Mostrando entradas con la etiqueta Orígenes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Orígenes. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de marzo de 2015

La Iglesia se reforma continuamente. Orígenes de Alejandría


Estoy empezando a leer el libro del P. Nicola Bux: “Cómo ir a misa y no perder la fe”. Me está resultado muy interesante, no tanto por descubrir nuevos aspectos que no conociera, sino por una serie pistas espirituales que son realmente interesantes. Una de ellas nos habla de la reforma que la Iglesia siempre está llevando a cabo: 
Por aquí empieza la reforma. El propio Messori recuerda que la más potente arma cristiana es la reforma continua, aquella que cada uno empieza desde sí mismo, desde el deseo y la búsqueda de la santidad personal. Frente a la tendencia extendida de la “autodeterminación” de la cultura laicista y la “sumisión” predicada por los musulmanes, la fe católica nos muestra, con su Liturgia perenne, el camino de la participación en la obediencia. Si queremos contribuir debemos preguntarnos si estamos disponibles. (P. Nicola Bux, Cómo ir a misa y no perder la fe) 

El vienes me hablaba con un amigo laico, que está encargado de una de las pastorales del archiprestazgo al que pertenezco. Me comentaba que llevaba intentado mover y darle vida a esa pastoral hace años, pero las “estructuras” no se mueven lo más mínimo... (Seguir leyendo)

domingo, 10 de agosto de 2014

Nos hundimos porque falta Alguien. Orígenes de Alejandría


¿Cuántas veces hemos soñado con ir hasta la otra orilla? Una orilla en la que los problemas, responsabilidades y rencillas desaparecen como por arte de magia. En el Evangelio de hoy leemos un maravilloso pasaje en el que Cristo nos enseña que esa orilla existe, pero sólo podemos llegar si El nos acompaña. Orígenes de Alejandría nos habla sobre este episodio de una forma muy clara:

"Jesús obligó a los discípulos a subir a la barca y a esperarlo en la otra orilla, mientras despedía a la muchedumbre". La muchedumbre no podía ir hacia la otra orilla; no eran hebreos en el sentido espiritual de la palabra, que se traduce como: "la gente de la otra orilla". Esta obra fue reservada para los discípulos de Jesús: irse a la otra orilla, sobrepasar lo visible y corporal, estas realidades temporales, y llegar los primeros hacia lo invisible y eterno. […] Y sin embargo los discípulos no pudieron preceder a Jesús sobre la otra orilla […]; posiblemente quería hacerles pasar por la experiencia de que sin Él no era posible llegar allí. […] ¿Qué barca es a la que Jesús obliga a los discípulos a subir? ¿No sería la lucha contra las tentaciones y las circunstancias difíciles? […]

Y nosotros, si un día nos enfrentamos con tentaciones inevitables, acordémonos que Jesús nos obligó a embarcarnos; no es posible alcanzar la otra orilla sin pasar por la prueba del oleaje y del viento huracanado. Luego, cuando nos veamos rodeados por numerosas y penosas dificultades, cansados de navegar en medio de ellas con la pobreza de nuestros medios, pensemos que nuestra barca está entonces en medio del mar, y que este oleaje busca "hacer naufragar nuestra fe" (1Tm 1,19) […] Mantengámonos seguros hasta que cercano el fin de la noche, cuando "la noche está avanzada y el día está cerca" (Rm 13,12), el Hijo de Dios llegará andando sobre las aguas y calmando la tempestad. (Orígenes. Comentario al Evangelio de Mateo, libro 11, cap. 5-6)

Para el cristiano cada día es una prueba, ya que nos encontramos siempre rodeados de tentaciones, dificultades y problemas. La Iglesia es como esa barca en la que Cristo envió a sus discípulos hacia el ideal de la “otra orilla”. Los discípulos, seguramente estaban deseando dejar la multitud que les acosaba y encontrar ese remanso de paz que todos anhelamos y nunca encontramos por nosotros mismos. En el camino, el viento se volvió contra la barca y las olas hicieron imposible la navegación. ¡Que desilusión! ¿No estaba tan cerca el destino deseado? ¿Cómo es posible que con todas nuestras fuerzas y medios, no podamos llegar hasta la orilla? (Leer más)

lunes, 9 de enero de 2012

En su mano tiene la herramienta para aventar

El bautismo con que Jesús bautiza es por “el Espíritu y el fuego”. Si eres santo, serás bautizado con Espíritu Santo; si eres pecador, serás echado al fuego. El mismo bautismo se hará condena de fuego para los pecadores indignos. Pero los santos, aquellos que se convierten al Señor con una fe perfecta, recibirán la gracia del Espíritu Santo y la salvación.

Así, pues, aquel que bautiza con Espíritu Santo y fuego “tiene en su mano la herramienta para aventar la paja y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará en un fuego que no se apaga.” (Lc 3,16-17) Quisiera revelar porqué el Señor tiene en su mano la herramienta de aventar y de qué soplo se trata al aventar la paja, mientras que el trigo, de más peso, se acumula en un solo lugar, porque, si no sopla el viento no se puede separar la parva del trigo.

Creo que el viento son las tentaciones, que en el conjunto de los fieles revela lo que es paja y lo que es trigo. Porque, cuando vuestra alma ha sido dominada por la tentación, no es que la tentación haya cambiado vuestra alma de trigo en paja, sino porque ya erais paja, es decir, personas livianas y sin fe. La tentación no ha hecho más que desvelar vuestra naturaleza escondida. En cambio, si afrontáis la tentación con ánimo fuerte, no es ella la que os hace constantes y fieles. La tentación únicamente revela las virtudes de la constancia y del esfuerzo que estaban en vosotros, pero de forma escondida... “Te ha humillado y te ha hecho sentir hambre... para que reconozcas en tu corazón que el Señor tu Dios te corrige como un padre corrige a su hijo.”
(Orígenes. Homilías sobre San Lucas, 26,3-5)

Orígenes habla con un lenguaje que es extraño al ser humano del siglo XXI. Hablar de condenas puede sonar extraño a muchas personas que sólo entienden el amor como un camino unidireccional. La sociedad de la abundancia nos ha acostumbrado a que siempre tengamos lo que se nos reconoce como derecho.

El viento son las tentaciones, que en el conjunto de los fieles revela lo que es paja y lo que es trigo. ¿Qué parte de nosotros es trigo y qué parte es paja? ¿Que parte vuela de un lado a otro a la voluntad del viento que sople en cada momento? ¿Qué parte de nosotros pesa y cae como simiente rápidamente?

Hablar de tentación es también extraño en nuestra sociedad. Las tentaciones se consideran hoy en día como oportunidades que debemos aprovechar. “Se vive dos días” dicen en cada esquina, pero nunca sabremos el momento en que nos llamará el Padre a su presencia.

Orígenes no da una pista estupenda. Las tentaciones revelan nuestra naturaleza escondida. ¿Por qué? Porque somos tentados cuando hay algo en nosotros que es receptivo a lo que nos tienta. Ese algo son las grietas de nuestra naturaleza. Si no tuviéramos la naturaleza agrietada, no existirían tentaciones. La tentación también revela algo más: revela las virtudes de la constancia y del esfuerzo que estaban en vosotros. Sin las tentaciones, no haría falta disponer de las virtudes que se enfrentan a ellas. La constancia y el esfuerzo necesitan de la Esperanza, a que toda espera sin sentido, termina por desesperar. La Esperanza nos viene de Dios y no podemos dejar de solicitarla en nuestras oraciones. Sin Esperanza, no somos nada.


“Te ha humillado y te ha hecho sentir hambre... para que reconozcas en tu corazón que el Señor tu Dios te corrige como un padre corrige a su hijo.” 

Las tentaciones conllevan también el amor de Dios. Dios no intenta dañarnos al permitir que seamos tentados. Las tentaciones nos muestran que sólo la Gracia de Dios es capaz de sellar las grietas de nuestra naturaleza e impedir que el mal anide en nosotros. ¿Cómo corrige Dios? Corrige con la Gracia que nos ofrece y que nosotros hemos de aceptar con Esperanza. Sin Esperanza la Gracia no penetra en nosotros para transformarnos.


Quiera Dios concedernos Esperanza suficiente para afrontar los retos que tenemos por delante en este 2012.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Guardarás silencio porque no has dado Fe a mis palabras...

En nosotros, la voz y la palabra no son la misma cosa, porque la voz se puede hacer oír sin que tenga ningún sentido, sin palabras, y la palabra igualmente puede ser transmitida al espíritu sin voz, como ocurre con el discurso en nuestro pensamiento. De la misma manera, puesto que el Salvador es Palabra..., Juan difiere de él siendo la voz, por analogía con Cristo que es la Palabra. Es esto lo que el mismo Juan responde a los que le preguntan quién es: «Yo soy la voz del que clama en el desierto: 'Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos'» (Jn 1,23).

Es posible que sea por esta razón que Zacarías, porque dudó del nacimiento de esta voz que debía revelar a la Palabra de Dios, perdió la voz y la recuperó al nacer el que es esta voz , el precursor de la Palabra (Lc 1,64). Porque para que el espíritu pueda captar la palabra que designa a la voz, es preciso escuchar la voz. Es también por eso que, según la fecha de su nacimiento, Juan es un poco mayor que Cristo; en efecto, nosotros percibimos la voz antes que la palabra: Juan señala así a Cristo, porque es por una voz que la Palabra se manifiesta. Igualmente Cristo es bautizado por Juan, que confiesa tener necesidad de ser bautizado por él (Mt 3,14)... En una palabra, cuando Juan muestra a Cristo, es un hombre que muestra a Dios, al Salvador incorporal; es una voz que muestra la Palabra. (Orígenes, Comentario al evangelio de san Juan, 2, 193s)

Es inmensa la profundidad de las analogías que nos entrega en Nuevo Testamento. La Palabra (Logos) no significaba para los griegos un conjunto de letras a las que se ha asignado un significado. Logos es palabra en cuanto meditada, reflexionada o razonada, es decir: "razonamiento", "argumentación", "habla" o "discurso". También puede ser entendido como: "inteligencia", "pensamiento", "sentido". Por eso Cristo aparece en el prólogo del Evangelio de San Juan como “Logos” y no como “epos” o "lexis". El Logos es comunicación de coherencia, trascendencia y sentido.

San Juan Bautista aparece en los Evangelios como la voz que clama en el desierto. La voz nos permite reconocer a quien la emite o en todo caso, dar noticia de nuestra presencia. Pero la voz no transporta por si misma significado.

Quien clama en el desierto, indica su presencia allí donde nadie es capaz de darse cuenta de su presencia. ¿No es esta analogía la evidencia de la humanidad que es indiferente a la voz del cristianismo? Nosotros sólo podemos aspirar a ser como San Juan Bautista. Clamamos en el desierto intentando propagar la Palabra de Dios. Pero es la Palabra, el Logos, quien tiene significado y transforma a quien la recibe.

La Palabra camina sobre la voz y nuestra misión es ceder nuestra voz a Cristo, para que sea El quien llegue a quien abra su corazón a Dios. Sin duda nuestra misión depende en gran medida de los medios que empleemos y de la técnica que utilicemos, pero ni los medios ni la técnica son la Palabra. Sin duda, una boca cerrada no transmite mensaje, ni tampoco lo transmite un balbuceo ininteligible. Pero ni la voz más fuerte ni la retórica más diestra, podrán ser por si mismas nada más que indicación de presencia. Nuestra labor es tan sencilla como imposible: permitir que la Palabra tome nuestra voz para transformar el desierto en un vergel, trasformar el mundo en el Reino de Dios.

Cristo es bautizado por Juan, que confiesa tener necesidad de ser bautizado por él (Mt 3,14) Por mucho que queramos ser útiles a Dios, es Dios quien nos hace útiles para su plan. Recibamos a la Palabra en nuestro corazón y pidamos que sea Ella quien nos transforme en herramientas eficaces en manos de Dios.

…cuando Juan muestra a Cristo, es un hombre que muestra a Dios, al Salvador incorporal; es una voz que muestra la Palabra.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Oigo en mi corazón: "Busca mi rostro..."

Habla, corazón mío; ábrete todo entero y dirígete a Dios: «Busco tu rostro; sí, Señor es tu rostro que busco» (Sl 26,8). Y Tú, Señor, mi Dios, enseña a mi corazón cómo y dónde he de buscarte; cómo y dónde he de encontrarte, Señor. Señor, si Tú no estás aquí, si estás ausente ¿dónde buscarte? Y si es que estás presente en todas partes ¿por qué yo no puedo verte? Ciertamente, Tú habitas en una luz inaccesible. Pero ¿dónde está esta luz inaccesible? ¿Quién me conducirá hasta ella y me introducirá en ella para que yo pueda verte? Y luego, ¿bajo qué signos, bajo qué figura podré descubrirte? No te he visto jamás, Señor Dios mío, y no conozco tu rostro. Altísimo Señor, ¿qué puedo hacer, qué hará este desterrado lejos de ti? ¿Qué puede hacer tu siervo, ansioso de tu amor y alejado de tu rostro? Aspira a contemplarte y tu rostro se le oculta enteramente. Desea reunirse contigo, pero tu mansión es inaccesible. Ansía encontrarte, pero no sabe dónde habitas. Emprende tu búsqueda, pero desconoce tu rostro.

Señor, Tú eres mi Dios, Tú mi Maestro, y sin embargo yo no te he visto. Tú me has creado y me has redimido, Tú me has dado todos mis bienes, y sin embargo no te conozco aún. Me has hecho con la única finalidad de que te vea, y sin embargo yo no he realizado aún mi destino. Miserable condición la del hombre que ha perdido aquello para lo que fue creado... Te encontraré al amarte y te amaré mientras te encuentro. (San Anselmo de Canterbury, Proslogion, 1)

San Anselmo de Canterbury nos relata el ansia de conocer a Dios que todos llevamos en nuestro corazón. Dios no puede ser visto con la luz que penetra en nuestros ojos, por eso San Anselmo nos dice que habita en una luz inaccesible. ¿Quién me conducirá hasta ella y me introducirá en ella para que yo pueda verte? Y luego, ¿bajo qué signos, bajo qué figura podré descubrirte?

Ese Quien es Cristo que es el Logos, la Palabra que da sentido y llena toda nuestra existencia. Pero ¿Cómo descubro a Dios? ¿Qué signos y qué figura nos da noticias suyas? En libro del Exodo nos dice: Y añadió: «Pero mi rostro no podrás verlo; porque no puede verme el hombre y seguir viviendo.» (Ex 33,20) El rostro de Dios no puede verse, entonces, ¿por qué dicen los Evangelios?: “Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8)

Leamos lo que nos dice Orígenes de Alejandría:

Y si alguien nos pregunta por qué está dicho: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8), nuestra posición, a mi juicio, se afirmará mucho más con esto, pues ¿qué otra cosa es ver a Dios con el corazón, sino entenderle y conocerle con la mente, según lo que antes hemos expuesto? En efecto, muchas veces los nombres de los miembros sensibles se refieren al alma, de modo que se dice que ve con los ojos del corazón esto es, que comprende algo intelectual con la facultad de la inteligencia. Así se dice también que oye con los oídos cuando advierte el sentido de la inteligencia más profunda. Así decimos que el alma se sirve de dientes cuando come, y que come el pan de vida que descendió del cielo. (Orígenes de Alejandría. Los Principios)

“Fides quaerens intellectum”, la Fe necesita entender. La Fe necesita entender y ese entendimiento es la luz inaccesible que sólo Dios nos ofrece a través de los dones de ciencia y entendimiento. Luz que nos permite ver a  Dios con los ojos de un corazón limpio de prejuicios y sinsentidos.

domingo, 31 de julio de 2011

Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican

Salomón dice en el libro de los Salmos: "Si el Señor no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican" (Ps 127,1). La intención de estas palabras no es de apartarnos del esfuerzo por edificar, o de conseguir abandonar toda vigilancia y cuidado de la ciudad que es nuestra alma. Estaremos en lo correcto si decimos que un edificio es la obra de Dios más que del constructor, y que la salvaguardia de la ciudad ante un ataque enemigo es más obra de Dios que de los guardas.

Pero cuando hablamos así, damos por supuesto que el hombre tiene su parte en lo que se lleva a cabo, aunque lo atribuimos agradecidos a Dios que es quien nos da el éxito. De manera semejante, el hombre no es capaz de alcanzar por sí mismo su fin. Este sólo puede conseguirse con la ayuda de Dios, y así resulta ser verdadero, "que no es del que quiere ni del que corre". De la misma manera nosotros debíamos decir lo que se dice de la agricultura, según está escrito: "Yo planté, Apolos regó; mas Dios ha dado el crecimiento. Así que, ni el que planta es algo, ni el que riega; sino Dios, que da el crecimiento" (1Co 3,6-7). Cuando un campo produce cosechas buenas y ricas hasta su madurez, nadie afirmará piadosa y lógicamente que el granjero produjo los frutos, sino que reconocerá que han sido producidos por Dios; así también nuestra obra de perfección no madura por nuestro estar inactivos y ociosos, y, sin embargo, no conseguiremos la perfección por nuestra propia actividad.
Dios es el agente principal para llevarla a cabo. Podemos explicarlo con un ejemplo tomado de la navegación. En una navegación feliz, la parte que depende de la pericia del piloto es muy pequeña comparada con los influjos de los vientos, del tiempo, de la visibilidad de las estrellas, etc. Los mismos pilotos de ordinario no se atreven a atribuir a su propia diligencia la seguridad del barco, sino que lo atribuyen todo a Dios. Esto no quiere decir que no hayan hecho su contribución; pero la providencia juega un papel infinitamente mayor que la pericia humana. Algo semejante sucede con nuestra salvación, donde lo que Dios hace es infinitamente más grande que lo que hacemos nosotros y, pienso, que por eso se dijo: "No depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia". Porque en la manera que ellos tienen de explicarlo, los mandamientos son superfluos y en vano Pablo culpa a los que se apartan de la verdad y alaba a los que permanecen en la fe, ni hay ningún propósito en dar ciertos preceptos e instrucciones a las iglesias si fuera vano desear y luchar por el bien. Pero es cierto que estas cosas no se hacen en vano y también que los apóstoles no dieron instrucciones en vano, ni el Señor leyes sin razón. (Orígenes. Tratado sobre los Principios, 3118-18)

-oOo-

Orígenes cita un maravilloso misterio: “nuestra obra de perfección no madura por nuestro estar inactivos y ociosos, y, sin embargo, no conseguiremos la perfección por nuestra propia actividad”. Sin Dios nada podemos, pero al mismo tiempo Dios no hará nada contra nuestra voluntad.

Esta frase delimita el maravilloso equilibrio que el cristiano debe hacer suyo durante su vida y que la célebre frase monacal, expresa tan bien: “A Dios rogando y con el mazo dando”. No esperemos ser nosotros quienes salvemos al mundo o a la Iglesia, pero no por ello debemos instalarnos en la comodidad de la pasividad e indiferencia.

Ciertamente, el verano es propicio para relajarse en todos los sentido. En la sociedad de las prisas, tener de repente tiempo libre nos aturde y nos hace caer en la pasividad y la melancolía. Sobre todo si el fuerte calor entra a formar parte de lo cotidiano. Descansar es maravilloso, pero que el descanso no se extienda hasta nuestro compromiso cristiano. El verano es un tiempo especialmente propicio para aumentar nuestra capacidad de sacrificio.

viernes, 1 de julio de 2011

El Sagrado Corazón de Jesús, rostro de Dios y limpieza de corazón

[Santa Catalina oyó que Dios decía:] En el último día del juicio, cuando el Verbo, mi Hijo, revestido de mi majestad, vendrá a juzgar al mundo con su poder divino, no vendrá como pobre y miserable tal como se presentó cuando nació del seno de la Virgen, en un establo y en medio de animales, o tal como murió, entre dos ladrones. Entonces, en él mi poder estaba escondido; como hombre le dejé sufrir dolores y tormentos. No fue, en absoluto, que mi naturaleza divina se separara de la naturaleza humana, sino que le dejé sufrir como a hombre para expiar vuestras faltas. No, no es así que vendrá en el momento supremo: vendrá con todo su poder y con todo el esplendor de su propia persona.

A los justos les inspirará, al mismo tiempo que un temor respetuoso, un gran júbilo. No es que su rostro cambie: su rostro, en virtud de su naturaleza divina, es inmutable porque no es sino uno conmigo, y en virtud de la naturaleza humana su rostro es igualmente inmutable porque tiene asumida la gloria de la resurrección. A los ojos de los réprobos, aparecerá terrible, porque le verán con ese ojo de espanto y turbación que los pecadores llevan dentro de sí mismos. ¿No es lo mismo que ocurre con un ojo enfermo? Cuando brilla el sol no ve más que tinieblas, mientras que el ojo sano ve la luz. No es que la luz tenga algún defecto; no es que el sol cambie. El defecto está en el ojo ciego. Es así como los réprobos verán a mi Hijo: en la tiniebla, el odio y la confusión. Será por culpa de su propia enfermedad y no a causa de la majestad divina con la que mi Hijo aparecerá para juzgar al mundo. (Santa Catalina de Siena. El Diálogo, cap. 39)
-oOo-
No hace falta esperar al día del juicio para preguntarnos ¿Cómo vemos el rostro Dios cada uno de nosotros? ¿Qué les sucede a nuestros ojos? ¿No somos capaces de ver a Dios de forma clara?

Cuando hablo con ateos es frecuente que ellos lo pinten como algo innecesario y en todo caso sádico, desprovisto de lógica y hasta malo por naturaleza. Lo entienden como una pintura de nosotros mismos, que encima está hecha para asustar a quienes son “tan tontos” de acercarse a la Iglesia.

Pero ¿Cómo ver a Dios lo más objetivamente posible? Cristo nos da una pista maravillosa en las bienaventuranzas:

“Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8)

¿Pero podemos ver a Dios o no? ¿Cómo ver a Dios?

Y si alguien nos pregunta por qué está dicho: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8), nuestra posición, a mi juicio, se afirmará mucho más con esto, pues ¿qué otra cosa es ver a Dios con el corazón, sino entenderle y conocerle con la mente, según lo que antes hemos expuesto? En efecto, muchas veces los nombres de los miembros sensibles se refieren al alma, de modo que se dice que ve con los ojos del corazón esto es, que comprende algo intelectual con la facultad de la inteligencia. Así se dice también que oye con los oídos cuando advierte el sentido de la inteligencia más profunda. Así decimos que el alma se sirve de dientes cuando come, y que come el pan de vida que descendió del cielo(Orígenes de Alejandría. Los Principios)

Ver realmente a Dios es imposible. Para nosotros, ver a Dios es entender el sentido que tiene en nuestra vida. Pero todo entendimiento que tengamos de Dios está influenciado por nosotros mismos. Influenciado por “nuestra propia enfermedad” ocular, tal como Santa Catalina nos indica.

Si somos ciegos de entendimiento, no podremos ver a Dios. Si tenemos problemas en el entendimiento, lo veremos deformado según la misma deformación interior que tengamos cada cual. A veces la deformación es tal, que en nuestra desesperación buscamos “lentes” o prótesis externas para poder encontrar algún sentido en la distorsionada forma de entender que tenemos. Las lentes nos ayudan, nadie lo niega, pero no llegan transformar nuestra naturaleza. Nos permiten seguir adelante sin la debida y necesaria conversión. Las lentes son cómodas formas de no tener la necesidad de cambiar. Además, hay lentes que colorean y distorsionan a propósito lo que vemos. Hay que tener cuidado y reflexionar sobre estas ayudas que nos hacen dejar la conversión para más adelante.

Y ¿Qué tiene que ver todo esto con el Corazón de Jesús? Hoy es la fiesta en que hacemos memoria del Corazón de Cristo y es bueno entender qué a través de esta figura lo que vemos es al propio Cristo y a Dios.

El corazón de algo, es su parte más interna, la esencia de su propio ser. Ver el Corazón de Jesús es ver la naturaleza de Dios que se manifiesta ante nosotros en su expresión más clara y diáfana. Por lo tanto, no se trata de una fiesta segundaria de devoción emotiva. Esta celebración es una oportunidad que nos brinda Dios para la reflexión y la conversión.

Al menos para mí, esta celebración me mueve a reflexionar sobre la limpieza y naturaleza de mi corazón, ya que en la proporción de su transparencia y perfección, podré entender y admirar el Corazón de Jesús. También me lleva a reflexionar sobre las “lentes” que he elegido para paliar mis defectos “visuales” ¿Son adecuadas las lecturas, compromisos, sentimientos que albergo en mi corazón? ¿Necesito más oración y voluntad de dejarme en manos de Cristo?

En la eucaristía de hoy podríamos pedir a Dios que nos ayude a limpiar-convertir nuestro corazón. De esta forma no tendremos que buscar prótesis externas para ver-entender el rostro de Dios. Rostro de Dios que se nos presenta como el Corazón de Jesús.

Que el Sagrado Corazón nos ayude a limpiar y sanar nuestros corazones.

domingo, 11 de julio de 2010

La Iglesia perfecta


“Destruid este templo, y en tres días yo lo levantaré de nuevo.” (Jn 2,19) Ciertamente que el Señor era capaz de realizar miles de otros signos, pero como prueba de la autoridad “para hacer esto” (Jn 2,18) tenía que realizar este signo concreto: con ello daba respuesta a lo que tiene que ver con el templo, lo que no podían hacer otros signos que no se referirían a él. De todos modos, me parece que tanto el templo como el cuerpo de Jesús se tienen que interpretar como la figura de la Iglesia, dado que está edificada con “piedras vivas” que van “construyendo un templo espiritual dedicado a un sacerdocio santo” (1P 2,5); está edificada “sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular” (Ef 2,20), el auténtico templo.


Si, pues, se ve destruido la ensambladura armoniosa de las piedras del templo, ya que “vosotros formáis el cuerpo de Cristo y cada uno por su parte es un miembro” (1 Cor 12,27) y, como está escrito en el salmo 21, todos los huesos de Cristo están descoyuntados (Sal 21,15) por la vehemencia de las pruebas y tribulaciones y por aquellos que por la persecución atentan contra la unidad de la Iglesia, sin embargo, este templo será reconstruido y el cuerpo resucitará el tercer día después del día de la iniquidad que lo arrasó y después del día en que se cumplirán las promesas (cf 2P 3,3-10). Porque este tercer día verá un cielo nuevo y una tierra nueva (2P 3,13), cuando los huesos se pondrán en pie (cf Ez 37,10) en el gran día del Señor, cuando la muerte será vencida, cuando la resurrección de Cristo de entre los muertos, después de su pasión y muerte, se revelará como el misterio de la resurrección del cuerpo entero de la Iglesia. (Orígenes -hacia 185-253- presbítero y teólogo de la Iglesia Comentario al evangelio de Jn 10,20-23. PG 14, 369-386)


--oOo--

Cuando vivimos la Iglesia y no logramos recibir lo que buscamos ... es normal que nos sintamos decepcionados.

Esperamos encontrar un lugar donde descansar... y solo vemos un inmenso lugar donde trabajar día y noche. Buscamos que nos den esperanza... y no damos abasto dándola nosotros a los demás. Esperamos convivir en sintonía con otros hermanos... y tenemos que dedicarnos a tiempo completo a aminorar riñas y discensos. Esperamos encontrar a Dios frente a nosotros... y nunca perdemos de vista nuestras limitaciones e incapacidades.

Orígenes nos recuerda que no podemos esperar la perfección dentro de la Iglesia. Los miembros serán descoyuntados por las pruebas, tribulaciones y por la desunión.

Solo nos queda esperar al día después de la gran tribulación, ya que hasta ese día no poseeremos la verdadera y completa unión que tanto ansiamos. Nos toca trabajar, dar esperanza, crear unidad y desgastarnos en el empeño. ¿y qué nos queda para nosotros mismo? Buena pregunta...

«Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la salvará» (Mt 16,24-25)

Lo que realmente encontramos para nosotros mismos es un sentido común con todo lo creado. un sentido que excede nuestras necesidades e imperfecciones humanas y nos da significado más allá de nuestra propia naturaleza. Un sentido que nos hace transcender más allá de nosotros mismos, nuestras necesidades, placeres y gustos. Justo todo lo contrario de lo que sociedad nos vende como objetivos deseables para el ser humano del siglo XXI. Simplemente, Cristo nos invita a compartir su destino de manera material y sobrenatural:

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre."
Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm. Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: "Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?" (Jn 6,54-60)

--oOo--

Señor no permitas que nos sintamos abatidos y desesperanzados.
Una sola palabra tuya bastará para sanarnos.
Ven pronto Señor – Marana-thá
Amén

jueves, 17 de junio de 2010

La naturaleza de Dios no es visible.

La naturaleza de Dios no es, como algunos creen, visible para unos e invisible para otros, pues no dice el apóstol "la imagen de Dios invisible" para los hombres o invisible para los pecadores, sino que con gran firmeza hace una declaración sobre la misma naturaleza de Dios diciendo: "imagen del Dios invisible".

Asimismo, Juan en su Evangelio, al decir que "a Dios nadie le vio jamás" (Jn. 1,18), declara manifiestamente a todos los que son capaces de entender, que no hay ninguna naturaleza para la cual Dios sea visible; y no porque, siendo visible por naturaleza escape y exceda a la visión de la criatura demasiado frágil, sino porque es naturalmente imposible que sea visto. Y si me preguntaras cuál es mi opinión del mismo Unigénito y dijere que tampoco para Él es visible la naturaleza de Dios, que es naturalmente invisible, no te apresures a juzgar esta respuesta impía o absurda. En seguida te diré la razón.

Una cosa es ver y otra conocer; ser visto y ver son cosas propias de los cuerpos; ser conocido y conocer es propio de la naturaleza intelectual. Por consiguiente, lo que es propio de los cuerpos no se ha de pensar del Padre ni del Hijo. En cambio, lo que pertenece a la naturaleza de la deidad es común al Padre y al Hijo (constat ínter Patrem et Filium). Finalmente, tampoco Él mismo dijo en el Evangelio que nadie vio al Padre, sino el Hijo, ni al Hijo sino el Padre, sino que dice: "Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, y nadie conoce al Padre, sino el Hijo" (Mt 11,27). Con esto se indica claramente que lo que entre naturalezas corpóreas se llama ser visto y ver, entre el Padre y el Hijo se llama conocer y ser conocido, por la facultad del conocimiento, y no por la fragilidad de la visualidad. Por consiguiente, como de la naturaleza incorpórea e invisible no se dice propiamente que ve ni que es vista, por eso no se dice en el Evangelio que el Padre es visto por el Hijo, ni el Hijo por el Padre, sino que son conocidos.

Y si alguien nos pregunta por qué está dicho: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8), nuestra posición, a mi juicio, se afirmará mucho más con esto, pues ¿qué otra cosa es ver a Dios con el corazón, sino entenderle y conocerle con la mente, según lo que antes hemos expuesto? En efecto, muchas veces los nombres de los miembros sensibles se refieren al alma, de modo que se dice que ve con los ojos del corazón esto es, que comprende algo intelectual con la facultad de la inteligencia. Así se dice también que oye con los oídos cuando advierte el sentido de la inteligencia más profunda. Así decimos que el alma se sirve de dientes cuando come, y que come el pan de vida que descendió del cielo.(Orígenes de Alejandría. Los Principios)

--oOo--

Es imposible ver a Dios de forma física, medirlo o analizarlo en una probeta. Orígenes lo tenía absolutamente claro.

Cabría preguntarse si es posible conocer algo sin verlo. La ciencia nos demuestra que esto es totalmente posible. Por ejemplo, se conocen la estructura interna del átomo o que las partículas elementales poseen una doble naturaleza (onda y corpúsculo) sin que podamos llegar a verlas.

¿Cómo conocer a Dios entonces? Veni Creatur Spiritus... Tenemos que rogar para que el Espíritu Santo haga aparecer en nosotros los Dones necesarios. Sin el Espíritu Santo, no podemos ir más allá de crear hipótesis, más o menos aceptables, que nunca podrán ser comprobadas. Dios se refleja en las analogías y en los paradigmas de la naturaleza. Dios se revela por medio de nuestra naturaleza y por medio de la sacralidad. Dios aparece en nosotros mismos evidenciamos que somos imagen suya.

Pero no podemos partir de que nosotros mismos nos bastamos para conocerle. Tenemos que buscar la limpieza de corazón necesaria para "ver a Dios" en todo lo que nos rodea y en nuestros hermanos. Esta pureza tampoco es algo que podamos conseguir por nosotros mismos. Sin el Don de Dios, trabajaremos años sin llegar más allá de los primeros pasos.

Sin humildad no hay conocimiento de Dios. Sin paciencia y confianza, el camino será imposible de seguir. Sin valentía y tesón, nunca nos pondremos en camino.

--oOo--

Señor envíanos la Luz de tu Espíritu. Amén

sábado, 20 de febrero de 2010

El sentido espiritual (y III)


"Que hay ciertas economías místicas indicadas en la Escritura, es admitido por todos, pienso que hasta por el más simple de los creyentes. Pero ¿cuáles son, de qué clase, quién es intelectualmente recto, no vencido por el vicio de la jactancia, sino que escrupulosamente reconocerá que es un ignorante? Ya que si alguien, por ejemplo, aduce el caso de las hijas de Lot, que parecen, contrariamente a la ley de Dios, haber copulado con su padre; o las dos mujeres de Abrahán, o las dos hermanas que estuvieron casadas con Jacob, o de las dos criadas quien aumentaron el número de sus hijos, ¿qué otra respuesta podría ofrecérsele, sino que estos eran ciertos misterios y formas de cosas espirituales, pero que somos ignorantes de qué naturaleza son?

Incluso cuando leemos de la construcción del tabernáculo, consideramos cierto que las descripciones escritas son figuras de ciertas cosas ocultas; pero adaptar estas a sus normas apropiadas, y abrir y discutir cada punto individual, pienso que es sumamente difícil, por no decir imposible. Que esta descripción, sin embargo, esté llena de misterios no escapa ni al entendimiento común. Pero toda la parte de narrativa, relacionando con los matrimonios, o con el engendramiento de hijos, o las batallas de clases diferentes, o cualquier otra historia, ¿qué otra cosa además se puede suponer salvo formas y figuras de cosas ocultas y sagradas?

Como el hombre hace muy poco esfuerzo en ejercitar su intelecto, o imagina que tiene el conocimiento antes de aprenderlo realmente, la consecuencia es que nunca comienza a tener conocimiento; o si no hubiera carencia de deseo, al menos de un instructor, y si se buscara el conocimiento divino, como debería ser, en espíritu religioso y santo, y con la esperanza de que muchos puntos serán abiertos por la revelación de Dios -ya que al sentido humano ellos son sumamente difíciles y oscuros- entonces, quizás, quien busca de tal manera encontrará lo que es permitido descubrir." (Orígenes, De principis)

--oOo--

La mística necesita de la Fe y la Fe busca comprender. Por eso Orígenes indica claramente la existencia de “economías místicas” dentro de las sagradas escrituras. Para encontrar y comprender estas economías es necesario el intelecto, además de otras herramientas. Pero, como indica Orígenes, el ser humano está poco predispuesto a ejercitar su intelecto. Para suplir esta deficiencia, buscamos medias verdades que nos provean de respuestas fáciles y que, a ser posible, no nos involucren en nuestro propio aprendizaje.

Evidentemente, el intelecto no es algo a desechar. Todo lo contrario. Es una herramienta indispensable donada por el Creador para que podamos conocer, comparar y discernir. Dicho esto, también es imprescindible señalar que el intelecto que no puede ser la única herramienta empleada, ni ser desechado algo inútil o malévolo. El intelecto debe desarrollarse en igualdad con la emotividad y la praxis para que podamos vivir en armonía interna y externa. Armonía, que es el estado que obtenemos cuando la proporción de elementos es la adecuada para que se produzca belleza. Belleza teológica y estética que nos permite ser símbolo de Dios en la tierra.

Si despreciamos el intelecto o la emotividad o la acción, desechamos toda posibilidad de armonía interna y externa. En el mejor caso, solo podremos luchar por obtener la paz por medio del vacío. Aunque parezca evidente, una vez roto el equilibrio no es fácil entender que armonía y vacío no son lo mismo. La lucha interna que conlleva el desequilibrio, solo encuentra paz en el vacío y es normal que se entienda como la meta a la que estamos destinados.

Las sagradas escrituras no pueden entenderse únicamente a base de emotividad o de recitarlas tal cual están escritas. Es necesario conocer, comparar y discernir, para entender lo que Dios nos comunica a través de ellas. Al mismo tiempo que se discierne, hay que sentir lo que está escrito y hacer acción y voluntad la revelación divina.

--oOo--

Espíritu Santo, dador de Ciencia por la cual se conoce la vanidad del mundo, abre nuestras mentes al conocimiento de Dios, a fin de que conozcamos nuestros pecados para detestarlos, nuestros deberes para cumplirlos, nuestros defectos para corregirlos, las vanidades de la tierra para menospreciarlas y las grandezas del cielo para desearlas.
Amén.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Veni Creator Spiritus


Sin embargo, parece apropiado preguntarse por qué cuando un hombre viene a renacer para la salvación que viene de Dios hay necesidad de invocar al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, de suerte que no quedaría asegurada su salvación sin la cooperación de toda la Trinidad; y por qué es imposible participar del Padre o del Hijo sin el Espíritu Santo. Para contestar esto será necesario, sin duda, definir las particulares operaciones del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. En mi opinión, las operaciones del Padre y del Hijo se extienden no sólo a los santos, sino también a los pecadores, y no sólo a los hombres racionales, sino también a los animales y a las cosas inanimadas; es decir, a todo lo que tiene existencia. Pero la operación del Espíritu Santo de ninguna manera alcanza a las cosas inanimadas, ni a los animales que no tienen habla; ni siquiera puede discernirse en los que, aunque dotados de razón, se entregan a la maldad y no están orientados hacia las cosas mejores. En suma, la acción del Espíritu Santo está limitada a los que se van orientando hacia las cosas mejores y andan en los caminos de Cristo Jesús, a saber, los que se ocupan de las buenas obras y permanecen en Dios. (Orígenes – De Principis, 1305)

Hace unos días reflexionaba sobre el adviento y me convencía de que en este tiempo deberíamos rogar a Dios para que derrame su gracia sobre nosotros. Esperamos la Navidad y esta espera supone más que una conmemoración histórica, costumbrista o incluso tradicional. La Navidad es la esperanza de que Cristo nazca de nuevo y que lo haga dentro de nosotros y de todos los seres humanos. Pero... ¿Cómo nace en nosotros Cristo?

Para responderme esta pregunta recordaba los siete dones del Espíritu Santo y lo necesitados que estamos de ellos [1]:

Temor de Dios, que no es miedo. Es asombro, respeto y adoración. Sin temor de Dios estamos a merced de creernos con capacidad de caminar por nosotros mismos. Pero sin la gracia de Dios nada podemos hacer. Roguemos para que junto con Cristo, nazca en nosotros este temor tan olvidado en el soberbio mundo en que vivimos.

Fortaleza, que no es fuerza física. Es la fuerza de Dios que se manifiesta por medio nuestra. Sin fortaleza no somos más que títeres guiados por las imposiciones sociales.

Piedad. Es la capacidad de reconocernos como adoradores activos de Dios. Ser capaces de orar a Dios más allá de nuestras necesidades personales. Es la necesidad entender la vida como hecho sagrado que se hace oración en cada acción o inacción.

Consejo. El consejo no es una simple opinión o idea particular; es la transmisión directa de la gracia de Dios a quienes necesitan ayuda en su camino. Comunicar a Dios es un Don y una inmensa responsabilidad.

Entendimiento. Capacidad de introducirnos en la Verdad y recibir de Ella comprensión de la revelación de Dios. Sin entendimiento andaríamos ciegos por este mundo.

Ciencia. En este caso el Don es más que simple entendimiento; es capacidad de relacionar la Verdad, ser capaces de discernir el Orden de Dios y reconocer las causas segundas. Mediante la ciencia seremos capaces de ver a Dios por medio de todo lo creado.

Sabiduría. Es la cumbre de los Dones del Espíritu. Capacidad de vivir en equilibrio con los Dones antes descritos. Sabemos que la sabiduría es verdadera cuando lleve implícita el amor. El Don de Sabiduría conduce al alma a llenarse y rodearse de Dios. El conocimiento simbólico se convierte en conocimiento real que conlleva la adoración a Dios. Entonces el símbolo se funde con la Verdad y se revela como Dios con nosotros: Emmanuel.

Lo que es evidente, tal como indica Orígenes, "la acción del Espíritu Santo está limitada a los que se van orientando hacia las cosas mejores y andan en los caminos de Cristo Jesús, a saber, los que se ocupan de las buenas obras y permanecen en Dios". Que el Espíritu de Dios haga renacer la gracia de nuestro bautismo, en este adviento que se nos ofrece.



Ven, Espíritu Creador,
visita las almas de tus fíeles
y llena de la divina gracia los corazones,
que Tú mismo creaste.

Tú eres nuestro Consolador,
don de Dios Altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú, el dedo de la mano de Dios;
Tú, el prometido del Padre;
Tú, que pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.

Enciende con tu luz nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros corazones;
y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra débil carne,

Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz,
sé Tú mismo nuestro guía,
y puestos bajo tu dirección,
evitaremos todo lo nocivo.

Por Ti conozcamos al Padre,
y también al Hijo;
y que en Ti, Espíritu de entrambos,
creamos en todo tiempo.,

Gloria a Dios Padre,
y al Hijo que resucitó,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos infinitos.

Amén.

[1] Para profundizar en lo que significan los dones de Espíritu recomiendo este texto: PULSA

domingo, 7 de junio de 2009

Sacramentos laicos

Este viernes pasado leí un artículo de opinión publicado en el diario español “El Mundo”: Laicos sacramentos, que pueden leerlo pulsando sobre le título antes referido .

El autor reclama la institución de sacramentos laicos a la imagen de los cristianos para ser celebrados por quienes no tienen fe. Así mismo, pide que la Iglesia abra sus templos para celebrar estos sacramentos laicos porque “Ellos tienen el marco incomparable y la liturgia: alfombras, cirios, ropones, músicas apropiadas y la epístola de San Pablo”. Adicionalmente indica que estas celebraciones litúrgicas sacramentales laicas son una conquista de los laicos.

Leyendo el artículo me dí cuenta del la tremenda ignorancia que acumula nuestra sociedad, que se dice de raíces cristianas.

Para describir qué es un sacramento utilizaré como referencia el libro “Los sacramentos, símbolos del espíritu” escrito por Josep M Rovira Belloso.

Podemos empezar por su propio nombre. Sacramento proviene de la unión de la palabra sacrum al sufijo –mentum. Este sufijo significa medio, instrumento. Por lo tanto nos daría que un sacramento es un medio o instrumento sagrado. Si sabemos que la sacralidad es el camino que nos comunica con Dios, los sacramentos serían los medios o instrumentos que ejecutan o posibilitan esta unión.

Para los primeros Padres de la Iglesia, los sacramentos se denominaban “Mysteriom”, misterios en el sentido de lo que excede nuestra capacidad de compresión. Todavía los denominan de esta forma nuestros hermanos ortodoxos. Decía Orígenes que “Todo lo que nos llega (por parte de Dios), nos llega como misterio” [1]. Misterio que se revela como signo, que nos da noticia del símbolo implícito que une la realidad cotidiana con la divinidad, con Dios.

Orígenes nos dice que “La ley del “Mysterion” es la del descenso de lo invisible a lo visible, de lo eterno a lo contingente, como si el Logos eterno se hiciese sensible a través de la voz que resuena: ‘A través de la misma voz se entregan al alma dos cosas a la vez: la letra y el espíritu’.

En el tratado sobre los Sacramentos de San Ambrosio de Milán podemos ver como constantemente une las escrituras con la liturgia de los sacramentos; como si una fuera reflejo de la otra y viceversa. Para el, las acciones y signos que se muestran en la liturgia sacramental son símbolos de la palabra de Dios encarnada y revelada por medio de las escrituras. Sacramento y escritura forman una unidad indisoluble que sacraliza y consagra a quienes participan conscientemente.

Para San Ireneo de Lyon los sacramentos cristianos provienen del designio divino de salvación. Los sacramentos son la divina dispensación -oikoiomia- en la cual el don invisible de Dios desciende, se hace presente y se manifiesta comunicándose a los seres humanos mediante signos visibles.

Entonces ¿Qué sentido tiene un sacramento laico? Después de lo explicado este invento de la “progresía contemporánea” es absurdo desde todo punto de vista.
¿Qué sentido tiene que la Iglesia permita que en sus templos se desarrollen ceremonias pseudosacramentales laicas, como el autor del artículo pide? No tiene ningún sentido, ya que para quienes puedan asistir a estos actos el simbolismo y sacralidad del templo es un simple decorado que da prestancia a un acto sin sentido.

En resumen: vacuidad. Las apariencias aparecen como fines y por eso es necesario que existan independientemente de que estén justificadas o no. Búsqueda de lo que nos falta sin aceptar el compromiso que viene adjunto. Incultura e ignorancia reclamadas como derechos y defendidas como conquistas.

Que Dios nos ayude a enderezar esta sociedad.

[1] Corpus Berolinense, 6-314.
[2] In Psalmum 76, 19
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...