cuando desarrollarse.

Lo que nos podríamos preguntar es ¿Por qué en nuestras celebraciones católicas hemos olvidado este hecho? Intentamos mezclar pastoral, Liturgia, diversión y sacralidad en un mismo acto. Hemos convertido las celebraciones litúrgicas en celebraciones extrañas e inconexas. Hemos confundido los momentos de acceso a lo sagrado con los momentos de alegría comunitaria.

No deseo decir que esto sea malo o que no sea necesario hacerlo. Es bueno y estupendo reunirse a alabar a Dios y cantar felizmente lo que sentimos. Cantar, reírnos, aplaudir, bailar, etc… pero esto no es liturgia, no es sacralidad. Son celebraciones, más o menos profanas de nuestra Fe, que evidencian de la alegría que llevamos dentro por creer en Dios. Grande es el Señor y digno de alabarlo en todo momento.

Evidentemente el lugar para estas celebraciones no es un Templo. Los Templos resultan inadecuados e incómodos. Por eso nuestros Templos están desapareciendo convertidos en salas de reunión comunitaria. Ante la inutilidad de los antiguos templos para las celebraciones actuales, éstos se ceden o se venden a las administraciones públicas para que los utilicen como museos y sedes oficiales. Mientras, la arquitectura religiosa actual se acerca a la arquitectura multifuncional que nos llegó a partir de los años 70. Todo un contrasentido.

En este contexto la liturgia se banaliza y hasta estorba para el desenvolvimiento de las celebraciones actuales. Por eso en las misas actuales se intenta incrementar los tiempos para cantar, bailar, abrazarse y hasta aplaudir a quien dice algo ocurrente a la pregunta del sacerdote-entrevistador. Se canta el cumpleaños feliz o se baila en honor de quien toque ese día. Esto no son invenciones, son cosas que muchos católicos vivimos en las misas dominicales.

Es evidente que estas celebraciones festivas atraen a más personas que las viejas liturgias y que las canciones guitarreras divierten más que el canto gregoriano. El sacerdote ve que su feligresía crece y siente el éxito de su proceder. Es indudable que ofreciendo diversión e inmediatez, tendremos a más personas interesadas en recoger el Mensaje Cristiano que se explicita dentro de las ceremonias. Pero lo malo es que este éxito se logra profanando (hacer profano) la Liturgia y el Templo, reduciendo el Misterio cristiano a algo arcaico y casi olvidado en los libros. Una pieza de museo que carece de vida.

Este planteamiento hace que mucho de lo dicho por Cristo y transmitido por los Apóstoles, quede en segundo plano, sospechoso de ser algo imaginario e inservible para el ser humano actual. Fijémonos como se pasa de puntillas y corriendo en episodios como la transfiguración o los mismos milagros de Cristo.

Hoy he recibido por email, un escrito de un teólogo que defiende que la muerte de Cristo en la cruz fue algo accidental. Para algunos católicos hasta la cruz deja de tener sentido (1).


(1) La cruz no era necesaria. Luis Alemán Mur http://www.feadulta.com/aleman-23.htm

sábado, 20 de junio de 2009

Sagrado Corazón de Jesús. Oración y devociones.

En un mundo tan moderno y bien comunicado como en el que vivimos ¿Qué razón tenemos para orar? ¿Qué razón podríamos tener para adoptar una devoción particular?

Podemos clasificar las oraciones que realicemos puede enfocarse de tres formas diferentes:

a) Aquellas que piden los bienes y gracias cotidianas necesarias para poder vivir y desarrollar la actividad cotidiana
b) Aquellas que se realizan para alabar y dar gracias por lo recibido.
c) Aquellas en las que el orante se somete, todo humildad, a la inescrutable voluntad de Dios. Son oraciones contemplativas que buscan alcanzar un punto de contacto que nos una a Dios.

Todas estas formas son respetables y necesarias para los creyentes. Todas ellas reflejan el sometimiento a la voluntad divina. Todas permiten expresar nuestros sentimientos y anhelos a Aquel que está más allá de nuestra finitud y nuestras limitaciones. Pero la tercera opción es la que nos permite elevarnos un peldaño y acercarnos un poco más a Dios. No se pide nada, solo se contempla y se siente la sacralidad que nos une a Dios. Pero ¿Cómo comprender este tipo de oración? ¿Cómo enfocarlo en la práctica?

En un breve tratado anónimo sobre la oración nos podemos encontrar con algunas pistas para responder a nuestras preguntas:


“En la oración no se trata de pedir cosas a Aquel que todo conoce. La oración no es para decirle a Dios lo que quieres sino para escuchar lo que El quiere para ti y que no es otra cosa que compartir lo que El es: Tranquilidad profunda, Beatitud, Paz, Bondad, Belleza, Amor ...

No se trata de pedir cosas sino de comprender que no necesitas nada más que la presencia de Dios y descansar en esa morada llena de sus cualidades.

Antes de orar debes de comprender que detrás de todos tus deseos de objetos o de situaciones del mundo, solo hay un deseo: la paz profunda. Y ese deseo último que tanto anhelas y que proyectas en los objetos y situaciones del mundo solo lo puedes obtener en la interioridad. La tranquilidad y la plenitud solo están en tu espíritu que es el espíritu de Dios.

Una persona se pone a orar cuando ha comprendido claramente la futilidad y la relatividad de todos los objetivos convencionales humanos que, aun teniendo su importancia relativa, no pueden darle la paz profunda, la plenitud que todo ser humano anhela con nostalgia. Es comprendiendo claramente esto bien sea por la propia inteligencia, o movido por las constantes dificultades de la vida, cuando uno se acerca a la Paz, la Belleza, la Bondad, la Plenitud y la Alegría que proporciona el contacto con lo Absoluto y con lo Sagrado a través de la oración en su calidad más contemplativa.

Sumergirse en el "acto orante" es el síntoma más claro de que se ha llegado al discernimiento (entre lo verdadero y lo falso), al desapego (de las cosas del mundo), a la sumisión (a la presencia de Dios), a la humildad (respecto a nuestra capacidad humana), a la sabiduría (habiendo comprendido donde está la plenitud y el gozo verdaderos), a la caridad (al abrazar en nuestra oración a toda la creación), y a todas las demás virtudes... Todas las virtudes están contenidas en la oración.

Orar es un acto simple de colocación ante la presencia de lo Sagrado.”


(Breve tratado sobre la oración . Anonimo)


La oración es parte imprescindible de nuestro camino hacia Dios ya que es un acto donde nos sumergimos en la sacralidad de forma voluntaria y consciente.

Las oraciones se pueden estructurar en rituales más completos y ricos dando lugar a devociones más o menos tradicionales. Tenemos el Rosario, las Novenas, Octavas, etc… que nos permiten acceder de forma colectiva a los beneficios de la oración contemplativa. Dentro de las devociones podemos citar al Rosario y la devoción del Sagrado corazón como dos de las más importantes y profundas


Jean Hani nos habla de estas dos devociones capitales para el creyente católico.

“Quisiera recordar tan sólo dos de estas intervenciones celestiales, que se encuentran entre las más importantes y de las que cabía esperar los mayores efectos para la cristiandad: la solemne institución del Rosario y la introducción del culto al Sagrado Corazón.

No es que estas dos «devociones» se encuentren totalmente olvidadas, pero sí es verdad que han pasado a segundo plano; además, y esto es más grave, la mayoría de quienes las practican, sean clérigos o laicos, no conocen más que su significado más exterior, de tal suerte que no constituyen más que meros ejercicios de piedad, lo cual es mejor que nada, desde luego, pero que sin embargo hace que se ignore su más profundo significado, valor, y por tanto eficacia, que son precisamente lo que hubiera podido repercutir en el destino del catolicismo. A mostrar este significado esencial van destinadas las reflexiones que siguen, pues la «devociones» siguen conservando naturalmente intactas sus secretas riquezas a disposición de quienes aspiren a ellas.”
(Jean Hani.El Culto al Sagrado Corazón. Mitos Ritos y Símbolos)

No es ninguna novedad que se diga que las devociones se toman actualmente como elementos de piedad sentimental carentes de utilidad. Por lo tanto son rechazadas por el “creyente moderno” por la apariencia de dulzona y sentimental que han creado entorno suya. Para este nuevo creyente practicar las devociones supone una perdida de tiempo y un aburrimiento inaceptable. Jean Hani, en el mismo capítulo dedicado al culto de Sagrado Corazón, muestra su discrepancia con este punto de vista contemporáneo:

“Si bien, como hemos dicho ya y como se verá más adelante, la doctrina del Sagrado Corazón hunde sus raíces en los propios orígenes del cristianismo, su formulación expresa fue ante todo objeto de revelaciones privadas. Lo cual se explica por el hecho mismo de su importancia, debida a su carácter totalmente «interior», como señala justamente H. Montaigu en su excelente libro sobre Paray. El cristianismo tiene por dogmas oficiales los misterios, que, por otra parte, son también los arcanos de la vida contemplativa; Cristo desveló algunos desde el comienzo; los demás, poco a poco, en el transcurso de la historia de la salvación. Este es el caso del «misterio del Corazón». Y así se explica su carácter escatológico: la revelación de este misterio, que es el centro más interior de todo el misterio crístico, estaba reservada al período del «Fin de los tiempos», o dicho de otro modo, al fin del ciclo de nuestra humanidad. Eso es lo que se desprende de una revelación recibida del apóstol San Juan por Santa Gertrudis (siglo XVI). La santa le preguntó por qué no había escrito nada sobre el corazón de Cristo; San Juan le respondió: «Mi misión era anunciar a la Iglesia naciente la doctrina del Verbo increado de Dios Padre; pero, por lo que se refiere a este Corazón sagrado, Dios se reservó hacerlo conocer en los últimos tiempos, cuando el mundo comenzase a caer en la decrepitud, para reavivar la llama de la caridad ya enfriada»

Por eso, muy al contrario de no ser más que una devoción entre otras, el culto al Sagrado Corazón, que viene de lo más profundo del cristianismo, aparece como la tentativa, por parte del Cielo de enderezar y renovar toda la tradición cristiana, en el campo de la espiritualidad individual, por supuesto, pero también –cosa que suele olvidarse, o incluso ignorarse– en el campo intelectual y en el campo social.” (Jean Hani.
El Culto al Sagrado Corazón. Mitos Ritos y Símbolos)

Quizás no sea evidente para el católico actual, pero el Corazón de Jesús contiene su Bendita Sangre, lo que nos lleva directamente al misterio eucarístico y está en consonancia con tradiciones que se hunden en la antigüedad, como es la leyenda del Santo Grial.
“Todo el simbolismo y todo el significado del Sagrado Corazón está sintética y maravillosamente resumido en algunas invocaciones de las letanías que le están consagradas. El Corazón de Cristo es llamado «Templo santo de Dios», «Tabernáculo del Altísimo», «Casa de Dios y Puerta del Cielo», «Hoguera ardiente de caridad», «Santuario de la Justicia y del Amor», «Rey y Centro de todos los corazones», «Corazón donde reside la Plenitud de la Divinidad», «Fuente de vida y de santidad», «Corazón cuya plenitud se derrama sobre nosotros», «Corazón en el que se encuentran todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia».

Se ve de inmediato que tales denominaciones no pueden aplicarse al corazón tal como lo concibe el mundo moderno, o sea únicamente como centro emocional y sede de los sentimientos.”
(Jean Hani.El Culto al Sagrado Corazón. Mitos Ritos y Símbolos)

En esta semana en la que se celebra la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, no está de más que intentemos hundirnos un poco más en el significado y el simbolismo de la devoción, ya que si no hacemos este esfuerzo la devoción se nos presentará como una costumbre anacrónica y prescindible para el católico contemporáneo.

Para conocer más sobre la devoción pueden consultar en esta dirección: http://www.revelacionesmarianas.com/paray_le_monial.htm 
 (Página tristemente borrada)


Cor Iesu Christi,
plenum veritatis,
plenum sanctitatis,
plenum pietatis.
Infinitum sapientia,
infinitum potentia,
infinitum clementia,
Cor Iesu Christi.

Cor Filii Dei,
Cor Agni Dei,
Verum Cor Dei,
Cor Regis magni,
Cor Regis sancti,
Cor Iesu mei.

Oración tomada del estupendo blog: http://laudetur-iesus.blogspot.com/ 
(Blog tristemente cerrado)

viernes, 10 de abril de 2009

Pascua, bautismo e iniciación

El bautismo representa, para todo cristiano, la inclusión en la Iglesia y el inicio del camino en busca de Dios. La inmensa mayoría de nosotros hemos sido bautizados de muy pequeños, por lo que hemos convivido con nuestra condición de bautizados como algo aparente y sin importancia real. Antes de nada cabría preguntarnos si tenemos claro ¿Qué nos ha sido dado con el bautismo? ¿Cómo usarlo adecuadamente? y ¿Qué valor tiene?

El sacramento del bautismo nos liga a Dios y nos confiere su gracia… pero una cosa es lo que se enseña de manera teórica y otra los efectos reales de haber sido bautizado. Muchos bautizados reniegan de su bautismo o se comportan toda su vida como si no hubiesen recibido este sacramento.

La Iglesia reconoce no se recibe la gracia implícita en un sacramento si existe un obstáculo que lo impida. Este obstáculo puede ser la falta de voluntad expresa o ausencia de Fe. Muchísimos bautizados no llegan a recibir totalmente la gracia de su bautismo debido a que no terminan de dar el consentimiento expreso y consciente necesario. Sin este consentimiento y consciencia no es posible recibir la gracia de forma plena. Pero también nos dice la Iglesia que es posible revivir un sacramento cuando se adquiere esa buena disposición, consentimiento, consciencia y Fe que habrían sido necesarias cuando se recibió mal (involuntariamente, inconscientemente) el sacramento. [1]

Una vez revivido, el bautismo nos confiere la Gracia desde el momento que somos conscientes de su significado y nos comprometemos con lo que conlleva haber sido bautizado. No olvidemos que los sacramentos son signos y como tales, deben ser comprendidos para poder integrarlos en nosotros y nuestra vida. Entonces cabría preguntarnos ¿Cuándo y cómo podemos revivificar nuestro bautismo?... el momento ideal es la vigilia Pascual, ya que si se responde de manera personal a las promesas y renuncias bautismales se revive el bautismo recibido. [2]

Para ayudarnos a revivificar nuestro bautismo podemos leer lo que San Ambrosio nos dice en su tratado de Misterios:



Hasta ahora os hemos venido hablando cada día acerca de cuál ha de ser vuestra conducta. Os hemos ido leyendo los hechos de los patriarcas o los consejos del libro de lo Proverbios a fin de que, instruidos y formados por esta enseñanzas, os fuerais acostumbrando a recorrer el mismo camino que nuestros antepasados y a obedecer los oráculos divinos, con lo cual, renovados por el bautismo, o comportéis como exige vuestra condición de bautizados

Mas ahora es tiempo ya de hablar de los Sagrados Misterios y de explicaros el significado de los sacramentos cosa que, si hubiésemos hecho antes del bautismo, hubiese sido una violación de la disciplina del arcano más que una instrucción. Además de que, por el hecho de cogeros desprevenidos, la luz de los Divinos Misterios se introdujo en vosotros con más fuerza que si hubiese precedido una explicación.

Abrid, pues, vuestros oídos y percibid el buen olor de vida eterna que exhalan en vosotros los sacramentos. Esto es lo que significábamos cuando, al celebrar el rito de la apertura, decíamos: «Effetá», esto es: «Ábrete», para que, al llegar el momento del bautismo, entendierais lo que se os preguntaba y la obligación de recordar lo que habíais respondido. Este mismo rito empleó Cristo, como leemos en el Evangelio, al curar al sordomudo.

Después de esto, se te abrieron las puertas del santo de los santos, entraste en el lugar destinado a la regeneración. Recuerda lo que se te preguntó, ten presente lo que respondiste. Renunciaste al diablo y a sus obras, al mundo y a sus placeres pecaminosos. Tus palabras están conservadas, no en un túmulo de muertos, sino en el libro de los vivos.

Viste allí a los diáconos, los presbíteros, el obispo. No pienses sólo en lo visible de estas personas, sino en la gracia de su ministerio. En ellos hablaste a los ángeles, tal como está escrito: Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina, porque es un ángel Señor de los ejércitos. No hay lugar a engaño ni retractación; es un ángel quien anuncia el reino de Cristo, la vida eterna. Lo que has de estimar en él no es su apariencia visible, sino su ministerio. Considera qué es lo que te ha dado, úsalo adecuadamente y reconoce su valor.


Al entrar, pues, para mirar de cara al enemigo y renunciar a él con tu boca, te volviste luego hacia el oriente, pues quien renuncia al diablo debe volverse a Cristo y mirarlo de frente.

¿Qué viste? Agua, pero ciertamente no solo eso; viste a sacerdotes que ejercían allí su ministerio, al Obispo que interrogaba y consagraba. Ante todo el Apóstol te enseñó que no hay que contemplar lo que se ve, sino solo lo que no se ve, porque lo que se ve es temporal y, en cambio, lo que no se ve es eterno. Porque en otro lugar encuentras que lo invisible de Dios, tras la creación del mundo, se comprende mediante lo que fue hecho, el poder eterno y su divinidad se perciben por sus obras. Por lo cual el mismo Señor dice: Si no me creéis a mi, creed al menos en mis obras. Cree, pues que allí está la presencia de la Divinidad. ¿Crees en su operación y no crees en su presencia? ¿De dónde se seguiría la operación si no precediese la presencia? (
San Ambrosio de Milán. Tratado sobre los misterios 1-8)


El Espíritu Santo gritará en nuestro corazón: Effetá!! Abreté!!

Las puertas del Santo de los Santos (Sancta Sanctorum) se abren y nos encontramos enfrente de nosotros con la sacralidad de la liturgia y el Templo Interior donde nos espera el Señor.Encontramos con nuestro espacio interior recién abierto, nuestro castillo interior. Ahora consideremos lo que San Ambrosio nos propone en este texto: “Considera qué es lo que te ha dado, úsalo adecuadamente y reconoce su valor”.


[1] Los siete sacramentos: Iniciación teológica (1998). Moliné Enric
Ediciones Rialp. Pag 32-33
[2] Catecismo de la Iglesia Católica. (2005). Asociación de coeditores del catecismo. Punto 1254.
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